En coche por el sur de Isla Reunión ISLA REUNION - En coche


Se enciende un nuevo día sobre este rincón del Océano Índico. Nos encontramos en el salvaje sur de Isla Reunión, en Saint Philippe, dispuestos a explorar la costa de lava y las recientes coladas volcánicas del Piton de la Fournaise.

Puits Arabe & Jardin Volcanique

Tras conocer ayer Cap Mêrchant al atardecer, nos encaminamos a Puits Arabe & Jardin Volcanique. Lo que nos encontramos es una costa negra golpeada por el oleaje. En los acantilados de rocas basálticas distinguimos las cordadas de lava, como si hubiesen sido cinceladas por un escultor.

Resulta llamativo pensar que estamos pisando un bebé geológico, y que estos peñones no existían hace pocos años. Fueron ganados al mar en una de las últimas erupciones del Piton de la Fourniase. Así es la costa sur de Isla Reunión.

Pointe de la Table. Sur de Isla Reunión

A escasa distancia se ubica Pointe de la Table. Un sendero recorre la costa de lava. Como la pista de acceso a Point de la Table estaba en tan pésimas condiciones, nos acercamos caminando entre la frondosa vegetación. ¡Y pensar en 1986 era un campo de lava donde ahora crecen helechos y árboles!. En este solitario lugar, la costa presenta un aspecto similar al de Puits Arabe.

Pointe du Tremblet

Unos kilómetros más al nordeste me gustó mucho bajar al Vieux Port, en Pointe du Tremblet, otro pequeño cabo en la costa sur de Isla Reunión. Caminar sobre la costa de lava observando el romper de las olas resulta de lo más agradable. Pero lo mejor se esconde resguardado por una pared recubierta de vegetación. Es la playa de arena verde, tonalidad que adquiere gracias a los cristales de olivina vomitados por los volcanes, y que tanto nos recuerda a la Green Sand Beach de Hawaii. Conforma un lugar peculiar, entre rocas de lava roja y negra. Una reunión del mar con la lava, agua y fuego.

Costa sur de Isla Reunión

Le Grand Brülé

Justo al pasar Pointe du Tremblet comienza Le Grand Brülé, gigante superficie ocupada por las sucesivas coladas de lava. Cada una de ellas está señalizada en la carretera……….la de 2007, la de 2002………

Sobre estas laderas se reescriben cada año páginas de la historia geológica de la isla.

Los flujos de lava han quemado todo lo que se interponía en su trayecto, engulliendo árboles, océano, y añadiendo superficie a la isla. Es un paisaje a franjas, alternándose vegetación y  roca volcánica. Los flujos de lava han compuesto caminos desiertos que desembocan en el mar. Aunque, tan propicio para la vegetación es el clima en la isla que, en poco tiempo, empiezan a crecer plantas entre lo que el magma calcinó. El enfriamiento del río incandescente modeló formas diversas en las rocas, y también tubos de lava al enfriarse el exterior y atrapar burbujas de aire.

Precisamente teníamos curiosidad por entrar en alguno de esos túneles de lava. Algunas empresas de actividades de aventura organizan excursiones de medio día para explorar esas oscuras y estrechas cavidades. Como la espeleología no es lo mío, y no considero a la claustrofobia mi compañera ideal, sólo queríamos un contacto superficial con esas entrañas de la tierra.

Aparcamos donde se suponía que existe un tubo de lava, aunque no está señalizado. La casualidad quiso que justo en ese momento pasasen tres tipos equipados con cascos, linternas y arneses. Tenían toda la pinta de ser monitores de una de las agencias de aventuras, y al preguntarles se ofrecieron a acompañarnos al tubo de lava. El espacio es realmente estrecho y hay que pasar gateando. Con unos minutos tuvimos suficiente para sentir la necesidad de volver a la luz.

 

Anse des Cascades

Continuamos en coche por el sur de Isla Reunión y hacemos la siguiente parada en Anse des Cascades, la bahía de las cascadas. Ya estamos en la costa este de la Isla Reunión. Llegamos a mediodía, momento en el que podemos comprobar la popularidad del lugar para los habituales picnics de los reunioneses. No nos costó nada sucumbir a la tentación de picnear en un entorno tan agradable.

El entorno no sólo resulta refrescante por la abundante sombra, sino también por las cascadas que acompañan a la vegetación del acantilado. En época de lluvias debe de resultar más vistoso, ya que, incluso llegan a caer cascadas sobre el mar, como delatan las huellas en forma de cortinas marcadas en los acantilados rocosos.

Fruto del árbol de vacoa

 

Takamaka. El valle de las cascadas.

El valle de las cascadas. Así es Takamaka. Pero no es un valle cualquiera, sino, al estilo reunionés. La escenografía se revela de lo más abrupta y espectacular. Es un puñado de perpendiculares montañas, como ya hemos visto en otros lugares de la isla, forradas de un verde salvaje, por cuyo regazo serpentea la riviere des Marsouins. Pero además, en este caso te aderezan el espectáculo con multitud de cascadas descolgándose como guirnaldas, entre el verdor de la vegetación.

Existen dos miradores muy accesibles hacia Takamaka. Uno de ellos lo conocimos hace unos días desde el Bosque de Bélouve. Al otro, llegamos ahora por carretera desde Saint Benoit en poco más de veinte minutos. El punto panorámico consigue dejarnos boquiabiertos una vez más en la Isla Reunión. Sólo necesitamos aparcar el coche y aguardar con paciencia que se marche un grupo de jóvenes criollos para gozar del panorama en soledad.

La Rivière des Marsouins se ha afiliado al relieve escarpado. Al río no le queda otra que saltar continuamente para abrirse paso en los desniveles del terreno. Su fuerza es aprovechada en varias minicentrales hidroeléctricas. Y es que el agua, junto el sol, son dos fuentes principales de generación eléctrica en la isla, complementadas con central térmica, y aprovechamiento energético de las fábricas de caña de azúcar. Además, existe en la isla un sistema de almacenamiento de energía eléctrica y control inteligente para maximizar el uso de las energías renovables y conseguir la autonomía energética isleña.

Habíamos pensado recorrer el embarrado sendero que parte del mirador de Takamaka, y que nos hubiese acercado a algunas cascadas, pero el horrible tráfico reunionés siempre nos tragaba más tiempo del que pensábamos.

Por la tarde, con el contraluz de frente, las fotos son horribles, así que nos quedaba disfrutar del momento en vivo y en directo. Desde luego que meternos por esos desfiladeros en helicóptero fue una pasada.

En Takamaka suenan acordes musicales, o eso me parece a mí, mientras el día consume sus últimas luces y las montañas acunan el fluir del río. Podría quedarme extasiándome hasta que la oscuridad apague el escenario.

Todavía nos quedaba un buen rato por carretera para llegar a nuestro alojamiento de esa noche, en Saint Denis. Era viernes por la noche, y la capital estaba de lo más animada. Los reunionenses se arreglan para salir y se notaba perfectamente quiénes éramos turistas.

Cenamos muy bien en un restaurante con música en vivo, al estilo Bob Marley: tartar de atún y fideos negros con insípidos mariscos del Índico.

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Isla Reunión: trekking, coche y helicóptero

 

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