Mirador del fin del mundo en Guadix (Granada) GRANADA


Una foto que había visto del Mirador del Fin del Mundo me resultaba sugerente. Aquel paisaje de un rojizo cañón rocoso en el sur de España  me llamaba la atención. Así que, buscamos la forma de llegar a este mirador. Para ello debemos dirigirnos a Beas de Guadix, en Granada.

Mirador del Fin del Mundo en Beas de Guadix

Llegar a Beas de Guadix desde Granada es muy fácil. Se trata de seguir la autovía A-92 en dirección a Murcia y Almería y tomar la salida a Beas de Guadix. Quedaba atrás Sierra Nevada cuando atravesamos la Sierra de Huétor, superando los 1300 m de altitud. Se alternan pinares y alcornoques en los parajes rocosos de esta sierra.

Purulleno es el primer pueblo que pasamos al salir de la autovía. Vemos que algunas cuevas trogloditas han sido convertidas en museos a la vez que observamos unos cuantos restaurantes.

Las casitas blancas de Bejas de Guadix se apoyan en una pared arcillosa muy erosionada. La carretera para llegar al Mirador del Fin del Mundo deja Beas de Guadix a la derecha, girando a la izquierda justo frente al pueblo. Una pista cruza el río y después asciende fuertemente. Es una pista homigonada por la que hay que conducir con cuidado, ya que es estrecha, zigzagueante y tiene considerable pendiente de subida. Una vez que acabamos la pista hormigonada sigue una pista de tierra y ahí es donde nos detenemos. Un ajado letrero verde indica el “Fin del Mundo”, aunque no existe un mirador con plataforma ni nada similar, sino un punto panorámico natural sobre el entorno.

Enrevesada carretera de acceso al mirador del Fin del mundo

Sin embargo, el cañón que había atrapado mi atención en la fotografía no es tan estrecho como imaginaba. Me supone cierta decepción, aunque me conformo con contemplar un paisaje peculiar al atardecer, adquiriendo tonalidades anaranjadas con la luz del sol. La naturaleza ha labrado un paisaje desgastado en torno al Valle del río Alhama, de cerros arcillosos que encierran cuevas o dan cobijo a blancas aldeas. La vegetación es escasa, apenas algunos olivares, y a mí me da la sensación de estar en otro país. Es lo que llaman las “Malas tierras”, las Badlands.

Mirador del fin del mundo en Guadix

Sierra Nevada vigila desde la distancia, compartiendo el blanco de sus cumbres con el encalado de las fachadas de las casas.

Vista de Sierra Nevada desde el Mirador del fin del mundo de Beas de Guadix

 

En los alrededores: Las cuevas de Guadix

Museístico carácter adquieren varias cuevas de Guadix. Sus propietarios permiten visitas gratuitas y venden objetos típicos, aunque a mí me resulta violento inmiscuirme en su intimidad y visitar las estancias en las que viven, tal como invitan. Son sus propias casas, donde siguen habitando como lo hicieron sus antepasados hace 500 años. Según nos cuentan, comenzaron a ser ocupadas por los moriscos cuando fueron expulsados de Granada.

En las viviendas-cueva no necesitan calefacción ni aire acondicionado, ya que mantienen una temperatura más o menos constante todo el año. Parece buena idea, aunque lo que a mí no me gusta es la falta de luz. Carecen de ventanas, puesto que están construidas bajo los cerros arcillosos.

Además, en Guadix nos acercamos a un par de miradores para apreciar la singularidad de este lugar. Se trata del Mirador de Padre Poveda y del Cerro de las Balas. Sobresalen las blancas chimeneas de las casas-cuevas despuntando entre el homogéneo color ocre de los cerros erosionados.

Mirador de Padre Poveda en Guadix

Mirador Cerro de las Balas en Guadix

Además, callejeamos un rato por el centro histórico de Guadix, sin encontrar nada especialmente atractivo para nosotros. Unas cuantas iglesias, entre ellas la Catedral, y calles muy solitarias. Ni un alma.

Catedral de Guadix

 Calle de Guadix

 

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