Patan, la antigua ciudad newar de Lalitpur NEPAL - Kathmandu


Por Patan pasearemos entre edificios de arquitectura newar y el bullicio callejero. La antigua ciudad de Lalitpur se emplaza a corta distancia de Kathmandu.

 

Ciudad de Patan o Lalitpur

Taxi a Patan, 20 minutos. He leído que de Kathmandu se puede ir andando hasta Patan. Quizás por distancia, sí, pero, yo la calificaría como una de las caminatas más duras del mundo, ……….en ausencia de oxígeno. ¡Es que respirar este aire! Y no me lo quiero imaginar en verano, juntando esta contaminación con el calor.

La más antigua de las tres principales ciudades del valle, fundada en el año 299, es mucho más agradable que Kathmandu. Patan es tradicionalmente conocida como Lalitpur, aunque no le faltan varios otros nombres: Lalitpatan, Yala, Yupagram, Maningal. Echa un aire a Bhaktapur, con su suelo de terracota rojiza.

Su plaza Durbar es peatonal. Aunque hay que dedicarse a esquivar a las multitudes, al menos no hay que preocuparse por esquivar a las motos, ni soportar sus continuos pitidos. Considerada la mejor agrupación de arquitectura newa de Nepal, Patan es Patrimonio de la Humanidad.

Supongo que en sus tiempos, Kathmandu, Lalitpur y Bhaktapur rivalizaban en poderío. Y que sus reyes competían por poseer los más suntuosos palacios y por ganarse las bendiciones de los dioses construyendo los más fastuosos templos.

Plaza Durbar de Patan

Palacios, templos, fuentes, estatuas, se han ido reconstruyendo tras los grandes destrozos causados por el terremoto de 1934. Trabajos que todavía continúan, usando “tecnología punta”. Con una agradable temperatura de noviembre, paseábamos por la plaza. Desfilábamos entre un impresionante conjunto monumental, construido entre los siglos XIV y XVIII, durante la dinastía Malla.

Preciosas y laboriosas las tallas de madera en ventanas, columnas, tirantes de los edificios, representando dioses multi-brazos, animales con largos bigotes o afilados dientes, flores de loto simbolizando la creación.
Para acceder a la plaza hay que comprar una entrada (500 rupias). Se necesita otra entrada de 400 rupias para entrar al palacio real y al museo.

Al igual que en Kathmandu y Bhaktapur, el palacio real de esta antigua ciudad estado se sitúa en la plaza Durbar. Varios patios, templos, estatuas, la puerta dorada, leones, fuentes, componen este edificio por el que el rey se paseaba cuando la ciudad era un reino independiente, antes de la unificación de Nepal como país en 1768.

Plaza Durbar de Patan

En el museo podíamos ir entendiendo, por ejemplo, el significado de las distintas posturas de los dioses, o de sus múltiples cabezas, brazos, ojos.

La Torre del Reloj, en la azotea del museo, nos ofrecía unas vistas estupendas de la plaza.

El alboroto exterior se debía principalmente a la celebración de una ceremonia religiosa al aire libre. Las mujeres ocupaban los puestos de honor. Sonaban canciones al ritmo de los tambores, y las campanas repicaban.

Vistas desde la Torre del Reloj en la Plaza Durbar de Patan

Plaza Durbar de Patan

Pero, en cuanto abandonamos la plaza para dedicarnos a recorrer las callejuelas de Patán, el ejército desordenado de motos nos acorralaba.

Entre tiendas de recuerdos, pintores concentrados en sus dibujos, puestos callejeros de comida, marañas de cables, bonitas ventanas de celosías de madera, partidas de ajedrez en el suelo………íbamos descubriendo templos, como el de Kumbershwar, de 5 tejados. Muchos fieles se entregaban a sus rituales religiosos. Montones de moscas revoloteaban sobre los restos de las ofrendas. No olía a flores, a pesar de las muchas que deshojaban para depositar a los dioses. Madera, terracota, muchas figuras, y un par de estanques sagrados completaban el conjunto.

Templo Kumbershwar  de Patan

En el Templo Dorado, la ostentación alcanza un grado superlativo, brillando intensamente, y decorado profusamente. Por unas escaleras se accede al templo tibetano; nada especial.

Templo Dorado de Patan

Algunas plazas, ¡incluso con árboles, especie tan excluida de estas ciudades!, nos brindaban amparo frente al jaleo de las calles.

Curioseando por los patios interiores, a alguno de los cuales llegábamos por tétricos pasadizos, siempre aparecían estupas, altares, o elementos de oración. Parece que la vida no se entiende sin religión en cada esquina. Dicen que hay más de 1200 monumentos budistas en Patan, en Lalitpur, ¡qué barbaridad!

Estupa en Patan

Docenas y docenas de tiendas vendían estatuas de budas o de dioses, la mayoría pródigamente doradas.

Alejándonos de las zonas más turísticas, la gente nos miraba casi con tanta fijación como los ojos achinados de las estupas.

En los mercados callejeros vendían de todo. Las ollas hervían en la calle, desprendiendo extraños olores.

Las telas que vendían en las tiendas eran tan vistosas como las de las túnicas que arrastraban las mujeres por las polvorientas calles. Telas color mostaza, púrpura, barro, calabaza, berenjena, encarnado. Calles a las que iba a caer de todo, daba igual que se tratase de los más diversos envoltorios, restos de comida, o cualquier utensilio sobrante.

Cansados de tanto templo y de tan desbordante vitalidad callejera, elegimos la terraza de una cafetería con vistas a Durbar Square para reponer fuerzas antes de regresar a Kathmandu.

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Nepal 2014: Langtang

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