Swazilandia – Hlane. Cara a cara con los rinocerontes Parque Nacional Hlane. Swazilandia 2


Swazilandia se cruzaba en nuestro camino entre Santa Lucía (en la costa del Indico de Sudáfrica) y el Parque Kruger. La larga distancia entre ambos puntos nos animó a quedarnos una noche en Swazilancia. El lugar elegido, Hlane National Park. Realmente, los atractivos de Swazilandia son más bien escasos, y no pienso que justifique una visita a propósito. Pero, ya que pasamos por ahí, vamos a conocer los rinocerontes de Hlane. Porque, lo bueno es poder acercarte a ellos caminando y tenerlos cara a cara.

Rumbo a Hlane National Park desde Santa Lucía

Nos aburría el insulso paisaje de llano relieve que veíamos desde el coche. Nos dirigíamos hacia el norte de Sudáfrica, hacia la frontera de Golela/Lavumisa. Las extensas plantaciones de eucaliptos que crecen altos y enclenques, o los campos verdísimos de caña de azúcar, dejan paso de vez en cuando a bosquecillos poco densos de árboles nativos, que apenas levantan pocos metros del suelo. Entre ellos, se escondía algún lodge.

Más al norte, muy cerca de Mozambique, las pequeñas montañas de Lebombo enmarcan un lago, el Jozini Dam. Territorios solitarios, sin poblaciones, carreteras de escaso tráfico.

Más bonito es el paisaje cerca de la frontera con Swazilandia. Las redondeadas lomas recubiertas de árboles caducifolios y perennes componen un bonito contraste de anaranjados y verdes.

Los trámites migratorios marcharon rapidísimos, sorprendiéndonos del moderno y flamante puesto aduanero suazi. Y, ya estábamos en Suazilandia!!

Monótono, llano y deshabitado paisaje. Buena y recta carretera. Se palpaba la extrema miseria. Casas que no eran más que pequeñas chozas. Niños trabajando en el campo, cuidando del ganado o cortando leña. Hay que buscarse el sustento en un país en el que la esperanza de vida no supera los 50 años.

Pronto comenzaban los campos de caña de azúcar, o alguno de girasoles. También algunas fábricas malolientes de destilación de caña. Prevenir la contaminación no preocupa en el Tercer mundo.

Nuestro viaje por el centro de este pequeño país en dirección a Hlane proseguía entre pequeños poblados, pequeños árboles, vacas cruzándose, y las montañas de Lebombo al oeste, que separan de Mozambique. Y algún auténtico paso de cebras………….ellas tenían preferencia.

Hlane Royal National Park

En Hlane Royal National Park íbamos a pasar la noche, una reserva de fauna de tamaño muy reducido. Nuestra cabaña, reservada un par de semanas antes mediante la web del parque, era lo suficiente espaciosa y bastante agradable. Aparcar a su vera resultaba cómodo. No disponer de electricidad no suponía mayor problema, se solucionaba con la luz de los candiles y el frigorífico que enfriaba con gas. Varias ventanas miraban al Ndolovu Camp, entre árboles.

En los últimos momentos de la tarde nos lanzamos a recorrer los caminos del parque, aptos para coches bajos. Nos cruzamos con muchos impalas, unos cuantos rinocerontes, y ciervos de cuernos enroscados. Los buitres copaban las ramas de los esqueletos de árboles, y cuando remontaban el vuelo, su envergadura realmente impresionaba. Ni elefantes ni jirafas se dejaban ver, y eso que pasamos por sus territorios.

Asustados nos desplazábamos por aquellos caminos con profundos surcos y cuevas, embarradas a veces. Anochecía, y dificultosamente avanzábamos, cuando una tormenta comenzaba a desencadenarse. Los rayos cruzaban el cielo plomizo y los truenos retumbaban. Prácticamente en horario de cierre, a duras penas conseguimos llegar al campamento. Los impalas corrían espantados a refugiarse bajo los árboles. Unos cuantos se convirtieron en nuestros vecinos, protegiéndose entre los árboles que rodeaban nuestra cabaña. Tremendas las tormentas africanas.

El restaurante del campamento Ndolovu Camp es muy agradable, a la luz de los candiles, con techo de madera y abierto a la negra noche africana. La cena, regular: no quedaba impala y nos conformamos con parrillada mixta de carne.

La noche resultaba especial desde el porche de nuestra cabaña. El cielo estrellado tras la tormenta, ……….la luz de la media luna colándose en un juego de claroscuros, que perfilaba la sombra de los árboles sobre una tenue claridad nocturna. Todavía llegaban resplandores de relámpagos de la tormenta que se había ido alejando……………Y los sonidos de la fauna salvaje, alarmada por la tempestad. Los sonidos de la noche africana que gemía, que chillaba, que roncaba, que inquietaba.

Rhino Drive en Hlane

Somnolientos pero emocionados, éramos los únicos que habíamos decidido madrugar tanto para participar en el primer turno del día del Rhino Drive. Cuando el sol todavía no había despuntado en el horizonte, partíamos en un 4×4 abierto con un guía swazi a la búsqueda del rino blanco, la estrella del Hlane Royal NP de Swazilandia.

Empezaba a amanecer y las jirafas ……….. ¡qué cuerpos tan bonitos y elegantes!………….. elevaban sus cuellos y sacaban su larga lengua para acceder a los brotes más altos de los árboles. Nos miraban y ni se inmutaban, permanecían tan tranquilotas.

Los elefantes no parecían tan sociables, y huían agitando sus orejazas.

Un rinoceronte negro se escondía entre los arbustos. Nos acercamos bajándonos del coche y caminando hacia él. El guía no iba armado………….nos parecía preocupante……. Pero, pronto comprobamos que controlaba perfectamente la situación, buscando la dirección adecuada del viento para evitar que percibiesen nuestro olor. Los rinocerontes son animales fácilmente asustadizos y raramente se enfrentan a humanos.

Un par de ejemplares de rinocerontes blancos nos encontrábamos después. Ahí nos volvimos a bajar del coche y a caminar hacia ellos. Impresiona tenerlos tan cerca, sobre todo cuando te descubren y se te quedan mirando. Te analizan para decidir si eres una amenaza, y siguen comiendo, o prefieren no ser observados y se marchan. Extraños animales con esa cara tan rara y el cuerno tan primitivo insertado en su cabezota.

La temperatura era agradable mientras desayunábamos en el campamento de Hlane, un campamento íntimo y agradable. Los inquietantes gruñidos nocturnos quedaban sustituidos por relajantes cantos de pajaritos, de alegres coloridos.

 

De Hlane a Kruger……………

El norte de Swazilandia no parecía tan pobre como el sur. Ellos trabajaban en los interminables campos de caña de azúcar, de verde subido, trabajo absolutamente manual. Ellas vestían coloridamente, intentando vender las frutas u otros productos que portaban sobre sus cabezas, las cuales cubrían con pañuelos a modo de turbantes.

Quién tiene una bici, tiene un tesoro, al igual que en los pueblos zulús.

También en esta frontera, la de Mananga, los trámites migratorios resultaban rápidos. ¡Qué duro trabajo tienen estos funcionarios de aduanas, y qué caras de esforzados trabajadores! Cada movimiento les costaba un riñón. Realizaban la misma función entre varios, que consistía en entregar un papelito, o en recogerlo, o en subir la barrera. Entre ellos se miraban para ver a quién le tocaba el esfuerzo de estirar el brazo o de remolonear en levantarse.
¡Y ya estábamos de nuevo en Sudáfrica!

 

¿Cómo llegar a Hlane?

En la página de Big Game Parks de Swazilandia está muy bien explicado (pinchar la pestaña “Directions”)

http://www.biggameparks.org/hlane/

Para llegar desde Santa Lucía usamos la frontera de Lavumisa/Golela, que es el camino más corto.

Para dirigirnos a Kruger desde Hlane, usamos la frontera de Mananga, entrando a Kruger por Komatipoort-Crocodile Bridge.

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Sudáfrica, Lesotho y Swazilandia


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2 Comentarios en “Swazilandia – Hlane. Cara a cara con los rinocerontes

    • Kami Autor

      Hola Esteban,
      Es demasiado largo para hacerlo en un día, al menos a mí me parece agotador. No hay que ver sólo la distancia en km, sino que las carreteras no están en buen estado y se circula lentamente. Te aconsejo pernoctar en Hlane como etapa intermedia. Es un parque muy pequeño pero muy íntimo.
      Saludos