A la Vega del Urriellu- Naranjo de Bulnes PICOS DE EUROPA 1


En varias visitas anteriores a los Picos de Europa, nunca habíamos podido alcanzar la base de esta montaña mítica de los Picos, el Naranjo de Bulnes, o Picu Urriellu. Varias veces habíamos planeado llegar hasta el refugio de la Vega del Urriellu, pero la gran cantidad de nieve y el riesgo de aludes nos lo habían impedido.

Estamos en Asturias.


En diciembre de 2011, la ocasión parecía más favorable. Aunque había nevado 2 días antes, la acumulación de nieve era escasa. Llamamos por teléfono a Tomás, el encargado del refugio de la Vega del Urriellu y nos informó que el camino estaba perfectamente accesible para caminar, con sólo 30 cm de nieve en muy buen estado, sin hielo.
Viendo que hacía un día precioso, para arriba nos fuimos. La ruta elegida era por Collado Pandébano, en la zona de Sotres (Asturias).

Acceso a Collado Pandébano

Desde Arenas de Cabrales emprendimos carretera hacia Sotres, y en la famosa curvona nos desviamos hacia los invernales del Texu, a donde llegamos en coche para acortar la distancia a recorrer caminando, puesto que los días son cortos en diciembre, y no disponíamos de demasiadas horas de margen para regresar con luz.

Empieza la caminata montañera. A la montaña mítica de los Picos de Europa, el Urriellu

De los invernales del Texu, nos dirigimos al Collado Pandébano.

Mirando hacia delante, ya empezamos a ver el Pico Urriellu

Un poco más arriba, volvemos a mirar atrás, ya hemos subido un buen desnivel

Allá al fondo divisamos la aldea de Bulnes, desde donde también se puede enlazar con esta ruta. A Bulnes habíamos subido en otra ocasión.
Pasamos por la Majada de la Terenosa

Esta zona estaba muy resbaladiza, con mucho hielo hasta Collado Vallejo. Por este motivo, la mayoría de gente que nos encontramos por el camino, no consiguieron subir más arriba.
Otra vista del valle, con Bulnes al fondo.

Nosotros seguimos subiendo por un camino que no tiene pérdida.
Por fin la nieve se ablanda y podemos caminar más cómodamente.
Cada vez tenemos el Picu más cerca, ¡qué emoción!

Como vemos en la foto, los días son tan cortos en diciembre, que incluso a mediodía hay sombra en la cara norte de las montañas.

Unos rebecos que nos encontramos de camino

Si algo diferencia a los Picos de Europa de otras montañas, aparte de su forma picuda, es su cercanía al mar, regalándonos la espectacularidad de estar en un paisaje de montaña y ver el mar al fondo.

El zig-zag de los últimos tramos se hace durillo

Continuamos subiendo. Cada vez más cerca de cumplir el sueño

La pendiente que hemos subido es pronunciada al final. Con nieve se hace más duro subir.

Alcanzamos la Vega del Urriellu

¡Lo conseguimos! Un sueño cumplido, pendiente de hacía tiempo. Llegamos al lado de esa montaña tan especial. Una pared vertical de enorme dificultad de escalada para llegar a la cima del pico.
Instantes que quedan inmortalizados para el recuerdo.

Un sol precioso cuando llegamos, y una temperatura agradable a pesar de estar en diciembre, por lo que pudimos disfrutar de unos momentos al aire libre.
Al poco tiempo se empezó a levantar viento y bajó la temperatura. Entramos en el refugio a tomar algo caliente y charlar con Tomás, el encargado del refugio, quien nos comentó las dificultades del invierno. Nos contó que hace años mantenía el refugio abierto todo el año, pero ahora cierra en los meses de invierno. También nos explicó lo difícil que es subir alimentos y cualquier producto hasta el refugio, que lo tiene que cargar él o llevarlo en mulo.
Yo le pregunté si recibe a muchos extranjeros por allí, y me contestó que más cada vez, que el año pasado recibió a excursionistas de más de 20 países, entre ellos chinos, japoneses e incluso un neozelandés. Me pareció realmente llamativo que, con los paisajes tan espectaculares de Aotearoa y la maravilla de los Alpes neocelandeses, un neozelandés tenga interés en conocer los Picos de Europa. Por algo será, realmente los Picos tienen algo especial, no es sólo paisaje, es también la forma de vida de sus gentes, de los pastores….

Apenas una hora pudimos permanecer allí porque pronto se iba a hacer de noche. Emprendimos el regreso, ahora todo descendente.

La sombra se iba apoderando de la montaña, y llegamos a Collado Pandébano casi anocheciendo

Para cenar:

La Taberna del Pindal, en Arenas de Cabrales.

 

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