Laguna Llaca: diosa de los paisajes. Y ruinas Wilcahuaín PERU - PARQUE NACIONAL HUASCARÁN


Impresionante no es el único calificativo que se me ocurre para describir la laguna Llaca. También sirven: magnífica, espectacular, imponente, brutal, grandiosa, formidable, una maravilla,………….. ¡¡Una diosa de los paisajes!!.
Su único defecto era estar tan lejos de mi casa.

Laguna Llaca, en el Parque Nacional Huascarán

El acceso a la Laguna Llaca sólo es posible en 4×4, y no se incluye en los circuitos más populares por el Parque Nacional Huascarán. Armando era nuestro conductor privado para llevarnos a la laguna Llaca, con quien contactamos por medio de nuestro hotel. Una persona de lo más servicial.

Dejando Huaraz, pronto tomábamos una pista de tierra pasando por el poblado de Mariam. Una humilde aldea de casas de adobe, donde la subsistencia no parecía fácil. Pequeños huertos, algunas ovejas, algunos eucaliptos para proveerse de leña. Muy pobre.

La pista se podría transitar en vehículo bajo hasta la bifurcación de caminos hacia la quebrada Cojup por la derecha, o a la Laguna Llaca por la izquierda. Era a partir de entonces cuando los botes causados por las piedras del camino descuajaringaban nuestros huesos.

Las vistas se iban ampliando a medida que ascendíamos la vertiginosa pendiente. Ganábamos altura sobre un valle verde que revelaba signos de glaciarismo. Los tejados de Huaraz brillaban al fondo del Callejón de Huaylas, y enfrente, la Cordillera Negra asomaba sus cumbres oscuras.

Vistas del Callejón de Huaylas y Cordillera Negra

El traqueteo era continuo, brinco tras brinco. El día era espléndido y la conversación con Armando giraba en torno a la diferencia de costumbres entre España y Perú. ¿Qué desayunan en España? ¿Qué música se escucha?……….íbamos satisfaciendo su curiosidad, y él la nuestra.

Al entrar en la Quebrada Llaca ingresábamos al Parque Nacional Huascarán. El bosque de quenuales poblaba la quebrada hasta media altura…….. Más arriba, la roca viva se elevaba en altos paredones verticales.

Quebrada Llaca

El guardia del parque prefería que lo acercásemos en coche a recoger su ganado, en vez de cobrarnos entrada.

Ingreso al Parque Nacional Huascarán

Los troncos rojizos de los quenuales destacaban entre el verde de sus hojas menudas. La estampa era preciosa mientras seguíamos el curso del río que recorría la quebrada. En forma ondulada, su color lechoso contrastaba con el verde del valle encajonado entre paredes verticales. Yo ya me estaba entusiasmando sólo con esto, y eso que aún no sabía lo que vendría después.

Quebrada Llaca

Con los huesos desencajados alcanzábamos el final de la trocha. Era turno de descanso para Armando y de una corta caminata para nosotros. Sólo subir unos metros por un empinado sendero, y ya divisábamos el sensacional panorama de la quebrada serpenteada por el río grisáceo de aguas glaciares.

Pero, es que sólo unos metros más, y nos encontrábamos ante una imagen difícil de olvidar………
La Laguna Llaca, a 4500 m de altura, enmarcada por las cumbres Ranrapalca y Ocshapalca, de unos 6000 m de altura, que cobijan glaciares. Realmente impresionante.

Laguna Llaca

Caminar por el sendero que bordea el lado izquierdo de la laguna nos permitía emborracharnos de belleza exultante. A casa paso, la perspectiva era diferente, y nuestro entusiasmo iba en aumento. El frenesí no tenía fin.

Creo que los instantes que pasamos tumbados en una playita a orillas del lago, contemplando las montañas de frente, fueron mis mejores momentos en Perú. Quizá, porque esas montañas y yo dialogamos. Me contaban que cada vez les cuesta más conseguir que los glaciares sigan abrazándose a ellas. Que notaban las cosquillas del agua resbalando por sus paredes. Que les parecía bien compartir algunos instantes con unos intrusos, pero que su destino es la soledad. Que les encanta reflejarse en la superficie del lago para mirarse y presumir de lo bien que les sientan los años. Dialogamos sobre los milenios transcurridos en esa escenografía custodiada por las cumbres heladas, y por la laguna que, cada siglo, progresa un poco más a costa de los glaciares condenados a menguar.

Sólo los sonidos del resquebrajamiento del hielo rompían el silencio. Ni rastro de vida humana ni animal, ni siquiera pájaros.

El nivel de aventura se acrecentaba cuando nos propusimos continuar, saltando rocas, para acercarnos al glaciar. Y tanto nos acercamos que incluso llegamos a caminar sobre el hielo cubierto de tierra y piedras. Era muy emocionante, aunque resultaba inquietante pensar que debajo de nosotros estaba el hielo, y que uno nunca sabe cuándo se le va a ocurrir derretirse.

Tras sortear rocas durante un buen rato, ya sólo teníamos delante el agua de la laguna sobre la que escurría el glaciar Llaca. El frente de hielo estaba ahí mismo, mostrándonos sus colores azulados, sus grietas y sus cuevas. Los nevados estaban tan cerca que casi los podíamos tocar. Esas puntiagudas formas de sus crestas parecían talladas a cincel, empujándonos la mirada hacia arriba.

Glaciar Llaca

Otra magnífica perspectiva de la Laguna Llaca la obteníamos desde una posición alta. Para ello sólo era necesario subir por un senderito que partía desde la cabecera de la laguna.

Armando se había quedado sopa dentro de la Hilux. Sin embargo, no nos costó mucho despertarlo para continuar nuestra excursión, apreciando las paredes descarnadas que en otros tiempos había ocupado el glaciar.

Sabíamos que nos esperaba de nuevo el traqueteo bote tras bote………No importaba, después de lo que habíamos vivido.

Ruinas Ichic Wilcahuain

Nuestros siguientes destinos del día no eran tan antiguos como los hielos milenarios………no acumulaban más de mil y pico años de antigüedad. Se trataba de ruinas de la cultura Recuay, que posteriormente fueron ocupadas por los Wari.

En Ichic Wilcahuain, varias son las construcciones que se conservan, viviendas y chullpas funerarias anexas, conectadas por galerías subterráneas, en su afán de convivencia entre los vivos y los muertos. A falta de unanimidad, se cree que datan del año 700 y pertenecieron a la cultura Wari. El nivel social de los fallecidos marcaba la forma y tamaño de su monumento funerario, denominado chullpa. Se conservan algunas cerámicas, aunque la mayor parte de sus contenidos ha sido saqueada.

Ruinas Ichic Wilcahuain

Wilcahuain

Muy cerca se sitúa Wilcahuain, otro recinto arqueológico. Las hipótesis apuntan a que su origen arranca de la cultura Recuay, y que posteriormente fue usado por la cultura Wari, quienes se supone que asentaron un centro de poder en la zona de Ancash. Ya fuese un mausoleo para personalidades destacadas o un templo sagrado, según diferentes versiones, lo que pudimos comprobar es que sus tres pisos están compartimentados interiormente en varias estancias, en las ya no se conservan las momias que alojaba.

Ruinas Wilcahuain

El día de difuntos en la cultura inca

Llegar a Wilcahuaín fue fácil, pero, salir……….no tanto! Porque faltaba lo más divertido del día. Había fiesta en el cementerio, y menudo jolgorio estaba montado. El día de difuntos se celebra por todo lo alto en el mundo andino. En su cultura, acudir al cementerio para reencontrarse con sus muertos no es triste. Para ellos, es motivo de alegría, y lo festejan comiendo y bebiendo en el camposanto junto con sus ancestros.

Y justo ahí había un gran cementerio, al lado de Wilcahuain. Por supuesto, estaba a tope. Innumerables puestos ocupaban los bordes del camino. Comida, bebida y flores eran los productos estrella.

Si ya resultó difícil avanzar sorteando los puestos y a la gente, más adelante se convertía en misión imposible. Los vehículos estacionados taponaban el camino. Aunque Armando activó las alertas y llamó a la policía, al final nos tiramos hora y media atascados. Yo me divertía, mirando todo lo que se cocía a mi alrededor. Un espectáculo en vivo. Las gentes se habían ataviado con sus mejores galas para la festividad. Lucían coloridos atuendos, elegantes sombreros y largas trenzas, y traían flores para adornar el cementerio.

Las vendedoras se partían de risa con lo que estaba pasando. Pronto entablamos conversación, me invitaron a cerdo asado, me regalaron flores. “¿Comen chancho en España? ¿Cómo lo cocinan?”……..querían saber.

El nerviosismo de Armando iba en aumento. Cumplir con sus turistas era su principal preocupación, aunque poco preocupados estábamos nosotros ante tal situación.

Al final, todo tiene solución, y la patrulla policial que se presentó consiguió despejar el camino.

Viendo la multitud que se concentraba en el cementerio, yo pensaba que Huaraz y alrededores se habrían vaciado. Pero, no. De regreso a Huaraz veíamos que las gentes de las aldeas terminaban las faenas agrícolas y volvían a casa acarreando leña para poder preparar la cena.

Cena: El Fogón, en Huaraz. Trucha rellena de champiñones (regular), lomo a la parrilla (bueno), tartas (regular).

 

Track de la ruta

Descargable para GPS: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=11902814

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Perú norte. De los glaciares a la selva

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