Viajar a Leticia. Caminata nocturna por la selva COLOMBIA: AMAZONAS


Viajar a Leticia es la mejor forma de acceder a la región de la Amazonía colombiana. Vivir el Amazonas va a ser una nueva experiencia repleta de diversidad animal, vegetal y cultural durante cuatro días. El primer día realizamos una caminata nocturna por la selva acompañados de un guía nativo.

Viajar a Leticia. Vuelo desde Bogotá 

De nuevo toca organizar maletas porque nos vamos a conocer una nueva región colombiana, la Amazonía, calurosa y húmeda. Volveremos a Bogotá al cabo de 4 días, y para ir más ligeros, parte del equipaje se queda en el hotel de Bogotá. 

Nuestro vuelo despega a las 10:32 am, por lo que tenemos tiempo de ralentizarnos en el aceptable desayuno buffet que ofrece el hotel Ibis. Parece que la mayoría de clientes son de negocios. Esta vez nos han asignado habitación en la planta 14, más silenciosa y con visión al panorama urbano de esta moderna y céntrica zona de Bogotá próxima al Museo Nacional.

Llegar al aeropuerto de Bogotá es rápido, como siempre. Habíamos reservado el traslado con Don Alberto, nuestro taxista de confianza que tiene un convenio con el hotel. Llama la atención que en Colombia ajustan los horarios de vuelos al minuto. Y además…. ¡lo cumplen!. El vuelo sale a las 10:32, no a las 10:30 ó 10:40.

La exposición fotográfica del flamante y organizado aeropuerto de El Dorado nos enfrasca en la gigante biodiversidad de Colombia, especialmente en aves y anfibios, fruto de su situación geográfica y de su variante orografía. Muchas especies son endémicas de determinadas regiones. Colombia es el segundo país con mayor biodiversidad del mundo tras Brasil y el primero en número de especies por km2.

Al embarcar a Leticia, nadie nos ha pedido la cartilla de vacunación contra la fiebre amarilla (obligatoria) como se comenta en alguna publicación. Otro tema es el de la malaria. En Sanidad Exterior nos habían recetado malarone porque sus registros señalan que la Amazonía es zona de riesgo, aunque no estaba clara la época ni la zona exacta. Así que, por precaución nos tomamos la primera pastilla el día anterior y en cuanto fue posible empecé a informarme in situ. Por suerte, una mujer de Leticia viajaba a nuestro lado en el avión y además de aconsejarnos lugares y actividades en la zona, nos confirmó que en esta época no existe riesgo de malaria. Coincidía con lo que me habían respondido desde el hotel y agencias a las que consulté, por lo que vamos sumando puntos para asegurarnos por completo.

Es impresionante vislumbrar la selva amazónica desde el aire. La enorme extensión de jungla es lo primero que me impresiona al llegar. No se ve más que un interminable espacio verde de tupida vegetación, apenas interrumpido ocasionalmente por alguno de los serpenteantes ríos que la surcan. Y de pronto aparece una enorme masa de agua al fondo. Es el Amazonas.

Aterrizamos en Leticia a mediodía. Tremendo calor húmedo. Nada más llegar hay que pagar una tasa turística de 35.000 pesos por persona. Un taxi del aeropuerto al hotel no tarda ni 5 minutos por 10.000 pesos. Estamos en el hemisferio sur colombiano. La línea del Ecuador pasa unos 1000 Km al sur de Bogotá y hasta el momento habíamos conocido su hemisferio norte.

Llegando a Leticia: selva amazónica

 

Viajar a Leticia en Amazonas colombiano

Leticia se sitúa en la triple frontera: Colombia/Brasil/Perú, a orillas del río Amazonas. En los 3 países se puede pagar con cualquiera de las 3 monedas. Puedes estar en un restaurante en Perú comiendo comida colombiana y escuchando música brasileña. Incluso muchos habitantes tienen doble nacionalidad porque sus padres son de diferentes países.

El clima amazónico es caluroso y húmedo todo el año. Tan pronto abrasa el sol como se desencadena una tormenta de aúpa. La época de crecida de aguas va de enero a mayo, alcanzando en este mes la máxima altura de aguas debido a las lluvias en la zona andina. Por tanto, es posible navegar por la selva inundada. El nivel de aguas empieza a bajar a partir de entonces, alcanzando el mínimo nivel en octubre. Al retirarse las aguas, es posible acceder a otros lugares y contemplar otros espectáculos, aunque ello exige caminar bajo el achicharrante sol. Para avistar animales, hay que tener en cuenta que se ven afectados por este fenómeno, moviéndose de unos lugares a otros según la época.

Vista del río Amazonas cerca de Leticia

Me emociona contemplar este río tan inmenso, tan lleno de vida, especialmente tras haber conocido varios ríos que le tributan sus aguas. Aquellas gotitas que veíamos desprenderse de los glaciares del Parque Nacional Huascarán, aquellos chorros que se despeñaban en la catarata Gocta…….llegan hasta aquí, y durante su camino contribuyen a la vida de muchas personas, animales y plantas. Sin su trazado no serían posibles las historias de las mujeres cacaoteras de Chazuta, ni brincarían delfines por el Amazonas, ni existiría esta enorme selva amazónica, el mayor pulmón del planeta.

Cuando contemplaba el río Napo en Ecuador (Puerto Mishaullí), el Uctubamba en Chachapoyas, el río Mayo en Moyobamba, o el Huallaga en Chazuta, me preguntaba cómo sería la vida de las comunidades indígenas que habitan aguas abajo, allá donde ya no hay carreteras, y cómo serían los ecosistemas en esos remotos lugares. Ahora tengo el privilegio de conocer el gran río, el Amazonas.

Es el río más caudaloso del mundo. Un lugar que no es comparable a ningún otro. Me alegra llegar aquí con esa madurez geográfica tras haber visto brotar sus aguas en los Andes, serpentear los ríos entre las montañas recubiertas de ceja de selva, y haber presenciado cómo se va ensanchando al fluir por valles hasta alcanzar la cuenca baja.

Navegando por el Amazonas

Todo es descomunal en esta región del planeta……la altura de los árboles, el tamaño de las hojas, el caudal de los ríos, la variedad de plantas, aves, insectos, el tamaño de arañas, hormigas, serpientes………..el gigante pez pirarucú de hasta 200 Kg………

Está claro que en cualquier competición de botánica o de diversidad animal lleva las de ganar. Pero la Amazonía es también una experiencia cultural, de creencias en brujerías, de rituales inexplicables que perviven en la actualidad, de esa aptitud para aprender a remar antes que a caminar. Vida sobre el agua, vida entre la jungla. Vida sencilla en pequeñas comunidades sin grandes imperios, sin necesidad de ostentaciones ni de construir pomposos monumentos, palacios o templos. Es la conexión total con la naturaleza. Es la cultura oral transmitida de generación en generación, sin escrituras ni libros.

Todavía hoy en día existen comunidades indígenas que habitan en la Amazonía sin contacto con el mundo exterior. No somos quiénes para molestarlos. Sin embargo, otras comunidades cercanas a Leticia, más “civilizadas” han decidido dedicarse al turismo y abren las puertas de su hogar para mostrar sus costumbres tradicionales. En ocasiones puede parecer una feria folclórica, pero no soy yo quién para criticarlos.

Aprender y respetar es mi mayor motivación para comprender este lugar: conocer su flora y su fauna, y entender la visión del mundo y las costumbres de sus gentes.

Pronto nos damos cuenta de que la gente amazónica es más fiable y sincera que la que conocimos en el Caribe. Es como un regreso a esa gente honesta y hospitalaria del Eje Cafetero. Todo alrededor es completamente apacible y armonioso.

Navegando por el Amazonas

 

Itinerario en Amazonas:

Nuestro plan para la Amazonía es de 4 días, 3 noches. Primera noche en la ciudad de Leticia para organizarnos, segunda noche en la aldea ecológica de Puerto Nariño, y tercera noche ya veremos. Mucha gente piensa que sólo se puede viajar al Amazonas mediante un paquete turístico. Nosotros no hemos reservado por adelantado. Preferimos verlo sobre la marcha. No me asusta la improvisación. Es muy fácil resolverlo al instante, y de hecho, nada más llegar dejamos reservadas las excursiones para los siguientes días, ya que en la selva es casi imposible internarse por libre. Al final pasamos los dos últimos días en Gamboa, una comunidad peruana incrustada en la selva. Ni sabía que existía. Nos faltó tiempo para cruzar a Brasil.

Día 1: Viajar a Leticia  en avión. Paseo por Leticia. Caminata nocturna por la selva con guía indígena en privado. Noche en Leticia.

Día 2: Tour en grupo de Leticia a Puerto Nariño por la mañana. Por la tarde, navegación al lago Tarapoto con barquero local en privado. Noche en Puerto Nariño.

Día 3: Regreso de Puerto Nariño a Leticia en barca pública. Excursión a Gamboa (Perú) compartida con dos personas. Navegación en canoa de remos diurna (selva inundada) y nocturna (avistar caimanes). Noche en poblado Gamboa.

Día 4: Navegación en canoa de remos al Lago Piraña por la selva inundada. Regreso a Leticia en lancha motorizada. Vuelo por la noche a Bogotá.

Garza blanca del Amazonas

 

De paseo por Leticia

Los días en Leticia transcurren arrimados a los ventiladores. Es al atardecer, al amortiguarse el calor, cuando se revitaliza la pequeña ciudad y por fin conseguimos salir a la calle enfrentándonos al bochorno.

El pequeño museo etnográfico contiene el encanto de esos pequeños museos que parecen pensados a escala humana. Es una visita interesante que nos introduce en la cultura amazónica, especialmente porque el guardián nos acompaña en la visita guiada, gratuita y personalizada y se explaya ampliamente con nosotros.

Los objetos que expone el museo nos introducen en los actos rituales y en la vida cotidiana de las diferentes comunidades nativas, cada una con su idioma propio y sus tradiciones particulares.

La llegada de los ambiciosos primeros hombres blancos persiguiendo riquezas irrumpió en la vida de los indígenas que hasta entonces vivían en condiciones primitivas plenamente integrados en la naturaleza. Fueron inicialmente los españoles buscando oro y posteriormente los franceses buscando caucho. Los españoles, al ver a aquellas indígenas tatuadas, pensaron que era un territorio de mujeres guerreras y por eso lo bautizaron como río de las Amazonas, aunque obviamente, el río ya tenía otro nombre en lenguas nativas.

Viajar a Leticia: Museo etnográfico amazónico

Al atardecer acuden cientos de pericos al centro del Leticia. Nos apostamos en el Parque Santander para contemplar el espectáculo y sobre todo escucharlo, ya que la llegada de las aves es tremendamente acústica. El pequeño parque es un punto de encuentro en la pequeña ciudad.

Parque Santander en Leticia

 

Caminata nocturna por la selva

Contratamos la excursión en el hotel, aunque después supimos que el guía, Omar, trabaja también por su cuenta y se le puede contactar directamente. Comienza a oscurecer a las 6 pm, cuando nos recogen en el hotel para hacer una caminata nocturna por la selva. El motocarro avanza lentamente y tardamos unos 45 minutos en llegar al punto donde nos espera el guía nativo.

A lo largo de los 23 kilómetros de la carretera de Tarapacá, construida para comunicar comunidades nativas, podemos comprobar que los indígenas del Amazonas no van en taparrabos ni se dedican a cazar con cerbatanas. El progreso ha llegado a ellos y nos transmiten que les encanta mejorar su nivel de vida, aunque recordando sus tradiciones. El turismo juega un papel estelar. Los niños se balancean en modernos columpios, los adolescentes no se separan de sus smartphones, las muchachas lucen camisetas de moda………..poco creo yo que van a lograr perpetuar sus costumbres como pretenden sus mayores.

La experiencia nocturna resulta intensa. Lástima no tener más tiempo o no habernos quedado a pasar una noche en una Maloka para integrarnos más íntimamente en la vida de los indígenas. Omar se conoce al dedillo los secretos de la selva, su fauna, su flora, las propiedades curativas de las plantas que convierten este lugar en una gigante farmacia natural, y también la herencia cultural de su comunidad. Y de eso es de lo que va esta excursión privada. Podríamos quedarnos todo el tiempo que quisiéramos. Omar no tiene horarios.

Iluminando con linternas el oscuro y estrecho sendero llegamos a la Maloka, la casa tradicional del Amazonas. En esta vivienda abierta construida con madera y hojas de palma todo tiene un significado de conexión con la naturaleza. Primero debemos ser aceptados por el abuelo de la tribu para que nos permita conocer sus costumbres.

Una caminata nocturna por una selva en la que viven tantos bichos venenosos tiene sus riesgos, y por ello, debemos hacer la ceremonia de purificación con tabaco y coca para pedir a la selva que nos deje penetrar en ella y que la naturaleza nos proteja. Tanto el tabaco como la coca son símbolos ceremoniales para ellos, a lo que se unen sus largas plegarias entre la realidad y la brujería.

Es noche de cuarto creciente y la claridad paraliza la actividad de los animales nocturnos. Las botas altas de goma son necesarias en estos embarrados senderos en los cuales los pies se hunden a veces hasta la pantorrilla. Todos sudamos en el baño de calor y humedad. Las plantas también, transpiran por cada poro, acrecentando todavía más la humedad. Y así, a la luz de las linternas, vamos descubriendo enormes saltamontes, tarántulas gigantes que Omar agarra con las manos, y especialmente pequeñas ranas de diferentes tipos y colores que habitan en la espesura de la selva. Es increíble el minúsculo tamaño de la ranita verde venenosa. Buscamos la anaconda, pero no se deja ver fácilmente. Hubiera sido una casualidad milagrosa. El efecto que sí podemos comprobar al apagar las linternas es el de un hongo que se ilumina en la oscuridad. La jungla es sonora, y por la noche todavía más. Todas las sensaciones se intensifican en la oscuridad.

Embadurnados de barro regresamos a la Maloka para una nueva ceremonia de esta comunidad indígena amazónica, hasta que finalmente nos acompañan al motocarro que nos devuelve a Leticia. Llegamos a las 10:30 pm y menos mal que habíamos encargado la cena en el restaurante del hotel, el cual ya había cerrado. Los platos nos esperaban y los degustamos en las mesas junto a la piscina. Todo está delicioso. Es un restaurante excelente. Dorado a la plancha con arroz y patacón. Pirarucú envuelto en hoja de banano con yuca molida y arroz.

Tarántula. Caminata nocturna por la selva en Leticia

 

Viajar a Leticia. Cómo llegar

No es posible viajar a Leticia por carretera. Sólo se puede llegar desde Bogotá en avión (Avianca o Latam), y tampoco dispone de conexiones aéreas con otras ciudades colombianas. En cambio, el río es su principal vía de comunicación, es su carretera. Leticia está pegada a Tabatinga (Brasil), sólo hay que seguir caminando por la calle. Ambas son puertos fluviales y navegando se puede llegar a Iquitos (Perú) en 8-10 horas o a Manaos (Brasil) en 3 días.

Hotel en Leticia

Waira Suites. Está fenomenal, cómodas habitaciones, un par de piscinas y potente aire acondicionado en el excelente restaurante, al que nos apuntamos de inmediato tras ser recibidos con unos jugos amazónicos de bienvenida. Descansando cómodamente en el hotel nada nos hace sospechar que nos encontramos en plena Amazonía. Lujo en la selva.

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE:  COLOMBIA: EJE CAFETERO, CARIBE Y AMAZONAS

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