Tarapoto-Chazuta. Ceramistas y cacaoteras en la selva PERU - TARAPOTO 2


Chazuta se quedó para siempre en mi corazón. Sus paisajes selváticos a orillas del río Huallaya, la ternura de William, los recuerdos de toda una vida de aquella mujer ceramista de 83 años, el coraje de las mujeres cacaoteras………. Sensaciones a flor de piel en esta excursión a Chazuta que realizamos en taxi desde Tarapoto.

Excelente desayuno en el hotel Shilcayo. Huevos, tamales, fruta, jugo, pan, café……..Me gusta este restaurante.

De Tarapoto a Chazuta en taxi

La experiencia de ayer con el tour en grupo a Lamas resultó nefasta. No quiero volver a saber nada de excursiones organizadas. Así que, un taxi nos recogía en el hotel a las 8 am………..¡ya con 30 ºC!!……….para hacer una excursión privada a Chazuta, lugar apartado de las rutas populares.

Docenas de personas trabajaban a pleno sol en los campos de maíz a las afueras de Tarapoto. En cuanto alcanzamos las orillas del río Mayo, los cultivos dejaban paso a la selva.

Poco antes de Shapaja nos deteníamos en la confluencia de los ríos Mayo y Huallaga, distinguiendo sus tonos de color chocolate más claro y más oscuro. Nuestro taxista nos relataba costumbres y prácticas locales. Los cultivos de café y cacao son el sustento de las gentes de Shapaja, que plantan en sus chacras al otro lado del río, necesitando caminar una o dos horas tierra adentro para llegar hasta ellas. Las chozas con techo de paja en las que viven sus habitantes se camuflan en medio de la selva.
El tráfico no existía. El verde de la vegetación relucía más que en ningún sitio.

Río Huallaga

La carretera secciona un acantilado de arcilla rojiza, que se desploma en temporada de lluvias. El río Huallaga, siempre presente, era motivo de nuestra atención. Pequeños chamizos con techo de palma trenzada se intercalan de vez en cuando entre la exuberancia vegetal. Bajo uno de esos techos teníamos ocasión de comprobar cómo actúan a modo de aire acondicionado natural. La temperatura disminuía bastantes grados bajo uno de ellos.

Chazuta, un pueblo de la selva peruana

Los cultivos de cacao nos advertían de nuestra inminente llegada a Chazuta. Entre palmeras y arbustos de cacao se escondían las cabañas de sus habitantes. En Chazuta se acaba la carretera. Al resto de poblados que se asientan en las márgenes del río Huallaga sólo se llega en bote.

Si nos parecía que en Tarapoto hacía demasiado calor era porque todavía no habíamos estado en Chazuta, en pleno trópico, en plena selva, y a sólo 200 m de altitud. Un lugar apartado del turismo, que me entusiasmaba nada más llegar.

Chazuta

Un pueblo lleno de niños, de niños adaptados al calor, que, en el recreo jugaban al fútbol o corrían unos tras otros. Un pueblo donde todos nos saludaban, mayores y menores. Despertábamos la atención de los pequeños, quienes se acercaban, simplemente para mirarnos con tímida curiosidad, sin atreverse a hablar, hasta que empezábamos la conversación, y entonces se lanzaban a charlar, y nos enseñaban cómo hacían los deberes.

Servio, el taxista, buscaba al artesano del pueblo, William, mientras nosotros conversábamos con su mujer, que nos mostraba las cerámicas artesanales.

¡William es un trovador de la cerámica!. Sus explicaciones sobre las tinajas funerarias de Chazuta podrían superar a las de un buen guía profesional.

Este tipo de enterramientos era tradicional en Chazuta, según costumbre de las tribus nativas. Conforme a las hipótesis de los arqueólogos, las urnas funerarias encontradas en la plaza del pueblo correspondían a los personajes más distinguidos, mientras que los restos mortuorios de las personas menos destacadas se colocaban dentro de tinajas en las huertas particulares de cada casa. Si otras culturas peruanas creían en la vida después de la muerte, para los indígenas de Chazuta no era así, pero estar cerca de sus muertos es parte de su cultura.

Tinajas funerarias de Chazuta

Se barajan 2 teorías en cuanto a la forma de depositar los cuerpos en el interior de las tinajas. Una supone que se colocaban en cuclillas. Según la otra, se dejaban los cuerpos al aire hasta que terminaban comidos por los insectos, y los huesos restantes se introducían en las tinajas.

Varias urnas funerarias han sido recuperadas y se exponen en un recinto a modo de museo. Muchas otras todavía permanecen enterradas. Los vecinos las van encontrando a medida que cavan en sus huertos o hacen obras en sus casas.

El ceramista nos enseñaba también diferentes tipos de cerámicas que han reunido en salas de exhibición, sus diferentes diseños, formas y usos. Si los dibujos de flores y plantas son tradicionales en la amazonía, también han recogido cerámicas con motivos geométricos, inspirados en la cultura incaica, conjeturando cierto contacto entre ambos pueblos.

Cerámicas de Chazuta

William se complacía de su estancia en Navarra durante año y medio, gracias a una beca, para perfeccionar su técnica alfarera. Demostraba su inmenso agradecimiento a 2 monjas españolas y a una ONG, que han promovido la artesanía ceramista como fuente de ingresos para unas cuantas mujeres del pueblo.

Taller de cerámica de Chazuta

Con una de esas mujeres teníamos la oportunidad de conversar. A sus 83 años presumía de no necesitar gafas, y de su buen pulso………-”alimentación natural toda la vida” – aclaraba.

Momentos muy emotivos escuchando sus palabras, en español y en quechua, que sonaban rítmicas, de recuerdos de toda una vida…..cómo recogen la arcilla, ahora igual que hace siglos………..cómo fabrican los pinceles. Cada artesana elabora sus pinceles con su propio pelo. Al margen de sus palabras, en realidad sus ojos lo decían todo.

A pesar de lo mucho que te haya curtido la vida, es de esos momentos en los que una caricia de emotividad te recorre las terminaciones nerviosas.

Artesana alfarera de Chazuta

Notando la sensibilidad a flor de piel entrábamos a la factoría de procesado artesanal del cacao. Otro caluroso recibimiento que nos hacía sentir las personas más importantes del mundo en esos instantes. Éramos nosotros quienes debíamos agradecer la acogida, y sin embargo, eran ellas quienes insistían en su gratitud por nuestra visita.

Rondas de besos, y dificultad para mantener las lagrimitas mientras escuchábamos las explicaciones del grupo de mujeres emprendedoras. La cooperativa que han constituido con apoyo de una ONG les ha mejorado la vida. No podían demostrar más alegría por haber cambiado el trabajo clandestino de procesado de pasta de coca por la elaboración de chocolates. “Ahora podemos mostrar nuestro trabajo al mundo sin avergonzarnos. Además, hemos ganado premios internacionales, en París, en Lima”, relataban, mientras exhibían orgullosas los diplomas que lo certificaban.

Factoría de cacao de Chazuta

El mérito es doble en una comunidad machista. Algunas han tenido que enfrentarse a sus maridos para emprender el negocio, otras se han visto forzadas a abandonarlo.
“Empezamos pelando y amasando los cacaos a mano, durante horas y horas…….Con el paso del tiempo hemos podido comprar maquinaria, y el trabajo se hace más rápido y menos duro”.

Menudas lecciones de coraje y de pundonor. Ojalá que nunca se convierta en otro Lamas. Ojalá conserve para siempre su identidad, su amabilidad y su dignidad.

 

Navegando por el río Huallaga

Más allá de Chazuta, a dónde ya no llega ninguna carretera, sólo es posible el acceso en barca a los poblados de comunidades nativas que se asientan a orillas del río Huallaga. Varios botes aguardaban en el pequeño puerto. Tanto me atraía la idea de llegar a alguno de ellos que pedimos a un joven que nos llevase en su peque-peque. En menos de media hora habíamos llegado a un poblado.

Ni carretera, ni escuela, ni agua corriente. La vida parecía ser de los niños, que se agrupaban a orillas del río para bañarse, para lavar la ropa, o para rellenar recipientes de agua color chocolate, que transportaban hasta el poblado. Un joven llegaba con su captura de pescado para la comida del día. Los mayores, únicamente se tumbaban a la sombra. Tal vez permanecían bajo los efectos de sustancias alucinógenas, tan habitual en estas comunidades nativas que practican el chamanismo.

Poblado de la selva peruana

A pesar de que nos presentábamos como una especie de invitados del colega barquero, la verdad es que sentía cierto reparo por inmiscuirme en la intimidad de un escondrijo tan ajeno al trepidar del mundo.

Río abajo, el Huallaga pasa por la ciudad de Yurimaguas, antes de desembocar en el Marañón, que al juntarse con el Ucayali forman al Amazonas.

Río Huallaga

Nuestro barquero era un muchacho emprendedor, con ganas de montar una taberna en Chazuta, y que nos animaba a sacudir cocos de una palmera con una vara. Así que, nos pusimos las botas bebiendo y comiendo coco, antes de regresar navegando por el río.

Partiendo cocos en la selva peruana

De nuevo, barquita para retornar a Chazuta.

El tremendo calorazo no era impedimento para que curioseásemos un poco más por Chazuta. Éramos la atracción del pueblo y un imán para los risueños niños.

Calle de Chazuta

A Tarapoto llegamos demasiado pronto para nuestro vuelo a Lima. Teníamos tiempo para merendar y para pasear por el centro. La verdad es que, entre el caos de motos, encontramos algunas calles con restaurantes agradables.

Calle de Tarapoto

Peruvian Airlines es un desastre. 3 horas de retraso en el tórrido aeropuerto de Tarapoto, y ni una queja de los pasajeros. Están acostumbrados. Total, insignificante espera frente a las 22 horas de autobús entre Tarapoto y Lima. Además, el simulacro nacional de terremoto, en el que participamos, ni siquiera resultó entretenido. Menos mal que uno de los bares tenía aire acondicionado.

El transfer que nos enviaban desde el hotel de Lima esperaba desesperado en el aeropuerto. Miles de lucecitas de la extensa Lima, justo a medianoche.

Fernando nos aguardaba para recibirnos en su casa de huéspedes, que ahora llaman hotel boutique, situado en una planta de un elegante edificio de Miraflores. Eran ya horas intempestivas.
Por segunda vez en el viaje nos quedábamos sin poder cenar en Lima.

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Perú norte. De los glaciares a la selva


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2 Comentarios en “Tarapoto-Chazuta. Ceramistas y cacaoteras en la selva

    • Kami Autor

      Hola Consuelo,
      No recuerdo el coste del taxi. Lo siento.
      A mí sí que me valió la pena ir a Chazuta. Conocer la forma de vida de sus habitantes me aportó experiencias muy gratificantes y guardo excelentes recuerdos de ese día. Pero son gustos personales. No se trata de un atractivo turístico de primera magnitud.
      Saludos