Ruta por el Valle del Mosela ALEMANIA


Al oeste de Alemania se extiende el Valle del Mosela, que recorremos en esta ruta en coche. Visitamos sus pueblos medievales, algunos castillos, y miradores con preciosas panorámicas. Su cultura vinícola está presente en cada rincón, y configura bonitos paisajes de viñedos que escalan por las laderas del Mosela.

La variedad de uva Riesling se cultiva en la región para producir vinos blancos. Estamos en el estado Renania-Palatinado. El siglos pasados, el río Mosela ejerció de importante vía comercial y ahora actúa de arteria para el tránsito de barcazas turísticas. El valle del Mosela atesora hermosos pueblos medievales con casas de madera entramada, que en gran parte resultaron destruidos durante la II Guerra Mundial y han sido reconstruidos siguiendo los modelos de arquitectura tradicional.

Bernkastel-Kues

Nuestro vuelo aterriza puntual en Frankfurt-Hahn. El aeropuerto es pequeño y todo va rápido. Recogemos el coche de alquiler y tomamos el shuttle que nos traslada al aparcamiento de vehículos alquilados, situado a 2 Km de la Terminal.

Nuestro primer destino de este viaje por el Valle del Mosela es Bernkastel-Kues, encantador pueblo emplazado a orillas del río Mosela. Necesitamos una media hora escasa para cubrir los 30 Km de distancia desde el aeropuerto. Apenas hay tráfico por la carretera sin arcén. Bastante recta al principio, discurre entre campos de cultivo cuyas cosechas estaban recién recogidas en septiembre. Después, al internarnos en un desfiladero boscoso, las curvas son interesantes.

Llegamos a Bernkastel-Kues al atardecer. Tranquilo y animado a la vez, nos sentimos a gusto paseando por las calles adoquinadas. El buen tiempo anima a ocupar las terrazas y cenar al aire libre en el último suspiro de verano. Las fachadas de entramado de madera aportan un atractivo aspecto.

Notamos que hay mucha gente mayor, muchos jubilados. Se ve que eligen sus vacaciones en una temporada más tranquila, fuera del auge veraniego.

El nombre compuesto de Bernkastel-Kues se debe a la unificación de los pequeños pueblos de Bernkastel y Kues a principios del siglo XX, los cuales se asentaban a ambas orillas del río Mosela, ahora comunicadas por un puente. En el río observamos numerosos cruceros fluviales turísticos.

En la oficina de turismo nos entregaron un mapa y varios folletos y nos explicaron lugares interesantes de la zona……….¡una chica hablaba español!!

El castillo se erige en lo alto de una colina, dominando el valle fluvial, mientras que los viñedos recubren las laderas. Es bonito. Me hubiera gustado subir al castillo a la puesta de sol, pero ya llegamos tarde.

Al alojarnos en  Bernkastel-Kues tenemos ocasión de conocerlo de día y de noche. Es delicioso pasear de noche por el pueblo medieval, cuyos balcones lucen floridas macetas. Nos acercamos a la Plaza del Mercado, la Marktplatz, con su fuente central encuadrada entre casas históricas que exhiben las típicas fachadas de entramado. Es una plaza muy bonita. Uno de los edificios es el antiguo ayuntamiento, el Rathaus. Otra casa que llama la atención es la Casita Puntiaguda, la Spitzhauschen, de estrechísima fachada. Nos recuerda la práctica medieval del pago de impuestos en función de la anchura de la vivienda, y por eso muchas casas eran estrechas y altas.

Markplatz de Bernkastel-Kues

Spitzhauschen en la Markplatz de Bernkastel-Kues

Bernkastel-Kues a orillas del río Mosela

Bernkastel-Kues

Por la mañana nos dirigimos al castillo en coche, el Burgruine Landshut. La estrecha carretera serpentea entre el bosque. A pesar de que el castillo está en ruinas a mí me parece muy atractivo, especialmente por su enclave. Es una magnífica atalaya sobre el pueblo, ofreciéndonos estupendas vistas al meandro del Mosela. Las pendientes laderas se tapizan de viñedos, mientras que los bosques pueblan las zonas interiores.

Se puede acceder libremente al interior del castillo de Landshut, e incluso han montado un bar con terraza panorámica. ¡Qué gustazo!. Subimos hasta la torre más alta para deleitarnos con el panorama que compone por el río Mosela.

Castillo de Landshut en Bernkastel-Kues

Vistas de Bernkastel-Kues desde el castillo

Donde dormir y cenar en Bernkastel-Kues:

Rotisserie Royale Gästehaus am Schlossberg: Nos alojamos en esta pequeña guesthouse, muy céntrica, que también dispone de un buen restaurante.  Reservé directamente por email. Se sitúa en la Burgstrase, en pleno casco medieval, calle que cuenta con varios restaurantes con terraza. Creo que no sería nada difícil encontrar alojamiento en esta época si se viene sin reserva. Abundan las pequeñas casas de huéspedes.

Cenamos muy muy bien en Rotisserie Royale: carne de gamo en salsa de vino con amplia guarnición de verduras, pasta y setas. Ñoquis con lentejas, verduras, queso……y unos cuantos ingredientes más, y salsa de vino. Pastel de frutos rojos con salsa de yogur y frutas. Todo estaba riquísimo. Fue el día que mejor comimos en Alemania.

Ruta por el norte del Valle del Mosela

Dedicamos un día a recorrer la carretera que circula al borde del río Mosela entre Bernkastel-Kues y el castillo Burg Eltz. El río forma amplios meandros, por lo que las distancias se alargan. Otra forma de conocer el Mosela es tomar alguno de los barcos que navegan por sus aguas, ya sea en recorridos cortos entre pueblos cercanos (hay barcos de línea), o en cruceros de varios días.

Otra atractiva posibilidad sería disfrutarlo en bici, opción elegida por muchos y de hecho vemos a bastantes jubilados montados en bicis eléctricas. O bien a pie, ya que incluso hay un Camino de Santiago de 155 Km entre Koblenz y Trier. Me habría encantado pedalear por la estupenda vía cicloturista, pero la previsión meteorológica nos hizo desistir de emprender la experiencia.

Partiendo de Bernkastel-Kues nos dirigimos hacia el norte, hacia Cochem. Debemos cruzar el puente para seguir la carretera que discurre todo el tiempo a orillas del río. Es lenta, ya que continuamente atravesamos pueblos con límites de velocidad a 30 Km/h. Hay que tomarse la conducción como una actividad turística y relajada. La verdad es que me daban mucha envidia las bicis que pasaban.

Se nota que aquí el otoño llega antes. Ya han vendimiado, e incluso en algunas fincas están ya podando los viñedos, con tractores mecanizados que bajan por el inclinado terreno y parece que se van a despeñar en cualquier momento. A todos nos llaman la atención y nos entretenemos observando las maniobras. Los árboles empiezan a adquirir tonalidades otoñales.

 

Mirador de Mont Royal

La primera parada es un mirador que me han recomendado en la oficina de turismo. Se sitúa en Kröv y nos dirigimos a Landal Mont Royal, desviándonos de la carretera del río. El pueblo de Kröv sigue la tónica de la zona. Muy limpio, cuidado y tranquilo. Como para quedarse una temporada y dedicarse a dar paseos a pie y en bici.

Una curiosidad de Mont Royal es la fortaleza que construyó Luis XIV para vigilar y defender la zona cuando invadió los valles del Mosela y del Rin. Ahora existe una red de senderos que recorren el monte y permiten acceder a las ruinas subterráneas de la fortaleza. Vemos unos bungalows chulísimos con estupendas vistas y también hay restaurante.

Allá abajo queda Traben-Trarbach, otro pueblo de nombre compuesto originado por la fusión de ambos pueblos a cada orilla del río.

Vistas del Mosela desde Mont Royal

Fortificaciones de Mont Royal en Krov

 

Traben-Trarbach

Seguimos a continuación a Traben-Trarbach, pueblo donde únicamente hacemos una breve parada, ya que no es tan bonito como otros.  En cualquier caso, la arquitectura típica y el paseo a orillas del río bien merecen un paseo.

El cierre del puente de Traben por obras nos obliga a seguir por la orilla occidental del Mosela hasta Reil para cruzar el río por el siguiente puente (esta carretera es mucho más estrecha).

Hotel Bellevue en Traben-Trarbach

 

Zell

Nuestra siguiente parada es el pueblo de Zell. Se ha puesto a llover, así que echamos mano de chubasqueros y paraguas para un paseo por este pueblo, otro de los que destacan en el Valle del Mosela.

Zell se extiende en forma longitudinal a orillas del río. La calle principal está repleta de restaurantes y tiendas de venta de vino. Catar vino es una actividad que tiene mucho éxito en todos estos pueblos vinateros. Se nota que es muy turístico, aunque en estas fechas la afluencia de visitantes es escasa.  El pueblo está totalmente rodeado de viñedos que trepan por las laderas. Las casas cuelgan sobre el río a una y otra orilla.

En los alrededores de Zell existen numerosos miradores, pero el día no es propicio para acercarnos a ellos. Llueve, y es mejor dedicar el día a ruta en coche, pueblos y castillos. Por eso nuestro paseo por Zell es breve y ponemos rumbo a Burg Eltz.

Zell

Vista de Zell

 

Ediger

Avanzando por la carretera nos tropezamos con este pueblecito bañado por el Mosela que me gustó mucho. Ediger-Eller posee una hilera de casas con fachadas de entramado al borde de la carretera. No es para entretenerse mucho tiempo en una visita turística, aunque sí que parece agradable relajarse a orillas del río. Así lo deben de pensar también los usuarios de los montones de caravanas que vemos aparcadas en un entorno rodeado de vegetación. La vía cicloturista también pasa por aquí, y qué ganas de recorrerla!!.

 

Beilstein

Es otro pueblo precioso, con sus casas de tejados de pizarra y bonitas fachadas reflejándose en el río. No falta su castillo en lo alto, sus viñedos, sus bosques…. Muy pequeñito, pero encantador.

 

Burg Eltz

Es el castillo más famoso del Valle del Mosela y cierra a las 17:30 en esta época. Después retrocederemos para visitar Cochem más tarde. Accedemos desde Moselkern, donde está indicado el acceso al castillo, sólo que indica dos opciones y elegimos la menos conveniente. Nos extrañó llegar al aparcamiento y ver que sólo había 2 vehículos. Pagamos los 2 € en el parquímetro de la explanada y tomamos el sendero descendente que se adentra en el bosque y que dista 1,7 Km del castillo.

Accedemos a Burg Eltz desde el desfiladero tras cruzar un pequeño río, momento que os permite advertir su situación inexpugnable. Al llegar al castillo me doy cuenta que la gente viene andando por una carretera que imagino que comunica con el otro aparcamiento. También se puede tomar un minibús para desplazarse de dicho aparcamiento principal al castillo.

Cuando llegamos al castillo, justo comenzaba la siguiente visita guiada en inglés, penúltima del día. Así que pagamos los 10 € por persona que cuesta la entrada, y para adentro.

La verdad es que este tipo de visitas a castillos cada vez me motivan menos, pero bueno, ya que es una de las estrellas del Valle del Mosela, no nos la vamos a perder. El guiado dura 40 minutos, durante los cuales nos muestran varias estancias y nos narran la historia del castillo desde su construcción hasta la actualidad.

Antiguamente pertenecía a 3 familias, cada una poseía una parte con sus propias entradas independientes. Ahora sigue siendo de propiedad privada, pero pertenece a una única familia. Recorremos salones, dormitorios, la capilla, la cocina, etc. Cada habitación conserva su decoración con muebles y utensilios de épocas pasadas, frescos en las paredes, cuadros, tapices, objetos valiosos….. Me llama la atención el colorido y la luz. Las estancias cuentan con ventanales y vidrieras que, además de dejar entrar la luz, permiten contemplar el paisaje del desfiladero boscoso desde el interior. No permiten tomar fotos en el interior.

Castillo Burg Eltz

 

Cochem

Cochem es, junto con Trier, la localidad más turística y más grande del Valle del Mosela, pero además, Cochem es precioso. El bullicio inunda sus calles y plazas de arquitectura típica encerradas entre la antigua muralla. El castillo, Reichsburg Cochem, domina el pueblo desde lo alto de un promontorio. Se distingue muy bien desde el puente o desde diversos puntos al lado del río. Su visita nos quedó pendiente por falta de tiempo.

Callejeando pasamos por la iglesia de St. Martin (Martinskirche) y llegamos a la plaza Markt, ¡qué bonita!. Las fachadas de entramado le aportan su carácter tan característico. Callejuelas empinadas ascienden por la ladera mientras que un paseo llano se extiende al borde del río. Cochem está repleto de bares, restaurantes, terrazas y tiendas. Por supuesto, es posible hacer excursiones en barco partiendo de su embarcadero.

Vista de Cochem

Castillo de Cochem

Markplatz de Cochem

 

Ha sido un día completito y algo apresurado. Hubiéramos necesitado más tiempo para digerirlo mejor. Nos deberíamos haber quedado a dormir en Cochem porque la visita se nos quedó escasa. Pero ya estaba decidido alojarnos en Trier, por lo que todavía nos quedan 100 Km por delante, que recorremos por la autopista que enganchamos a unos kilómetros de Cochem.

 

Ruta por el sur del Valle del Mosela

Trier

En nuestro viaje por el Valle del Mosela visitamos la ciudad de Treveris-Trier durante una mañana que amanece gris y fea. Cerrado de niebla y con una persistente llovizna. Chubasqueros y paraguas nos van a acompañar en nuestra visita a esta ciudad que es Patrimonio de la Humanidad desde 1986.

Trier era una importante ciudad en la época romana, denominada Augusta Treverorum en aquel entonces. En el año 300 tenía 80.000 habitantes y era la ciudad más grande al norte de los Alpes. Quedan numerosos vestigios romanos así como monumentos de otras épocas, y por eso esta pequeña ciudad contiene bastantes atractivos turísticos. Además se emplaza a orillas del río Mosela, en cuyas laderas se cultivan viñedos, por lo cual la cultura vinícola está muy presente.

Comenzamos el paseo atravesando la Porta Nigra, la cual da paso al centro histórico. La Porta Nigra tiene 2000 años de historia, puesto que fue construida en época romana como puerta de acceso al casco amurallado. La piedra negra es su identidad propia y por eso es el símbolo de la ciudad.  El monumento está acompañado de elegantes edificios que se extienden por la Christophstrasse.

Porta Nigra de Trier

Justo al pasar la Porta Nigra nos tropezamos con la oficina de información turística donde pedimos un mapa y nos marcaron los principales monumentos de la ciudad.

Seguimos caminando por la amplia avenida comercial, Simeonstrasse, que nos conduce a la Hauptmakt, la plaza del mercado, poco después de fijarnos en un trío de casas antiguas con fachadas de entramado.

La plaza medieval Hauptmark es bonita. La rodea un conjunto de fachadas diferentes que entonan perfectamente entre sí. Entre ellas, el edificio del antiguo ayuntamiento, el Steipe, del siglo XV (de fachada blanca y tejado de pizarra) y la Torre del Reloj de la iglesia de San Gangolf. En el centro de la plaza echamos un vistazo a la colorida fuente de S. Petrus y a la Cruz medieval que en la Edad Media indicaba el derecho a mercadear en este lugar.

Hauptmark de Trier

Desde la plaza advertimos la presencia de la Catedral de San Pedro, que sobresale en una calle lateral que mira hacia la plaza, edificio al cual nos dirigimos a continuación. Me resulta difícil definir su estilo. Es un lugar bastante venerado, ya que atesora restos de la túnica sagrada. El sótano alberga una capilla subterránea.

Órgano de la Catedral de San Pedro, en Treveris-Trier

Adjunta a la catedral se halla la Iglesia de Nuestra Señora, del siglo XIII. Su interior se baña de luz gracias a las coloridas vidrieras. Es la iglesia gótica más antigua de Alemania.

Iglesia de Nuestra Señora en Trier

No tenemos que caminar mucho para llegar al siguiente monumento relevante. Se trata de la Basílica de Constantino, en honor a Constantino I el Grande. Data del siglo IV. En esos momentos se celebraba un culto religioso, por lo que no permitían visitas. Apenas puede asomarme para echar un vistazo a su interior de la época romana. El edificio se construyó sin columnas, como el Panteón de Roma, y por eso impresiona ver el  espacio tan amplio.

El Palacio Episcopal se encuentra al lado de la Basílica. Está acompañado por unos cuidados jardines con sus correspondientes fuentes. Desde luego, su estilo se ve de otra época.

Palacio Episcopal de Trier

Cruzando los jardines llegamos a las Termas romanas, ubicadas en el extremo opuesto de los jardines. La visita cuesta 4 €. El recinto es amplio y da idea de cómo debía de ser en la antigüedad este complejo de ocio e higiene, aunque ahora se encuentra en un estado muy deteriorado. Las termas constaban de piscinas frías y piscinas calientes que se calentaban mediante una red de galerías subterráneas a las cuales podemos acceder. Un auténtico laberinto. Eran los Baños Imperiales del siglo IV, cuando Treveris era un importante centro de administración del imperio romano.

Baños Imperiales de Trier

Desde los Baños nos encaminamos al Anfiteatro romano, que se emplaza fuera del casco histórico. Tardamos unos 5 minutos a pie. Otros 4 € cuesta la entrada. El anfiteatro se construyó alrededor del año 200 d.C., al mismo tiempo que la muralla de la ciudad. Tenía capacidad para 20.000 espectadores. Siempre asociamos este tipo de recintos con las batallas de gladiadores, pero, al parecer, al menos en este caso, también se celebraban actuaciones musicales y festivales religiosos. Tenemos oportunidad de caminar por la arena y de subir a la parte superior del graderío para obtener una panorámica del espacio. Lo que más me gustó fue bajar a los subterráneos, donde antiguamente se preparaban los cambios de escenario.

Después de caer en desuso este tipo de festejos, el anfiteatro fue abandonado. Con el reflorecimiento de la ciudad de Trier en la Edad Media, la piedra de los asientos fue utilizada para nuevas construcciones e incluso se llegaron a plantar viñedos en las gradas.

Sin duda, Trier conserva un poquito de la cultura de cada pueblo que pasó por aquí.

Anfiteatro romano de Treveris-Trier

Dormir y comer en Treveris-Trier

Nos alojamos en Berghotel Kockelsberg. El hotel ocupa una antigua mansión señorial con aspecto casi de castillo. Las habitaciones son bastante sencillas, están bien. El edificio es muy bonito. Se ubica a las afueras de Trier en una posición elevada con estupendas vistas al pueblo y rodeado de bosques.

Qué tierna imagen nos encontramos una noche al volver al hotel. Unas crías de gamos cruzaban la carretera correteando cuando pasamos nosotros.  

Una noche cenamos en el restaurante del hotel, que nos dejó un poco desencantados. Es que estaba el listón muy alto con la cena de Bernkastel del día anterior, que estaba riquísima. Aquí tomamos filete de lucio en salsa de almendras con patatas hervidas y ensalada. Solomillo de cerdo con setas en salsa de nata, gusanillos de pasta y ensalada. Apfel strudel con nata y helado de vainilla.

Otra noche cenamos en Romantik Hotel Glocke. El local es curioso, me ha gustado mucho. Ocupa unas antiguas bodegas romanas. El servicio, bastante lento. Estaban desbordados. Era sábado por la noche y el restaurante estaba a tope. Tomamos varios platos de cerdo. Tienen cervezas locales artesanas.

 

Mirador de Leiwen

Finalizada la visita a Trier, la lluvia persistía, y aunque no parecía buen momento para disfrutar de paisajes, decidimos acercarnos al mirador de Leiwen. El Mosela describe un amplio meandro a su paso por la localidad de Leiwen, al igual que en otros puntos de su curso.

La hermosa panorámica de este meandro completo la obtenemos subiendo al Hotel Zummerthof. Se enclava en un lugar con vistas privilegiadas. Contemplamos en el fondo del valle los pueblos de Leiwen y Trittenheim, mientras que los viñedos se disponen en las laderas sobre el río Mosela.

La vista es estupenda, pero además, un expositor con varios tipos de tartas tienta en el interior del restaurante. Nos llamaban con insistencia. O sea que no pudimos resistirnos a tomar unas generosas porciones de tartas de chocolate y de frutos rojos frente a los amplios ventanales con vistas. El tiempo parecía mostrar una mejor cara cuando, de repente se desencadenó un temporal de vientos huracanados y fuerte lluvia que por suerte no duró mucho tiempo, aunque dejó la carretera llena de ramas.

Mirador de Leiwen: Valle del Mosela

 Nuestro viaje continúa por el Valle del Rin.

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