La Lobería de San Cristóbal y vuelo a Quito ECUADOR - GALÁPAGOS


Con nostalgia amanecía nuestro último día en Galápagos. Nos levantamos en cuanto empezaba a asomar la claridad con el fin de visitar la lobería de San Cristóbal, cerca de Puerto Baquerizo. En esta playa se concentraban antes los lobos marinos, aunque parece gustarles más la playa del puerto.

La Lobería de San Cristóbal

En el pueblo comenzaba la actividad cuando tomamos un taxi para desplazarnos los dos kilómetros y medio que distábamos de La Lobería. Desde el aparcamiento parte un sendero que discurre por la costa de lava hasta llegar a la Lobería.

Sendero a la Lobería de San Cristóbal

Las iguanas se desperdigaban por el camino, algunas contemplando el mar y otras vigilando cualquier sonido extraño. Después de haber realizado casi todas las visitas en grupo y con guía, yo percibía unas sensaciones nostálgicas al hacerlo en soledad, sobre todo, pensando que era el último paseo en las islas.

Como sospechábamos, tan sólo unos pocos lobos retozaban en la playa. La calma reinaba en el ambiente mientras caminábamos por la arena disfrutando de la tenue luz del amanecer. La costa de lava se extiende al final de la playa, pero un cartel prohíbe  pasar sin guía, ya que en los acantilados anidan las aves.

Playa de la Lobería de San Cristóbal

También avistamos algunas aves en la laguna costera, silenciosas y elegantes. Parecían acicalarse mirándose en el espejo de agua.

Despedida de Puerto Baquerizo Moreno

Una vez de vuelta en Puerto Baquerizo y tras desayunar, no podíamos evitar pasar a despedirnos de los lobos de mar, que seguían gruñendo, unos tumbados sobre las rocas, otros paseando por la playa, la mayoría refrescándose en el agua, y uno incluso bañándose en la fuente ornamental del paseo.

El mercado del pescado no es más que una mesa cerca del puerto donde los hombres limpian el pescado por la mañana.

A poco que estés por aquí, la gente ya te considera conocido, te saludan, te paran para charlas. Me he sentido muy a gusto en San Cristóbal. Se ha convertido en mi isla favorita por diferentes motivos. Nos despedimos de Eric con una nueva conversación. La verdad es que charlar con la gente nos ha abierto los ojos para saber cómo funcionan las cosas por aquí. Los habitantes de las islas las ven muy diferentes a cómo las vemos desde fuera. Un paraíso con corrupción, manipulaciones y penurias.

Lobos marinos nadando en Puerto Baquerizo Moreno

El aeropuerto está tan cerca que un taxi te acerca en dos minutos. Nuestro vuelo de LATAM a Quito con escala en Guayaquil transcurre plácidamente y puntualmente. Todo el mundo regresaba con una sonrisa de añoranza de un mundo en el que los dueños siguen siendo los animales.

Costa de San Cristóbal

En coche por la Panamericana

En el aeropuerto de Quito recogíamos un pequeño y carísimo coche de alquiler. Las dos horas de conducción hasta nuestro hotel en la zona del Cotopaxi no resultaban nada relajadas. De noche, lloviendo, por carretera desconocida, cruzándose peatones por los tres carriles en cada sentido de la Panamericana………..con tráfico intenso. Aunque lo peor fue el tramo de carretera de tierra hasta el hotel, embarrado y lleno de socavones…….. pinchamos una rueda del coche que acabábamos de estrenar, que ni siquiera tenía 100 Km y todavía mantenía los plásticos protectores en asientos y elementos interiores.

Nos alojamos en el hostal Cuello de Luna, cerca del Cotopaxi. De 0 a 3200 m de altitud. Del aire acondicionado de Galápagos a la calefacción de los Andes. Mala decisión ha sido elegir este alojamiento. Los dos kilómetros de pista de tierra desde la Panamericana son un horror. Casi nos quedamos embarrancados en el barro.

Al menos nos estaban esperando para cenar a tardías horas, aunque nada destacable resultó la cena: sopa de lentejas, durísima ternera a la plancha y tarta de plátano.

Habitación bastante confortable y desayuno bastante bueno: fruta, yogur, cereales, huevos, jugo, pan, café.

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Galápagos y Ecuador

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