Laguna Paikawe y la Troncal amazónica ECUADOR - ORIENTE 1


La Troncal amazónica ejerce de hilo conductor de nuestro último día en Ecuador. Comenzamos la mañana navegando en canoa por la Laguna Paikawe (en Puerto Misahuallí) escuchando los sonidos de la fauna de la selva, para continuar un itinerario en coche desde la selva hasta los bosques nubosos. Preciosos paisajes verdes.

Estamos en Tena, cálida ciudad del oriente ecuatoriano, una de las puertas de entrada a la región amazónica de Ecuador. Anoche, ojeando un folleto sobre atractivos turísticos de la zona me llamó la atención la Laguna Paikawe. Se trata de una laguna, o más bien una especie de canales de agua envueltos por vegetación selvática y cuya zona central también está ocupado por la selva.

Tal vez lo que me atrajo más fue saber que no es explotada turísticamente por agencias, sino que es el mismo propietario quién realiza paseos en canoa para observar la fauna, especialmente monos y aves.

La laguna Paikawe se ubica en Puerto Misahuallí, a 22 Km de Tena. O sea que, en nuestro coche alquilado allí nos hemos dirigido a primera hora de la mañana en nuestro último día en Ecuador.

Desde Puerto Napo, en la Troncal amazónica, la carretera se interna todavía más en la selva siguiendo el curso del río Napo hasta Puerto Misahuallí. Ahí ya no se puede seguir sobre ruedas. Más allá, la carretera es el río Napo, afluente del Amazonas. Las canoas motorizadas son el medio de transporte para trasladarse hasta las comunidades amazónicas que habitan en la profundidad de la selva.

Puerto Misahuallí dispone de varios restaurantes, y en la plaza elegimos uno para desayunar. Varios muchachos barqueros aguardaban la llegada de clientes y uno de ellos rápidamente nos abordaba para ofrecernos una excursión por el río. Nosotros necesitábamos llenar la panza y después cumplir nuestro propósito de visitar la laguna. “Ya veremos”, le contesté

Tras el completo desayuno a base de huevos, pan, jugo, café, fruta, nos hemos ido a buscar la casa de Pedro, el dueño de la laguna. Diría que hay un kilómetro de distancia desde el pueblo. Hemos tenido la suerte de encontrarlo y el privilegio de montar en su canoa a remos por un irrisorio precio. Durante una hora disfrutamos de una relajante navegación por la Laguna Paikawe escuchando la sonoridad de la selva. Los monos hacían piruetas sobre las ramas. Algunos pájaros se mostraban más tímidos escondiéndose entre el follaje. Otros se empeñaban en exhibir su plumaje desplegando sus alas. Raramente incluso se puede ver algún tigrillo, el gato salvaje de la amazonía.

Pedro nos explicaba las costumbres de los animales, mientras balanceaba el remo muy suavemente. Por momentos se callaba para que la única banda sonora fuese la naturaleza. Me brillaban los ojos cuando nos contaba que nos podría guiar por el Parque Nacional Yasuní, por la Amazonía más profunda, ajena a agencias turísticas. Sonaba a aventura de las buenas, viendo caimanes, anacondas, tucanes, durmiendo a la orilla de los ríos, topándonos a veces con comunidades indígenas que apenas tienen contacto con la civilización……………Espero poder hacerlo pronto.

En unas vacaciones tan acuáticas, este paseo en canoa suponía un broche perfecto. Más que navegar, nos deslizábamos sobre el agua.

Navegando en canoa por la Laguna Paikawe

Fauna de la Laguna Paikawe: monos

Fauna de la Laguna Paikawe: aves

Pedro nos contó que podríamos caminar por un sendero cercano que se interna en la selva, y donde se pueden ver tucanes. “Tengan cuidado con las serpientes. Son venenosas”. Lo intentamos. Encontramos el sendero pero ni rastro de los tucanes, y……….por suerte, tampoco de las serpientes. Las hormigas eran gigantes y había cientos. Las arañas, enormes. A la vuelta conocimos a Abel, que tenía ganas de echar unas parrafadas e incluso nos ofreció vendernos unos terrenos dedicados a cultivos de cafetales.

A Puerto Misahuallí volvimos para contemplar el río Napo, y quedarnos pensando en toda la selva que se extiende más allá. Sólo es alcanzable por agua.

El barquero seguía esperándonos, pero nada de lo que nos proponía logró convencernos. Visitar una comunidad indígena que cobra entrada por vestirse con hojas de palma y por bailar sonaba demasiado folclórico. Conocer el museo donde mantienen animales amazónicos en cautividad seguro que me pondría de mal humor. El pobre muchacho se quedaba sin negocio, a pesar del descuento que nos ofrecía sobre los precios que figuraban en el panel.

Contemplando la amplitud del río Napo, recordaba aquel día en Chazuta, en la selva peruana. Allí también se acababa la carretera, y el camino para seguir penetrando en la selva era el río. Pero en aquella ocasión todo surgió espontáneamente. Nadie ofrecía espectáculos folclóricos a los turistas.

Menudo tipo más afable el oficial de la Armada que se nos acercó: “Ah, turistas”. “Españoles”. “Nosotros nos encargamos de vigilar esta zona por si trafican con droga, para que ustedes estén seguros”. “Estamos para servirles en lo que necesiten”.

Puerto Misahuallí

Así finalizaba nuestro breve paseo por Puerto Misahuallí. Nos esperaban varios kilómetros de conducción por la Troncal amazónica. Es un gustazo conducir por esa carretera, sin tráfico, y dejando que la selva nos arrope. Se suceden las curvas y el verde.

Pasados los pueblos principales: Tena, Archidona, Cotungo, el entorno se desvela más solitario. Paramos a comer en un restaurante de carretera sin paredes, construido con troncos de bambú, abierto hacia la selva. Tremendo homenaje de gastronomía amazónica. Queríamos probarlo todo, aunque no conseguimos terminarlo. La tilapia es el pez de río típico, el cual cocinan envuelto en una hoja y sirven con yuca y ensalada. Además probamos los chontacuros, también con yuca y ensalada. Por si fuese poca yuca, nos pedimos una ración adicional de yuca frita. Y parrillada de cerdo a la brasa, con patatas y verduras. Vaya, que nos pusimos las botas.

Los chontacuros son gusanos de la amazonía que forman parte de la dieta de los indígenas amazónicos por su alto contenido nutritivo. La verdad es que asados a la brasa no saben mal, y su “exótica” textura se enmascara con la guarnición.

Chontacuros, gusanos de chonta

La carretera asciende, transitando de la selva al bosque nuboso. De vez en cuando, alguna cabañita de madera o de palma rompe la heterogeneidad vegetal. Hacia el oeste divisamos las cumbres de las montañas coqueteando con las nubes. Me gustaba tanto el paisaje que yo quería frenar el ritmo. Habría necesitado más tiempo para degustarlo con calma. Buscábamos puntos panorámicos para detenernos, aunque la verdad es que todo era panorámico.

Bosque nuboso en la Troncal amazónica

En la Reserva Ecológica Antisana parloteamos con el guardaparques. La vista era fabulosa desde su cabaña, la cual se ve desde la carretera. La reserva toma su nombre del Volcán Antisana, cuya silueta domina sobre el bosque nuboso. El guardaparques nos habló de un sendero que se adentra en el bosque selvático, aunque se requerían 5 horas para llegar hasta el fondo del valle.

Paisajes de la Reserva Ecológica Antisana desde la caseta del guardaparques

Había llovido tanto los días anteriores que resbalaban cascadas sobre las paredes de las montañas, aportando una belleza todavía superior. Las cascadas, la vegetación, las montañas………..Precioso!!

Paisajes de la Troncal amazónica

En la pequeña población de Baeza seguía luciendo el sol en un entorno rotundamente verde. Por aquí la vegetación ya deja se ser tan exuberante y aparecen praderas. Nos hemos despedido de la selva porque seguimos ganando altura. Los ríos descienden briosos desde las montañas para entrelazarse y formar los gigantescos ríos que se abren paso entre la selva amazónica.

En Papallacata, famosa por las termas, ya hemos superado los 3000 m de altitud. Y seguimos subiendo hasta más de 4000 m, para superar un puerto de montaña, dominado por el páramo andino. Hemos perdido el verde, y el paisaje se muestra más desolado. Pero es sólo momentáneo. Hemos visto tanta agua y tanto verde en Ecuador que creo que debería llamarse “Acuador”.

Laguna de Papallacta

El verde está de nuevo presente cuando nos aproximamos al aeropuerto, en esas montañas redondeadas forradas de prados, mientras nuestro viaje toca a su fin. Queda pendiente un próximo viaje para explorar el Ecuador continental.

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Galápagos y Ecuador

 


Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Un comentario en “Laguna Paikawe y la Troncal amazónica