De Phobijka a Dochula: monasterio Lungchutse mirando al Himalaya BUTAN


Resultaba fantasmagórico el amanecer sobre el valle de Phobjika. Nuestro destino final del día será el paso de montaña Dochu La, para recorrer el Lungchutse Hiking Trail hasta el retirado y solitario monasterio de Lungchutse.

Amanecer en el valle de Phobjika

La noche había cubierto de blanco el valle de Phobjika, con una fina capa de hielo que comenzaba a evaporarse al calor de los primeros rayos de sol.

Como el desayuno tardaba, nos lanzamos a descubrir el discurrir de las primeras horas del día en esta aldea del valle.
Los granjeros ya habían comenzado a faenar, atendían a su ganado o se ocupaban del campo.
Los monjes acudían a que los convidasen a desayunar. Como rezan por todos, nadie les niega una invitación a su casa para comer, beber o tomar té.
Los niños, aprovechando que era domingo y no tenían colegio, volvían de hacer algunos recados.
Las vacas nunca faltan, deambulando libres por las carreteras de tierra o pastando en los prados.

Magnífico era el valle glaciar, y muy humildes las granjas a su alrededor. Un lugar precioso. Para quedarse más tiempo y recorrer más a fondo estos lugares.

Si un escritor observase este lugar, podría relatar la sensibilidad que se percibe, podría describir el vuelo de las grullas de cuello negro y el sonido del silencioso fluir.

Si un pintor colocase aquí su lienzo, podría plasmar la serenidad y armonía del entorno.

Valle de Phobjika

Todavía no estaba servido el desayuno cuando regresamos a la granja-alojamiento, y eso que el sol ya empezaba a calentar. No eran nada simpáticos estos granjeros. Mucho más agradable resultaba charlar con el resto de huéspedes, y sobre todo no apartar la vista de la eterna sonrisa del venezolano. Arroz con chiles para desayunar. Dicen que el chile activa el metabolismo. Nosotros optamos por sabores más ligeros.

Del valle de Phobjika a Dochu La

Nuestro destino final del día será Dochu La. Y hacia allá nos vamos.

La pista de tierra por la que recorríamos longitudinalmente el valle de Phobjika nos dejaba unas imágenes tan bonitas que, de haberlo sabido, habría pedido que el coche nos recogiese en el otro extremo. Me habría encantado recorrerla a pie, sorbito a sorbito, en vez de tragarme todos aquellos baches.

Valle de Phobjika

Y otra vez la tortura de horas y horas de carretera de curvas y agujeros, a menos de 30 Km/h. Subiendo montañas y después bajando a los valles. Bosques indómitos, torrenteras poderosas, monasterios perdidos, granjas colgadas de precipicios, terrazas de cultivos, gentes sentadas al borde de la carretera. Naturaleza inexplorada. Paisajes que son una pasada, pero que no es posible disfrutar cómo se merecen.

De Phobjika a Dochu La

Al pasar por Punakha nos volvía a encantar el color verdoso del río que serpentea por el valle, y la disposición de cultivos y aldeas trepando por las laderas.

Valle de Punakha

La carretera de ascenso hacia Dochu-La seguía en obras. Los bosques son inacabables. Las apartadas granjas se salpican por la difícil geografía configurada por las montañas. Nunca faltan monasterios budistas, innumerables en Bután, situados en los más retirados lugares, generalmente en lo alto de las colinas, buscando el retiro espiritual.

Subiendo de Punakha a Dochu La

 

Dochu La

Por fin llegamos a Dochula Pass, ¡Qué mareo! Tantas horas en coche, tantas imágenes, tantos lugares, y me vuelvo con la impresión de no haberlos palpado, ni escuchado. El tiempo perdido en comidas es excesivo. Por mucho que nosotros intentemos apurar, siempre hay que esperar a que termine el guía, y ese tiempo sería muy aprovechable haciendo alguna parada por el camino.

Este tipo de viajes con todo programado no es lo mío. Si lo que yo necesito ahora es aire fresco! Y me da tanta rabia no haber podido parar, no haber podido disfrutar de lugares tan bonitos. Y cuando pienso en los 2 días que pasamos en Thimphu, ahora me parecen excesivos, en vez de haberlos podido aprovechar en otro sitio.

La comida en la Tea House de Dochula es muy buena, y el local muy agradable, con sus enormes ventanales mirando al Himalaya.

Vistas al Himalaya desde Dochu La

Estupas de Dochu La

 

Lungchutse Hiking Trail

En Dochu La comenzamos el Lungchutse Hiking Trail, que partiendo de 3100 m, alcanza una cota máxima de 3569 m.
El bosque inicial es precioso. Los altísimos árboles forrados de musgo buscan la luz. Los caducifolios ya habían perdido las hojas. Grandes rododendros y altísimos cipreses. Ningún turista.

Incluso a 3300 m siguen creciendo helechos, musgos, prímulas color púrpura, y por supuesto, varias de las 48 especies de rododendros que habitan en Bután.

Lungchutse Hiking Trail

A 3400 m de altitud, los rododendros exhibían sus troncos rosados. Otros, continuaban cubiertos de verdes musgos, creando un conjunto muy peculiar. El pulso se aceleraba al ascender a estas altitudes. El bosque verde y rosado. Una belleza. Así sí que me siento feliz. Silencio…………. No oíamos nada, casi no quedaban pajaritos en otoño, ya han emigrado a zonas más cálidas.

 

Monasterio de Lungchutse

Llegábamos al monasterio de Lungchutse tras hora y media larga de ascensión por su único camino de acceso. Su ubicación es imponente. En lo alto de una montaña, a 3560 m de altura, dirigiendo la mirada al Himalaya, a esas montañas que jamás han sido escaladas. Como el Gangkhar Puensum, que, con sus 7570 metros, presume de ser el lugar más alto del planeta que jamás ha sido alcanzado por humanos. Las montañas son sagradas. En ellas habitan los espíritus y no se debe ir a molestarlos.

La paz era absoluta en el monasterio de Lungchutse. Era domingo, día que los monjes aprovechan para bajar a los pueblos en busca de provisiones. El monasterio estaba solitario. Sólo un par de monjes tomaban un baño en un apartado rincón, en una tina de agua caliente inmersa en la naturaleza. Llegué con ventaja y me maravillé del espectáculo en soledad.

Instantes así son los que para mí concentran la magia de viajar.

Monasterio de Lungchutse

Gran lugar, que me ha hecho olvidar la paliza en coche. Divisábamos la cordillera del Himalaya a lo lejos, el valle de Punakha, Dochula, e incluso el valle de Thimphu.

Vistas al Himalaya desde el Monasterio de Lungchutse

Vistas desde el Monasterio de Lungchutse

La luz estaba preciosa al atardecer, cuando descendíamos por el bosque, iluminando los musgos de los troncos e intensificando las tonalidades del follaje.

Lungchutse Hiking Trail

Y una vez que abandonamos el bosque, desde el entorno más despejado de Dochu-La, el espectáculo de luces y sombras era absoluto.

Atardecer en Dochu La

 

Alojamiento en Dochu La

Esa noche éramos los únicos clientes en el hotel de Dochula, el Dochula Resort. Una habitación estupenda, frente al Himalaya, a 3100 m de altitud.

Para cenar, lo de siempre: pollo, verduras, arroz, patatas y sopa.

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Bután: reino del Himalaya

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