Pueblo de Bardia: una experiencia humana NEPAL - BARDIA


El safari en el Parque Nacional Bardia me ha resultado decepcionante y aburrido. En cambio, como experiencia humana, cultural y sensorial me lo he pasado pipa. El pueblo de Bardia es fantástico, vibrante y entretenidísimo. 2000 turistas apenas lo visitan cada año, en gran parte nepalís.

Un paseo con un americano en Bardia

La actividad que nos habían programado para la primera tarde consiste en un paseo por el pueblo de Bardia y campos de cultivo acompañados de un guía. Al verlo anunciado como actividad cultural, me preocupaba que se tratase de la típica visita folclórica en la que los nativos realizan cantos o danzas típicas ataviados con extravagantes vestimentas, y si además utilizan niños, entonces supera mi capacidad de soportarlo. Nada más lejos de la realidad. Todo resultó muy natural.

Nuestro guía resultó ser un americano casado con una nepalí. Viven 6 meses al año en USA y los otros 6 en Nepal. Su aspecto, rubio y alto, resulta de lo más exótico en el poblado nepalí. Lo mismo nos ocurre a nosotros. Llamamos la atención y todos nos saludan con “Namaste”. Ni se te ocurra no devolverles el saludo, porque entonces lo repiten en voz más alta esperando respuesta.

Los lugareños interrumpen sus faenas exteriores a mediodía debido al intenso calor, y las reanudan a media tarde. Los pillamos trabajando a máxima intensidad. Abunda el ganado en estos poblados. Por todas partes vemos vacas, búfalos, cabras, gallinas, gansos……….. El arroz está siendo recogido de los campos una vez que se ha puesto dorado. Me llama la atención ver que disponen de maquinaria para separar el grano de la paja. Realizan esta tarea en comunidad. Unos se encargan de manejar la máquina. Las mujeres son normalmente quienes introducen la cosecha de arroz en la máquina y quiénes después rellenan los sacos de arroz. La paja separada se utiliza como alimento para el ganado.

Los niños están por todas partes, unos guían al ganado, otros se bañan en el canal, y casi todos se acercan a saludar.

Al atardecer, el sol se vuelve una enorme bola rojiza. Es como un atardecer africano, de esos cuando el polvo suspendido en la atmósfera provoca un cielo intensamente anaranjado y puedes mirar directamente al sol sin dañarte la vista.

La cena está muy rica en el Rhino Lodge: sopa, pollo asado con patatas y verduras, mousse de chocolate. Compartimos mesa con una pareja de jóvenes daneses que han dejado sus trabajos para viajar. Están en el día 84 de su viaje.

Imágenes rurales en el pueblo de Bardia

Atardecer en el pueblo de Bardia

La hora del baño en el pueblo de Bardia

 

Avistamiento de aves con guía

La última mañana en Bardia nos habían organizado un paseo junto al río para avistamiento de aves. Como la actividad duraba un par de horas, yo me dediqué otro par de horas a recorrer la extensa aldea.

Primero emprendemos la visita guiada para observar aves. Nos acompaña el mismo tipo de los safaris, con su mismo bigote negro y sus misma mirada observadora. Lo que vemos son pequeños pajarillos: martín pescador, raras especies de patos, y otras aves cuyos nombres jamás seré capaz de recordar. Pero no sólo nos fijamos en las aves. El guía nepalí también nos explica costumbres del lugar o el uso de algunas plantas.

Río de Bardia

El Parque Nacional Bardia pertenece a la región del Terai, las zonas bajas de Nepal. Nos contaban que esta región estaba deshabitada hasta el siglo XVIII debido al riesgo de  malaria. Fueron miembros de la etnia Tarhu, procedente de India y acostumbrados a la malaria, los primeros pobladores de estas tierras. Posteriormente, el gobierno nepalí erradicó la malaria, y a partir de entonces, gentes de las montañas bajaron a poblar estos territorios que son más propicios para la agricultura y más productivos que las montañas.

Pueblo de Bardia

 

Un paseo por el pueblo de Bardia a mi aire

Productivo resultó también mi paseo por el poblado, al menos, emocionalmente. La gente realizaba sus faenas sosegadamente. Se respiraba tanta calma y armonía que me podría haber pasado días deambulando de un lado para otro, sólo fijándome en las escenas cotidianas. La principal tarea de esta época es la cosecha del arroz. Primero lo siegan, normalmente a mano. Después separan la paja del grano. Algunos disponen de máquinas para hacerlo más rápidamente. A continuación airean al grano para hacer volar el polvo fino. Algunas mujeres lo hacen con un ventilador eléctrico. Finalmente lo tamizan y empaquetan en sacos. El arroz ensacado les debe durar hasta la próxima cosecha, ya que es su alimento básico.

Recogiendo verduras en Bardia

Por el pueblo de Bardia

Campos de arroz segado en Bardia

Tamizando el arroz

La bici es el principal medio de transporte en Bardia

En algunos campos han comenzado a plantar mostaza, cultivo que alternan con el arroz. Usan la mostaza para obtener aceite para cocinar. Son las mujeres quienes trabajan mayoritariamente en el campo. Es increíble verlas tan elegantes bajo el sol. Visten sus saris y se pintan como si fuesen a salir de fiesta. Interrumpían sus trabajos agrícolas para pedirme que les hiciese fotos. Al principio pensaba que lo hacían para pedirme dinero. Pero, en absoluto. Son la inocencia personificada. Simplemente querían verse en la foto, y después avisaban a sus compañeras para que las viesen retratadas.

Lo mismo ocurría con los niños: “Foto, foto”, gritaban, y me costaba un montón conseguir que se parasen quietos para poder fotografiarlos. Se peleaban entre ellos para salir delante en la foto. Son simpatiquísimos.

Alegre niña del pueblo de Bardia

Este niño se entretiene solo

En cambio, los jóvenes lo que querían era hacerse una selfie conmigo. Qué raro se me hace pensar que yo era su exotismo. “Selfie, selfie” reclamaban. Y así me tocaba posar con uno y con otro, o con otra. Por cierto, menudas fiestas se montan los jóvenes del lugar. Están todo el día de marcha. Preparan sus picnics por la mañana y se quedan en la explanada junto al río hasta que anochece. Hasta 10 autobuses cargados de chavalería llegué a contar. Es como una romería. Los lugareños montan puestos de verduras y frutas que los jóvenes compran para preparar sus picnics. Me extrañaba que esto ocurriese un día tras otro. Hasta que un muchacho me aclaró el motivo. Debido a los tres días festivos del Tihar, disfrutan de una corta temporada de vacaciones y aprovechan para exprimirla a tope.

Llegando a la fiesta de Bardia

El pueblo está lleno de niños, pero, también de animales. Búfalos, vacas, cabras, gallinas, transitan por las polvorientas calles de tierra junto a peatones y ciclistas.

Niños de Bardia

Nuestra estancia en Bardia se terminaba ya. La verdad es que le he cogido cariño. Ellos se entusiasman cada vez que ven a un extranjero.

Nos esperaba la última comida en el lodge y el 4×4 para llevarnos al aeropuerto de Nepalgunj. Me quedo con el recuerdo de haber conocido un lugar de Nepal muy diferente a los anteriores.

Segando el arroz en los campos de Bardia

Elegancia de pasarela

Hora de la colada en el pueblo de Bardia

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Nepal Trek EBC 2017: Everest y Bardia

 

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