Revash y Leymebamba, entre tumbas y momias PERU - CHACHAPOYAS


Puntuales se presentaban a recogernos en el hotel para la excursión a los mausoleos de Revash y al Museo de las Momias de Leymebamba. Compartiríamos el día con varios compañeros: 3 españoles, una francesa, un australiano, 2 bielorrusos…………..¡también los bielorrusos viajan!. El guía no sabía lo que le esperaba sentándose a mi lado,………una ametralladora de preguntas, y así nos iba explicando muchísimos detalles de la historia y geografía de Perú.

Excursión desde Chachapoyas a Revash y Leymebamba

Excursión contratada en una de las agencias de la Plaza de Armas de Chachapoyas (Turismo Explorer). Da igual cuál elegir, ya que juntan a los clientes entre todas, y contratan a los guías que necesiten cada día de un pool de guías autónomos.

Nuestra dirección hacia el sur, de Chachapoyas a Leymebamba, transcurría siguiendo el curso del río Uctubamba, que en esta zona fluye menos encajonado. Estando en la región de las nubes, llamaban la atención las laderas pobladas de cactus.

Mausoleos de Revash

La pequeña aldea de Hierba Buena servía para proveernos de agua y fruta. La carne seca compartía tendal con la ropa.

De vegetación menos frondosa y montañas menos verticales que al norte de Chachapoyas, lo más llamativo del paisaje eran los pliegues geológicos sobre lo alto de los cerros. Es como si alguien hubiese enrollado gigantes tiras de plastilina de diferentes colores, unas sobre otras. Los 9 Km de pista enroscada hasta el poblado de San Tomás se hacían largos, en continuo traqueteo.

San Tomás podría confundirse con una aldea de montaña del norte de España. Sus casas lucen balconadas de madera, y sus calles están empedradas. Pero, sus gentes son diferentes, realizan labores artesanalmente, ya sea arrastrando arados con bueyes, tejiendo, o majando el grano. Es como volver muchos años atrás. Se fijaban en nuestra llegada en furgoneta, aunque nos miraban con cierta indiferencia.

Aldea de San Tomás


Resulta curiosa su arquitectura típica, usando vigas de madera amalgamadas con adobe.

Unos 2 Km de caminata con vistas abiertas al valle, y unas cuantas casitas salpicadas, era lo que nos separaba de los mausoleos de Revash.

Escuchando las explicaciones de nuestro guía místico, Luis, observábamos los mausoleos desde cierta distancia, una vez que llegamos a su base. Nos preguntábamos por qué motivo a las gentes chachapoyas se les ocurría enterrar a sus muertos en lugares tan inaccesibles. Y es que estos mausoleos de enterramientos colectivos están incrustados en un paredón vertical de roca, formado por los plegamientos geológicos. Quizás les querían obsequiar con vistas paisajísticas para la eternidad, o quizás dejar que se embelesasen contemplando las noches estrelladas.

Mausoleos de Revash

Vistas desde los Mausoleos de Revash

Se supone que Revash pertenece a distintas épocas. Las tumbas en forma de casitas fueron inicialmente construidas por los chachapoyas. Tras su conquista, los incas también las usaron. Dada su visibilidad, las tumbas han sido profanadas y las momias expoliadas.

La pintura rojiza de óxido de hierro se encargaba de la decoración, y podíamos observar figuras pintadas de animales, soles o símbolos. Las interpretaciones de la cruz simétrica son dispares, una de ellas apuesta por la representación de los puntos cardinales.

Mausoleos de Revash

Vistas desde Mausoleos de Revash

Pero es desde cerca, a su lado, desde dónde podíamos apreciar mejor su estructura y sus formas. A mí me parecía un pueblecito en miniatura.

Llegar al primer sector de mausoleos no suponía ninguna dificultad. Llegar al segundo sector nos ponía en un aprieto, trepando y reptando.

¡Qué vistas gozaban los muertos!

 

Leymebamba. El tétrico Museo de las Momias

Nuestro recorrido proseguía hasta Leymebamba, por una estrecha carretera de continuas curvas. El río Uctubamba nos seguía acompañando. En sus orillas crecen algunos árboles, o se cultivan pequeños huertos.

Tras el almuerzo en una rústica taberna de Leymebamba tocaba visitar el Museo de las Momias, que se constituyó para reunir y exhibir los objetos y las momias hallados en la Laguna de los Cóndores, también conocida como Laguna de las Momias.

Plaza de Leymebamba

Ocurrió en 1997. Unos campesinos encontraron vestigios del pasado junto a la laguna de orillas boscosas. Comenzaron las investigaciones y, la sorpresa fue mayúscula, al descubrir tantas momias agrupadas. Para evitar los saqueos, todos los hallazgos fueron trasladados en mula a la pequeña población de Leymebamba, que, de arquitectura tradicional entre suaves cerros, se ubica a 2 horas escasas de Chachapoyas.

Recorrer las salas del museo nos permitía adentrarnos en la cultura chachapoyas, que alcanzó su desarrollo durante los siglos VIII al XV, terminando conquistada por los incas.

Vasijas de cerámica pintadas, telas, utensilios de uso cotidiano, objetos destinados a ofrendas, se recuperaron de la laguna de los Cóndores, lugar en el que convivían vivos y muertos, pueblo y enterramientos.

Objetos de la cultura chachapoyas recogidas en el Museo de Leymebamba

Se cree que los haces de hilos con nudos representaban un sistema numérico de cuentas. Otros sostienen que podría tratarse de un método de escritura. Sigue siendo uno de los muchos enigmas pendientes de resolver de estas civilizaciones. ¿De dónde llegaron estas gentes de piel tan blanca? Nadie lo sabe.

Sin duda, lo más impactante es la colección de 219 momias recuperadas del entorno de la laguna, las cuales podemos ver en el museo, cara a cara. Adultos, niños y bebés parecían clavar sus miradas en quienes los contemplábamos detrás del cristal, como queriendo decir algo, con expresiones desencajadas. Cuando encienden la luz frente a la cristalera y te encuentras con más de 200 momias mirándote, te recorre un escalofrío.
(Está prohibido fotografiar las momias auténticas, sólo se puede tomar foto de alguna réplica que muestra cómo estaban envueltas en fardos).

Réplica de momia chachapoyas en el Museo de Leymebamba

Los chachapoyas fueron los primeros en asentarse en ese poblado, al borde de la laguna. En el museo aprendimos las diferentes técnicas de momificación, como la poco depurada que practicaba esta civilización, dejando secar los cuerpos al aire, para recoger los esqueletos y colocarlos en las posturas que han permanecido hasta hoy. Después los envolvían en telas de algodón, sobre las que pintaban caras, y las protegían entre tablas de madera, a modo de fardos. Así, podían trasladarlos, ya que estas culturas vinculaban la vida con la muerte, y permanecer al lado de sus ancestros era una práctica común.

Los incas descubrieron este escondrijo y continuaron la tradición, aunque practicando un proceso de momificado mucho más sofisticado, vaciando las vísceras.

Hoy en día, llegar a la Laguna de las Momias requiere 9 horas a caballo o 15 caminando. Aunque no es más que un aperitivo. Se han descubierto mausoleos en otras lagunas cercanas, pero todavía no hay dinero para excavarlos. Aunque, gracias a fondos extranjeros, han puesto vigilancia para evitar los saqueos.

La verdad es que esta excursión me ha gustado más de lo que me esperaba, a lo que ha ayudado la buena compañía. No tenía claro si hacerla, y me alegro de haber cambiado Karajía por esto.

 

Para comer y dormir en Chachapoyas

Hotel París

Este día cambiamos de restaurante en Chachapoyas y elegimos el Tushap, por recomendación de un par de navarros que conocimos en la excursión. Es una parrillada con muy buena carne. Cuadril de res, bife de res con patatas y ensalada, palta.

 

Ruta a los mausoleos de Revash

Descargable para GPS: es.wikiloc.com/wikiloc… d=11903107

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Perú norte. De los glaciares a la selva

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