Glaciares de Nueva Zelanda NUEVA ZELANDA


Me resulta chocante ver fotos actuales de los glaciares de Nueva Zelanda. Los conocí en vivo y en directo en el año 2008 y no los reconozco cuando ahora los veo tan consumidos en las fotos.

Llovía a mares el primer día. No es nada extraño, ya que la West Coast de Nueva Zelanda recibe unos 7 metros de precipitaciones al año. ¡En este punto del planeta llueve tanto que no miden las precipitaciones en milímetros, sino en metros!. Aquella tarde de finales de la primavera austral, desde el mirador del Glaciar Fox, apenas distinguíamos una difuminada lengua de hielo entre la niebla. Ni siquiera acercarnos en coche al lago Matheson nos permitió gozar de esa imagen icónica del monte Cook reflejándose sobre el espejo de agua.

Ante semejantes condiciones, poco podíamos hacer ese día, más que informarnos de posibles excursiones para el día siguiente, cruzar los dedos para que mejorase la meteorología y deambular bajo la capucha del chubasquero por el exiguo pueblo de Franz Joseph.

El único motivo de existencia del pueblo de Franz Joseph no es otro más que el turismo. Alojamientos para todos los bolsillos, restaurantes y empresas de servicios turísticos copan las calles frecuentadas por viajeros llegados de todos los continentes. De forma análoga, existe un pueblo cercano al glaciar Fox, denominado Fox Village, a unos 20 Km de distancia de Franz Joseph.

 Glaciar Franz Joseph, uno de los glaciares de Nueva Zelanda

Menos mal que al día siguiente cambió el panorama y pudimos pisotear los hielos milenarios. Nos costó un poco decantarnos por el trekking sobre uno u otro glaciar, pero nos decidimos después de que en el Centro de Visitantes nos explicasen las peculiaridades de cada uno. Parecía más excitante trepar por las mayores pendientes del Franz Joseph que por las más suaves del Glaciar Fox.

Ambos glaciares se ubican dentro del Parque Nacional Westland Tai Poutini, Patrimonio de la Humanidad, y están muy próximos entre sí.

Si algo caracteriza los glaciares de Nueva Zelanda es su proximidad al mar. No es algo único. Esto también sucede en otros lugares del mundo, como en la Patagonia, en Alaska, o, por supuesto, en tierras polares. Pero lo peculiar es que en Nueva Zelanda ocurre a una latitud relativamente templada. Los glaciares Fox y Franz Joseph se sitúan a unos 43 grados y medio de latitud sur, que, para hacernos una idea, equivale a la latitud de A Coruña en el hemisferio norte. Quizás por eso, su deshielo evoluciona tan aceleradamente. Cuesta imaginarse un glaciar en las templadas tierras coruñesas.

Botas impermeables, chubasquero, crampones y piolet era el equipamiento que nos facilitaron en la empresa organizadora de la caminata sobre el hielo.

La aproximación al glaciar Franz Joseph resulta sorprendente. No transcurre por parajes inhóspitos y despoblados como cabría pensar. Dada su templada latitud, el bosque lluvioso crece en las inmediaciones del valle ocupado por los hielos. Incluso notamos calor y bochorno al caminar por el sendero en medio de la exuberante vegetación. Y esto es quizás algo que los hace únicos, a pesar de no poder rivalizar en majestuosidad con los glaciares gigantes que exhiben frentes de decenas de metros de altura. Notas en tu piel la diferencia de temperatura al atravesar el bosque tropical y al acercarte al glaciar.

Cascadas sobre el Valle de Franz Joseph

La emoción se aceleraba al abandonar el bosque selvático y destaparse la vista del valle. Divisábamos cómo la lengua del hielo se desparramaba entre las laderas rocosas, llegando al fondo del valle. Ya estábamos muy cerca, pero todavía teníamos que caminar por el grandioso escenario hasta alcanzar el frente del glaciar. Nuestro desfile resultaba aderezado por las cascadas que se despeñaban sobre el valle.

Glaciar Franz Joseph en 2008

El glaciar sigue llorando, y vertiendo sus lágrimas al río que fluye por el valle. Así lo percibieron también los maoríes, que le asignaron una leyenda de lágrimas derramadas por una enamorada. Ahora lo conocemos con el nombre de Franz Joseph, nombre que le asignó a finales del siglo XIX el explorador austríaco von Hast en honor a su emperador Francisco José, el marido de Sissi. Pero el glaciar ya estaba ahí mucho antes, y ya tenía un nombre maorí, Hinehukatere, que significa “las lágrimas de una chica maorí”.

Una vez que llegamos al frente del glaciar es el momento de detenernos a colocar los crampones para emprender la escalada por el hielo. Tan pronunciada es la pendiente de la lengua del glaciar que los guías de la excursión deben tallar escaleras en el hielo para que podamos encaramarnos hacia la parte superior.

Nuestra torpe caminata progresa entre grietas azuladas y cavidades heladas salvando la deslizante superficie gracias a los crampones.

Trekking sobre el Glaciar Franz Joseph

Glaciares de Nueva Zelanda: Escalando por el hielo

Cuevas de hielo

El paisaje se ve precioso desde la parte superior, divisando el valle que hace años ocupaba el glaciar y ahora muestra la roca descarnada bañada por cascadas. Según cuentan, antiguamente el glaciar llegaba hasta el mar de Tasmania. Ahora su lengua mide 12 Km de longitud.

Vistas desde el glaciar Franz Joseph

El tallador de escaleras en el hielo

Según veo en las fotos actuales, nada tiene que ver la situación actual de los glaciares, contundentemente derretidos, con la que vivimos en aquellos momentos.

 Excursionistas sobre el glaciar

Las agencias turísticas que operan en los glaciares de Nueva Zelanda ofrecen posibilidad de realizar un sobrevuelo en helicóptero y aterrizar sobre la parte alta del glaciar, más virgen. Quienes lo han hecho, aseguran que la experiencia es alucinante. Aquel día, la climatología impedía el vuelo de helicópteros.

Como siempre digo, los glaciares son seres vivos, que no sólo se muestran diferentes en cada momento, sino que gimen al resquebrajarse. Quién sabe………..tal vez dentro de unos años vuelvan a avanzar y se pueda repetir la experiencia de encaramarse a los glaciares de Nueva Zelanda desde sus respectivos valles.

 

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