Las alturas del Sani Pass y las montañas de Lesotho LESOTHO


Estábamos dispuestos a llegar a Lesotho, país de montañas infinitas y de extrema pobreza. Un país de altura, que los nativos llaman “el reino de los cielos”. Allí reina la belleza de lo desolado. Un país que parece estar protegido por una gigantesca muralla, que son las Drakensberg. Estábamos seguros de que la excursión en 4×4 al Sani Pass nos trasladaría a lugares increíbles, ascendiendo a este paso de montaña que comunica rudimentariamente Sudáfrica con Lesotho.

Nos preparamos para comenzar la excursión al Sani Pass

En nuestro alojamiento de Himeville, un bed and breakfast, la pelirroja y grandullona propietaria nos servía un abundante desayuno en su detallista salón. El desayuno hubiese servido para subir el Sani Pass a pie: huevos, tomate, patatas, beicon, yogur, tostadas, fruta, mermelada, café……………
Ella era la reencarnación de Mildred Roper. Se notaba que había acumulado recuerdos de toda una vida. Nos enseñaba fotos de Himeville nevado y nos contaba que en invierno alcanzan -10 ºC. Nosotros ya habíamos notado el bajón de temperatura, y que esta zona es mucho más fresca que Drakensberg norte y central.

En los alrededores de Himeville abundan los eucaliptos, también las redondeadas colinas, y algunos laguitos rodeados de plátanos coloreados de otoño.

Al Sani Lodge Backpackers llegamos en 15 minutos en coche desde Himeville. Porque ahí comenzaremos una excursión guiada al Sani Pass y al escondido país de Lesotho. El camino al Sani Pass es tan malo que sólo se puede subir en 4×4. La regordeta negra comprobaba nuestros datos para la excusión que habíamos reservado por correo electrónico unos días antes.
Un colorido pajarillo que revoloteaba entre las flores nos entretenía mientras preparábamos nuestros bártulos, conocíamos a nuestros compañeros por un día, y nos repartíamos los completísimos paquetes de picnic.

En Land Rover por un Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad

En un viejo pero robusto Land Rover emprendíamos la excitante subida al paso de montaña, justo cuando el sol comenzaba a ganar terreno a las nubes. Las cumbres de más de 3000 m se empezaban a destapar.

Nos acompañaban 5 alemanas, 2 holandesas, y Stuart, un guía blanco muy dicharachero.
La alemana que se presentó calzando sandalias abiertas y luciendo uñas de pies pintadas de rojo no debía de saber que en Drakensberg se esconden varias docenas de tipos de serpientes, algunas muy venenosas.

Pronto comenzaba el meneo africano por la accidentada pista de tierra que conduce a lo alto de estas montañas de rocas basálticas. Menudos golpetazos se dieron las placas tectónicas hace millones de años para hacer emerger estas montañas. Y así, hasta 5 bruscos movimientos, que fueron originando distintas superposiciones de capas.
Por los profundos surcos de las montañas bajan corrientes de agua que siguen erosionando y modelando un paisaje realmente peculiar y diferenciado.

¡Cuánto ha cambiado el medio! ¡Pensar que, en el pasado, estos valles estaban ocupados por helechos arbóreos! Así trataba de imaginármelo, muy diferente a como lo estaba viendo. Ahora sólo unas cuantas proteas se elevan del suelo. Sus cientos de especies endémicas de flora, su fauna, y sus pinturas dejadas por los bosquimanos en las rocas, convierten este espacio en un área de enorme riqueza natural y cultural. Pertenece al Parque Natural uKahlamba-Drakensberg, que se expande 200 Km de largo y 30 Km de ancho. Por ello, es Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad.

Carretera al Sani Pass

Trámites aduaneros a 2000 m de altura. Es a partir de entonces cuando el paisaje incrementa su dramatismo y espectacularidad.
¡¡¡¿Qué se le pasaría por la cabeza a aquél pionero que fue el primero en subir este paso para comerciar con los basotho?!!!

Stuart era un fenómeno localizando animales, incluso los más pequeños: ni aves, ni reptiles, ni roedores le pasaban desapercibidos. Bueno, es que era buenísimo como guía y como conductor. Seguro que ya ha hecho el tour cientos de veces, y sin embargo, no ha perdido ni pizca de entusiasmo ni de frescura en sus explicaciones.

Las paradas eran continuas, y la admiración no tenía fin. Los pronunciados zig-zags nos conducían hacia las alturas. Estábamos a punto de traspasar esos murallones pétreos de cientos de kilómetros de longitud. Desde distintas perspectivas los habíamos visto durante los anteriores días, más allá de los cuales parecía acabarse el mundo.

Llegamos a Lesotho, más allá de Drakensberg

La destartalada oficina migratoria de Lesotho se sitúa a 2884 m de altitud, justo en el paso de montaña. La bandera ondeaba al viento y el fresco se notaba. En invierno alcanzan -20 ºC. Justo ahí, Stuart nos agasajaba con unos buñuelos calientes comprados a los basotho………sabían a churros.

La carretera era mucho mejor al otro lado de la frontera, en Lesotho. Está siendo construida por los chinos, toda la maquinaria es china. Los negros curran y los chinos supervisan………..Tienen claro lo que buscan: facilitar la salida al mar de lana y minerales, que después usarán en sus manufacturas.

Una altiplanicie encuadrada entre montañas domina el paisaje. Tierra de pastores, de rebaños de ovejas, dura vida en humildes cabañas, sin leña para calentarse, sin electricidad……….o con placas solares algunos afortunados. Aquí habitan durante 9 meses al año, hasta que llegan las nieves invernales y bajan a zonas menos inhóspitas.
A uno de esos poblados nos acercamos. Un par de jóvenes se aproximaban tocando una guitarra construida con un bidón de plástico y una barra metálica.

Poblados de pastores en el Altiplano de Lesotho

Lesotho, país de montañas infinitas y de extrema pobreza. Un país de altura, que los nativos llaman “el reino de los cielos”. Nosotros continuábamos subiendo a las alturas, contemplando la belleza de lo desolado. Un país que parece estar protegido por una gigantesca muralla, que son las Drakensberg. A modo de una fortaleza defensiva gigante, estas montañas semejan capaces de proteger cualquier ataque guerrero. Tal vez, por ello los zulús las llamaban uKahlamba, que significa la barrera de lanzas. Aunque esto no son más que imaginaciones mías. La leyenda oficial cuenta que los zulúes sentían que los sonidos de los truenos sobre las montañas eran similares a los sonidos provocados por sus lanzas al golpear los escudos de sus enemigos en sus numerosas batallas.

Paisajes del altiplano de Lesotho

Los pastores de Lesotho

En una corta caminata llegábamos a nuestra zona de picnic, a 3300 m de altitud, con vistas al montañoso paisaje. Ni un árbol. Un par de jóvenes pastores se nos acercaron, con ellos compartimos nuestra comida. Su vestimenta consistía en unas mantas colocadas directamente sobre su piel y abrochadas con imperdibles. Cubrían su cabeza con un pasamontañas. Unas botas altas, un colgante al cuello y el típico bastón llamado malamo completaban su atuendo.
Mi curiosidad se centraba en averiguar si vestían alguna prenda para tapar sus intimidades por debajo de la manta. En un momento en que la manta se abrió por encima del muslo, lo conseguí.

Supongo que tanta era la soledad que sentían que no apartaban la vista de nosotros mientras comíamos. Nosotros sentados, y ellos de pie frente a nosotros, ante el viento sibilante. Éramos su televisión, su reality show. Se partían de risa pidiéndonos que les fotografiáramos y viéndose después su imagen. Inocencia absoluta.
Probablemente no han visto un televisor en su vida, ni una lavadora, incluso ni un libro………….quizás ni saben leer. Tal vez ni siquiera conocen los teléfonos móviles, que los indígenas de otros países usan con soltura, o como mucho los habrán visto en manos de algún turista haciendo fotos. Seguro que las palabras codicia, avaricia, insolidaridad, no existen en su vocabulario.
No saben nada del resto del mundo, pero seguro que conocen sus montañas mejor que nadie.

Poblado Basotho

Regresando al poblado basotho, teníamos la oportunidad de probar el pan cocinado con leña, y una bebida parecida a la sidra, pero muy ácida. Lo hacíamos sentados en corro en el interior de un rondavel, las chozas redondas de los nativos, construidas en piedra y forradas interiormente con barro. De barro era también el suelo, en cuyo centro se situaba la hoguera en la que cocinan. El techo constaba de varios troncos acarreados desde lejos, sobre los que colocan paja. Sin ventanas, la diminuta puerta es el único punto de ventilación. Y, sin embargo, el interior se mantiene cálido.

Reino de tradiciones tribales, país de pasado caníbal, y presente cristiano amalgamado con tradiciones paganas. Con menos de 50 años de vida como país independiente. De superficie similar a Galicia, es un país “cerca del cielo”……….En ningún otro país del mundo su punto de mínima altitud es más elevado que en Lesotho.

Stuart nos había mostrado el Thabana Ntlenyana, que, con sus 3482 m de altura, es la montaña más alta del sur de África. Como en todas partes, las montañas siempre tienen algo de sagrado.
Una corta incursión en Lesotho que me sabido a poco y me ha dejado con ganas de más.

El Sani Pub

Abandonábamos el “reino del cielo” para visitar el Sani Pub, el pub más alto de África, a 2874 m de altura. A pesar de la niebla, las vistas eran espectaculares hacia toda la vertiente de subida al Sani Pass desde Sudáfrica. Una bebida caliente resultaba reconfortante.

Aunque llovía cuando iniciamos el descenso del Sani Pass, poco después salía el sol. En cualquier caso, todo un espectáculo. Los zig-zags de la carretera volvían a resultar excitantes. ¡Gran excursión!

Noche en Himeville

El pub de Himeville rebosaba animación por la noche………..noche de viernes. Todo el pueblo socializaba en el bar, de cualquier color, y además, con música en vivo. Felicitamos al músico, que era bastante bueno tocando la guitarra y entonando con voz melodiosa. El ambiente nos invitaba a una nueva cena carnívora.

Repetíamos lugar, ya nos habíamos ganado la confianza de unos cuantos “himevillenses”. Tras un rato de charla no pude evitar preguntar: “En un país con semejante conglomerado de diferentes comunidades, ¿te sientes sudafricano?”………”Ahora sí, después de todo lo que hemos pasado”

Alojamiento en Himeville: Arbuckle House bed and breakfast. Tremenda terraza que tenía nuestra habitación

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Sudáfrica, Lesotho y Swazilandia

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