Lima. De paseo por Miraflores. Burguesía peruana PERU - LIMA


Nada se parece Miraflores al resto de Perú. Es como estar en cualquier ciudad europea………tostadas de baguette, azúcar blanca. La diferencia la ponen los guardias de seguridad privada o vecinales que se aposentan en cada esquina, dispuestos a ayudar a quién lo necesite.

Tampoco nada se parece a otros barrios de Lima, en los que millones de almas, provenientes de zonas rurales, se han instalado en chabolas, soñando con un futuro mejor. Igual que Pizarro soñó con convertirla en la más pomposa ciudad de Sudamérica.

Peruvian Airlines no ha querido dejarnos nadar con lobos marinos en las Islas Palomino, debido al retraso en el vuelo de ayer. Nosotros tampoco queríamos machacarnos durmiendo poco, ya que las excursiones partían por la mañana, y necesitábamos descanso.

Tomar el pulso a la ciudad con tranquilidad y embelesarnos de una experiencia gastronómica limeña era nuestra decisión. Y también husmear por tiendas de discos o de libros, como siempre solemos hacer en cualquier ciudad. Así, algún nuevo disco caía en nuestras manos, para la colección de músicas del mundo.

 

El ocio limeño reinaba en el parque Kennedy, en el corazón de Miraflores. Aunque yo diría que pululaban más gatos que personas. Un muchacho tocaba la guitarra a su novia, una mujer se pintaba los labios, otra daba el biberón a su bebé, y los jubilados se marcaban unos bailes en el pequeño anfiteatro. Los vendedores de cuadros se afincaban en un costado del parque, en lo que llaman el Paseo de los Pintores. Sin embargo, lo que más dominaba era el enganche a internet aprovechando la wifi gratuita.

Nuestro día no transcurría de forma muy diferente al de cualquier limeño de clase acomodada. Los fines de semana, la costanera marítima es su lugar preferido para pasear, montar en bici, comprar, o comer en algún restaurante frente al mar.

Paseo de Miraflores

El bullicio invadía el centro comercial y de ocio Larcomar, en el que se dan cita limeños y visitantes, entre tiendas de marcas internacionales, locales de entretenimiento y restaurantes con vistas al Pacífico.

Planeando sobre la costa de Miraflores, los parapentes forman ya parte del paisaje de la ciudad de cielo persistentemente gris. Viendo esos cielos plomizos, cuesta creer que estemos en la ciudad del mundo en la que menos llueve. Mientras tanto, otras personas se entretenían en la playa, pescando, practicando deporte, o conduciendo por la arena.

Hacíamos un alto en el camino para comer en el restaurante Tanta, (una cadena del famoso Gascón), en el complejo Larcomar, con vistas al Océano Pacífico. Pescado (buri) en salsa de mariscos con arroz de choclo. Pescado empanado con langostinos. Vasito de fresas, mus de chocolate, mus de vainilla y almendras caramelizadas, tarta de chocolate, crema de limón, lúcuma y frambuesas. No estaba mal, pero me esperaba más.

Nuestro último paseo por Lima transcurría sin rumbo, marchando por el Malecón de Milaflores, pasando por el Parque del Amor, por la explanada de despegue de los parapentes, por el faro de Miraflores …………

Parapentes en Miraflores

Las más empalagosas frases decoran el Paseo del Amor. Un lugar muy exitoso, a la vista de la cantidad de gente que allí se congregaba.

No sé por qué no me decidí a volar en parapente. Seguían aportando colorido al cielo junto el faro La Marina, situado en el parque Antonio Raimondi, el mismo que da nombre a las puyas Raimondi que conocimos de camino al glaciar Pastoruri. Tras lo que habíamos vivido, podíamos constatar que sigue siendo muy cierta una frase que se le atribuye: “El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro”.

Faro La Marina de Miraflores

Malecón de Miraflores

Recuerdos de civilizaciones pasadas en forma de ruinas arqueológicas tampoco podían faltar en Lima. Es el caso de Huaca Pucllana, que ya conocí un par de años antes cenando en el restaurante anexo. Hasta allí nos acercamos para visitar esta estructura piramidal de ladrillos de adobe. Fue construida en el siglo IV d.C. por la cultura Lima, y que hoy en día cohabita con los edificios modernos.

Lugar arqueológico de Huaca Pucllana en Lima

Por el mercado indio apenas pasaba nadie. Las vendedoras se resignaban ante la ausencia de clientes.

Taxi al aeropuerto. El ligero retraso en el vuelo de Lima a Madrid nos obligaba a batir el récord mundial de carrera por la T4 para enlazar con nuestro vuelo nacional. Las maletas se quedaban rezagadas, e Iberia nos las entregaba en casa un día después, una de ellas con un asa rota. Han mejorado mucho en la gestión de desperfectos de equipaje. Únicamente bastó poner una nota en el parte de incidencia en la web, para recibir una llamada de Iberia unos minutos más tarde. Se disculpaban amablemente y me pedían mi email para enviarme un código con el que, accediendo a la web, podía elegir una maleta nueva, que me entregaron en casa un día más tarde.

Figura del Señor de Sipán en el aeropuerto de Lima

Mucha gente viaja a Perú para conocer su pasado. A mí me ha encantado conocer a gente con proyectos de futuro, algunos de los cuales ya son realidades y otros que, sin duda, pronto germinarán. Juan en Chaparrí, Juan de Tingana, Roger de Kuelap, o las mujeres cacaoteras o las ceramistas de Chazuta, quienes hacen posible que los conceptos progreso, tradición y dignidad puedan coexistir.
Y colorín, colorado, este viaje se ha acabado.

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Perú norte. De los glaciares a la selva

Mi otro diario por Perú…..¡con capítulo gastronómico!: Perú inca

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