Safari en Bardia por la jungla de Nepal NEPAL - BARDIA


Durante dos días de safari en Bardia exploramos este Parque Nacional de Nepal compuesto mayoritariamente por bosque, por jungla espesa de diversos árboles altos, mientras que la sabana ocupa una superficie muy reducida. Nos vamos a buscar tigres, y si no los encontramos nos conformaremos con rinocerontes o elefantes.

Primer día de safari en Bardia

A las 6 am nos han citado para desayunar porque a continuación comenzamos nuestro primer safari por el Parque Nacional Bardia. Junto a una pareja de daneses, el guía y el chófer nos montamos en un robusto 4×4 para recorrer esta jungla del sudoeste de Nepal en busca de los animales salvajes que la habitan. Comienza a amanecer cuando nos internamos en los caminos del Parque Nacional sólo aptos para todoterreno.

Amanecer en el Parque Nacional Bardia

Nos han comentado que la época idónea para visitar el parque se extiende de octubre a abril, puesto que las lluvias monzónicas del verano dejan intransitables los caminos. El río Ghaghara ejerce de frontera entre el territorio humano y el territorio salvaje.

Es llamativa la diferencia de temperaturas entre la jungla y la sabana. Entre los árboles se nota frescor todo el día, incluso frío por las mañanas. En cambio, en la sabana castiga el sol y el calor resulta sofocante.

 

Este hábitat alberga numerosas especies de fauna: insectos y aves entre ellos. Pero sobre todo son los grandes mamíferos los más codiciados. Leopardos, rinocerontes o elefantes también se pueden ver en África. Lo más diferencial son los tigres de Bengala, especie que sólo habita en pocos lugares del planeta. En Bardia se han contabilizado 84 ejemplares de tigres.

Quienes viven aquí sienten orgullo por poder mostrar a los turistas la fauna con la que han convivido generación tras generación, que les ha hecho difícil la vida muchas veces, pero que ahora quieren defender su lado salvaje.

Bosque en el Parque Nacional Bardia

Al internarnos en la jungla comenzamos a avistar ciervos y monos. Escuchamos los sonidos de numerosas aves que se ocultan entre el follaje, aunque lo que nosotros buscamos son rinos y tigres. Es muy muy difícil ver tigres. Sin embargo, el fino oído de nuestro guía comienza a distinguir sus rugidos. Durante un buen rato tratamos de buscarlo, en jeep o a pie, pero no logramos encontrarlo a pesar de escuchar sus sonidos bastante cerca.

Nos acercamos también a un río, el cual cruzamos descalzos porque algún animal había movido las ramas en la otra orilla, pero tampoco logramos ver nada.

Ciervos en el Parque Nacional Bardia

A Bardia hay que ir cargado de mucha paciencia. La fauna es escasa, y la frondosa vegetación dificulta los avistamientos. No es lugar para impacientes. A veces hay que detenerse a escuchar los sonidos de la selva. Resulta inquietante cuando oyes un sonido diferente, notando si se acerca o se aleja. Hay que fijarse también en los detalles, en los pequeños bichitos que pasean por las hojas de los árboles. Es todo un ecosistema natural donde cada individuo, por pequeño que sea, juega su papel, imprescindible para la supervivencia de los demás.

Trabajo en equipo. Hormigas transportando a su víctima

Nos bajamos varias veces del jeep para adentrarnos en senderos más estrechos, o para escondernos en puntos de observación frente al río. Te sientes como Tarzán. Se supone que los animales, en algún momento del día, necesitarán beber y se aproximarán al río. Pero no sabes cuándo va a ocurrir. Hay que saber esperar.

Vadeando ríos en el Parque Nacional Bardia

O atravesando la jungla

En jeep por la jungla de Bardia

Otras veces vamos a pie por la jungla de Bardia

Después de comer de picnic en una de las torres de observación del parque reemprendemos la marcha siguiendo la misma tónica. Un rato en jeep, otro a pie, momentos de observación……… Puede resultar frustrante estar todo el día en el Parque Nacional Bardia, ya que las posibilidades de éxito no están aseguradas. Son muchas horas en acción, de sol a sol, de 6:30 am a 6:00 pm, muchos kilómetros por pistas de tierra que destrozan la espalda, muchos momentos de paciente espera para intentar avistar alguno de los 84 tigres, 34 rinocerontes o 100 elefantes que se han contabilizado en el parque.

Vista desde una de las torres de observación del Parque Bardiya

Los bosques de Bardia

Pequeños bichitos en el PN Bardia

Nuestro primer día de safari en Bardia se ha saldado con unos cuantos ciervos, varios monos, una serpiente, un pavo real, montones de insectos y pájaros, un elefante montado por un nativo, y un red-hornbill, un ave muy escasa que es incluso más difícil de ver que los tigres………… pero tigres, ni uno.

Los turistas de otro coche nos enseñaban las fotos de un tigre que vieron justo en el camino y al cual siguieron varios minutos con el jeep hasta que se internó en la frondosidad de la jungla. Qué suerte.

Monos en los bosques de Bardia

Ha sido un día agotador, pero que termina con una bonita puesta de sol y una sabrosa cena: sopa de champiñones, pollo frito con verduras y patatas, natillas y fruta.

Atardecer en Bardia

 

Segundo día de safari en Bardia

Bardia es una experiencia de murmullos. Te pasas el día escondiéndote en silencio para que los animales no perciban tu presencia. Hay tan pocos animales y se camuflan tanto en la jungla que, cuando ves uno, incluso le coges cariño y lo consideras un poco tuyo. Durante unos minutos pertenece a tu mirada.

Charca en Bardia

Ocurrió el segundo día de safari en Bardia. Estábamos ocultos en uno de los puntos de observación cuando apareció un rinoceronte caminando hacia el río. Se detuvo a beber y siguió caminando por el escaso espacio abierto de sabana para internarse de nuevo en el bosque. Había visto rinocerontes antes, incluso muy cerca, como en el Parque Hlane en Swazilandia, donde los tuve a sólo 2 metros, permaneciendo de pie junto a ellos. En Bardia es diferente. Los observas desde larga distancia. Sin embargo, la experiencia resulta excitante debido a las bajas probabilidades de avistarlos. Sólo hay 34 rinocerontes en un área de 900 Km. Entonces, te dedicas a desmenuzar todos sus movimientos  y no apartas la vista del animal hasta que se pierde en la espesura de la jungla. Sientes el privilegio de estar en un sitio así, donde sólo la fortuna y la paciencia permiten participar en esta escena de la naturaleza.

De safari en Bardia: Rinoceronte de la jungla nepalí

Tiempo después aparece un jabalí realizando similar maniobra. Se acerca a beber al río, cruza la hierba y se refugia en el bosque. Al poco, una pareja de ciervos sedientos también se anima a beber, permaneciendo bastante tiempo en terreno descubierto………..”comida para tigre” anuncia el guía.

Nadie tiene miedo a los tigres en Bardia. Nunca atacan a los humanos, sino que huyen de nosotros. Muchas veces nos bajamos del coche para caminar siguiendo sus huellas, sin más armas que nuestra presencia y nuestra mirada.

En cambio, los habitantes de Bardia sí que temen a los elefantes. Estos gigantes se enfrentan al hombre si se sienten amenazados. Por eso, elefantes y habitantes de las tierras bajas nepalís han tenido históricamente una relación de amor-odio. No es agradable ver a los elefantes encadenados. Hasta hace poco tiempo eran montados por turistas para adentrarse en la jungla. Ahora el gobierno nepalí ha prohibido esta actividad en Bardia. Tradicionalmente los elefantes eran domesticados para emplearlos como medio de transporte, como animales de carga, o como modo de llegar a lugares que no se podrían alcanzar de otra forma, por ejemplo para rescatar a personas en caso de inundaciones. Nos contaban que los mantienen encadenados porque se han vuelto agresivos. Cuando han intentado soltarlos para que viviesen libres en la jungla, estaban tan domesticados que ya no sabían vivir en estado salvaje. Volvían al pueblo y destrozaban casas y cosechas, e incluso han matado a gente. Es duro verlos así, pero hay que entender los vínculos de los animales con los habitantes del lugar.

Durante los dos días de safari se repite la misma rutina. Horas de conducción en jeep, horas de observación en los escondrijos………y mucha paciencia. Tienes tiempo para fijarte cómo las hormigas forman hileras transportando materiales, en las coreografías de grupos de mariposas en torno a las hojas, cómo trepan por los troncos pequeños insectos de todos los colores, o contemplando el color de pequeñas florecillas que asoman tímidamente para no romper la uniformidad del homogéneo verde. Todo ello perfumado por una flor que abre por la noche y conocen como queen of the night.

Safari en Bardia: ciervos

Estábamos ya quemando los últimos cartuchos cuando otro coche nos alerta por teléfono de la presencia de un tigre persiguiendo ciervos al lado del río. Zumbando salimos para allá. Parecía que el jeep iba a desmoronarse por el camino. El tigre resultó ser una manchita difuminada a lo lejos. Se alejaba río arriba mientras que unos ciervos se acercaban hacia nosotros. Qué chasco!

De safari en Bardia

Bardia es intuir más que ver. Persigues huellas que te permiten componer escenas de las que no conocerás el final. Es pasarte el día viviendo una historia de continua intriga.

Monos en Bardia

En Bardia ha construido el gobierno nepalí un centro de recuperación de cocodrilos, el cual se puede visitar. Tratan de alimentar a las crías y hacerlas crecer para después introducirlas al medio salvaje y aumentar la población de especies en peligro de extinción.

Cocodrilos en Bardia

Esa noche nos tocó cenar Dal Bhat.

Puesta de sol en Bardia

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Nepal Trek EBC 2017: Everest y Bardia

 

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