Sistelo – Val glaciar do Vez PORTUGAL norte - Valdevez


Un día radiante de septiembre. Los viñedos comienzan a enrojecerse. La estrecha y sinuosa carretera baja valles y sube montes en continuas curvas por el Portugal profundo de pequeñas aldeas agrícolas con cultivos dispuestos en terrazas, mientras nos dirigimos a Sistelo desde Riba de Mouro, freguesía del municipio de Monção.

En esta carretera se nos cruza la freguesía de Merufe, donde permanece la iglesia que pertenecía al antiguo convento de monjas. Dicho convento daba cobijo a los peregrinos en su camino a Santiago durante la Edad Media. Y fue el que dio origen a esta población.

El pequeño Tíbet portugués. Sistelo

Sistelo es una de esas aldeas del Portugal rural que pervive escondido del mundo. Es un lugar increíble, cualquiera diría que está en las faldas del Himalaya; por eso lo llaman “el pequeño Tíbet portugués”. Refugiado en el valle, rodeado de verdes terrazas que trepan por las montañas a su alrededor………..un paisaje esculpido por el hombre hace siglos. Sin embargo, estamos en las faldas de la Serra da Peneda, en el municipio de Arcos de Valdevez, y, como Portugal tiene identidad propia, las canciones tradicionales que suenan por los altavoces del pueblo se encargan de recordarlo: “quita roupa, quita roupa……………” incita a bailar a brincos.
Es adorable!

Este año hemos tenido la suerte de recibir copiosas lluvias en septiembre, y se ha puesto todo precioso, parece primavera, más que finales de verano. El día promete ser excitante.
A pesar de su carácter rural y agrícola, de sus casas labriegas, de su iglesia rústica, de sus bancales escalonados, un edificio llama la atención en Sistelo. Se trata de un castillo construido en el siglo XIX.

Ruta de senderismo: Brandas de Sistelo

Iniciamos nuestra caminata en Sistelo, bajando junto a la iglesia hasta orillas del río Vez. El río baja bastante cargadito de agua, en un entorno de verdor junto a unos antiguos molinos de agua. Un puente de piedra cruza el río; sin embargo, nosotros continuamos sin cruzarlo, subiendo por una tradicional calzada empedrada, coronada por viñedos emparrados.

Nuestro camino prosigue entre terrazas de cultivo apoyadas en muretes de granito. Toda esta configuración agrícola dispone de un sistema de regadío mediante canales que transportan el agua. La música no para de sonar………… Se pueden recorrer muchos caminos por el mundo adelante, pero lo que nunca me he encontrado en ningún sitio, es poder recorrerlos escuchando música ambiente. Ellos también pueden realizar sus faenas agrícolas escuchando canciones. Con música, la vida es más agradable.

Los portugueses, siempre dispuestos a un rato de conversación, hacen nuestra caminata todavía más amena y agradable. Tanto si pasan con sus vacas o con sus carros, si recogen hierba, uvas, o si apañan sus aperos, siempre parecen deseosos de hacer una pausa y charlar con quiénes se crucen. Las mujeres visten de luto, a la moda de la zona.

El día transcurre de lo más apacible en la aldea de Padrão, a 500 m de altura. Los paisanos realizan sus labores, ajenos a cualquier tipo de ajetreo. Un conjunto típico de hórreos, una diminuta iglesia, sus casas de piedra, y un paisaje espectacular que el hombre ha modelado para buscarse sustento.

El empedrado camino bajo las parras con uvas maduras nos da un respiro, descendiendo al alejarnos de Padrão, y ésta es la imagen que nos deja con su falda de socalcos.

A partir de entonces, dejamos de oir las canciones portuguesas, y es el sonido del río el que toma el relevo como banda sonora, acompañado del cacareo de las gallinas en cada aldea.

Cruzamos el río, justo ahí forma una pequeña cascada.

Tras la minúscula capilla de Santo Antón reemprendemos la subida, con unas vistas impresionantes.

Así, llegamos a Porta Cova, otra aldea tradicional encaramada sobre la ladera vestida de terrazas agrícolas. El río baja con fuerza, y los hórreos gozan de una soleada orientación.

La subida continúa, y el panorama resulta extraordinario, contemplando Padrão y Porta Cova, las laderas, el valle…….

Los surcos del paso de las ruedas de carros son visibles en las losas de granito que revisten el camino empedrado, el cual sigue subiendo, con algunas rampas más duras.
Nos adentramos a continuación en un bosque frondoso que crece en el entorno de riachuelos. De vez en cuando, alguna vaca de larguísimos cuernos afilados, raza típica de la zona, se nos queda mirando con cara extrañada.

Superados los 800 m de altura, han quedado atrás los valles. La zona alta de la sierra se muestra más agreste, poblada de pinos y matorrales. Un descanso se impone, tomando asiento sobre una superficie rocosa en un espacio abierto con amplias vistas.

Al igual que en muchos otros lugares de montaña, en esta sierra también se practican actividades ganaderas, cuya intensidad ha ido decayendo. Los pastores usan las brandas como lugares de vivienda durante el verano. Varias son las establecidas en esta sierra, la primera que encontramos en nuestra ruta es la Branda Pardelhas.

Si el valle era un deleite para los sentidos, la parte alta de la sierra no es para menos. Unas zonas son más agrestes y otras más arboladas, estas últimas en las proximidades de riachuelos.
La siguiente Branda es la do Furado. Al lado de las antiguas cabañas de pastores han construido nuevas casas en toda su expresión, que ahora utilizan como viviendas de vacaciones o fin de semana. Enfrente divisamos la Branda de Santo Antonio de Val de Poldros.

Y algo hay que comer, o sea que otra parada se impone, con vistas al Valle Glaciar del Vez. Hace miles de años, este valle estaba ocupado por un glaciar que modeló su paisaje. Sus huellas son visibles en los bloques graníticos arrastrados por el hielo que han quedado depositados en la superficie del valle.

Las cumbres rocosas de la Serra da Peneda se exhiben al fondo, mientras continuamos cuesta arriba, hasta llegar a 1100 m de altura.
La panorámica de la que gozan estas vacas de montaña es amplísima hacia el norte de Portugal y sur de Galicia. Ellas se dedican a pastar y a contemplar; no saben que cuánto más gorditas, peor para ellas.

El descenso comienza entre formaciones graníticas. Yo visualicé este pájaro. Las vistas durante el descenso son para gozar.

Pasamos por la Branda Costa do Salgueiro, ¡qué solazo! Con gorro bajo el sol, y hasta el gorro de sol.

Y en éstas, llegamos a la Branda de Crastibó. Consiste en un montón de cabañas de piedra en ruinas, en las que ya no queda techo. Se nota que en sus tiempos debió de ser prácticamente un pueblo, y seguro que tenía más animación que ahora. Podría ser un magnífico conjunto etnográfico si algún día alguien se preocupase por recuperar las cabañas. Actualmente se encuentran en abandono invadidas por la vegetación. La naturaleza vuelve a su lugar.
Cardenhas es el nombre que reciben estas cabañas, en las que habitaban provisionalmente los pastores. Construidas con lajas de granito, de tejado cónico, en ellas se cobijaban personas y ganado.

Descenso y más descenso recorriendo encantadores lugares, hasta que volvemos a encontrar ante nuestra vista el valle de Sistelo. Su imagen de laderas escalonadas en terrazas luce ahora bañada por los cálidos rayos del sol de la tarde. Un regalo para la vista.

Pasamos Porta Cova y Padrão, y en cuanto nos acercamos a Sistelo, nos reciben los cánticos portugueses que emiten los altavoces callejeros. Altavoces que después retransmiten la misa a viva voz, no sólo para todo el pueblo de Sistelo, sino también para todo el valle.

Me ha encantado la ruta, me ha parecido preciosa de principio a fin, ni un minuto de desperdicio.
Es necesario llevar gorro y mucha agua, hay pocas sombras.

Noche estrellada y visible Vía Láctea………el camino celeste.

Iglesia de Ribas de Mouro

Comer y dormir

Alojamiento:

Durante 2 noches nos alojamos en Cantinho do Cantador, una casa rural recién reformada y reconvertida en un par de apartamentos del más moderno diseño. Un alojamiento fantástico, con todas las comodidades, decorado con exquisito gusto. Pero, sobre todo, una amabilidad y hospitalidad de los propietarios totalmente fuera de serie, pendientes del más mínimo detalle y cuya máxima preocupación era hacernos sentir felices. Estrenado en julio-2015, con terraza para desayunar y con todo lo necesario para quedarse a vivir una buena temporada. Se ubica en la freguesía de Riba de Mouro, perteneciente al municipio de Monçao. El único problema es que esta aldea no dispone de restaurante, y hay que desplazarse unos 10 Km. Pero el bacalhau con broa se merecía bajar de noche por aquella carreterita de montaña, y después volver a subirla.

 

Restaurantes que catamos:
Ponte Velha, en Ponte do Mouro: buen bacalhau con broa
Restaurante Dias, en Merufe: No tenía muy buena pinta, pero la comida resultó muy rica, aunque les hicimos encender las brasas a propósito para un bacalhau y un costeletón de vitela.

 

Track de la ruta senderista

Descargable para GPS: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=11073514

 

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