Fraga da Pena y Mata Margaraça. Benfeita PORTUGAL - Serra do Açor


Nos deleitarán los espacios protegidos de la Fraga da Pena y la Mata da Magaraça, áreas de alto valor natural.

El plan del día será hacer una excursión en coche por los paisajes y los pueblos de la Serra do Açor, y una ruta de senderismo en el municipio de Arganil. Recorreremos aldeas tradicionales, como son Benfeita, Sardal y Pardieiros.

Amanece muy cubierto y nos espera un día de lluvia, pero que no decaiga el ánimo. Otra vez nos metemos un desayuno para campeones mundiales.

Así que, tomamos rumbo, descendiendo desde Aldeia das Dez hasta Ponte das Tres Entradas, a partir de donde seguimos el curso del río Alva en dirección a Coja.
Atravesamos aldeas como Avô y Vila Cova de Alva. Especialmente en la zona de Avô el paisaje es muy pintoresco, con las laderas sobre el río Alva repletas de terrazas agrícolas, de arriba a abajo. Vila Cova de Alva merecía una parada, ya que es una de las aldeas de xisto de mayor tamaño y con mayor monumentalidad, pero la amenaza de lluvia nos obligaba a apurar.

Pasada Vila Cova de Alva, nos desviamos hacia Benfeita, siguiendo las indicaciones a la Fraga da Pena, y pasando por Casal de San João.

En la aldea de Benfeita habitan unas 200 personas. Es una de las Aldeas do Xisto, aunque en este caso sus casas de pizarra están pintadas de blanco. El verde reluce en las terrazas de cultivo dispuestas por las laderas. Al otro lado del río da Mata, sobre las casas, sobresale la Torre da Paz. Y es que Benfeita presume de defensora de la paz. Conmemorando la fecha de finalización de la II Guerra Mundial, cada 7 de mayo suenan 1620 campanadas desde la Torre. Es un recuerdo a los 1620 días de guerra en los que Portugal se mantuvo neutral.

Ruta de senderismo. Camiño do xisto

Benfeita es el punto de inicio del AGN PR-1 (Camiño do Xisto del municipio de Arganil), perfectamente señalizado.

Nos forramos de ropa de aguas, ya que la lluvia va a ser compañera durante el día. Y dispuestos para comenzar esta ruta de senderismo que nos adentrará en lugares hechizantes, como la Fraga da Pena.

Por el camino do xisto nos alejamos de Benfeita, entre huertos y pequeñas cabañas. Caminos tradicionales con aroma a pasado, construidos artesanalmente con piedras de pizarra.

Tras recorrer huertos escalonados en terrazas nos recibe un antiguo molino hidráulico al lado del río, el cual desciende bravío formando saltos de agua. Será el primero de los muchos molinos que encontraremos durante el día.

Escaleras, puentes, muros, molinos, cabañas, los elementos etnográficos se suceden. Todo está construido en pizarra. Esto no eran caminos de carros, estos eran caminos a pie, con montones de escaleras, que húmedas resultan resbaladizas.

El bosque viene a continuación, que inicialmente compagina pinos con árboles caducifolios, y cada vez se va haciendo más frondoso. Los bancos del Parque de Merendas nos permiten tomar aliento después de unas cuantas escaleras. Nos sirven de entrenamiento para las muchas que nos esperan próximamente en el trek al ABC.
Inmerso en el bosque vamos encontrando todo un conjunto de vestigios de la antigua actividad humana…..molinos, puentes, acueductos, pequeñas presas. Ingenios sostenibles de aprovechamiento de los bosques y los ríos.

Los saltos de agua se alternan en el río, que se abre paso entre lo abrupto del terreno, en medio de un bosque espeso. Un bosque de verdes troncos revestidos de musgo, helechos que creen en la umbría, hiedras que se descuelgan por los antiguos muros, hojas alfombrando el suelo, cuyo color marrón se contrapone a la predominancia del verde.

La subida es dura, alejándonos del río, hasta alcanzar 600 m de altura, con vistas a Benfeita, resguardada en el valle. A esta altura ya sólo crecen pinos.
Cómodamente, en suave descenso por una pista forestal llegamos a la aldea de Sardal. En Sardal apreciamos la aldea antigua, de xisto a la vista. Otro sector es más moderno, con casas de fachadas pintadas. Otra encantadora y plácida aldea, cuyas calles encontramos desiertas bajo la llovizna.

Fraga da Pena

Hacia la Fraga da Pena nos dirigimos, descendiendo por el bosque. Percibimos el sonido del agua de los 3 ríos que confluyen en el valle. Se trata de la Ribeira do Barroca, Ribeira de Sardal y Ribeira de Endruxo, que permanecen ocultos entre el follaje. Es un bosque encantado el que envuelve estos ríos, escondiendo muros, puentes y canales con siglos a sus espaldas. Perdida y en ruinas está la Quinta dos Mouros.

Buen lugar es también la Quinta da Misarela. Varias casas de xisto reconstruidas en medio del bosque, con electricidad solar. Un preámbulo de la Fraga da Pena, en la que nos adentramos a continuación.

La diversidad botánica de la fraga da Pena es inmensa, y por eso es área protegida. Robles, castaños, madroños, adernos, conviven entre un sinfín de otras especies. La floración de las orquídeas es todavía muy incipiente en esta época, recién estrenada la primavera. Los saltos de agua se suceden, alcanzando su máximo esplendor en la Cascada da Pena. El entorno es precioso, en el que se disponen bancos que facilitan la contemplación. La altura de la caída es considerable.
Es una lástima que no aparezca ninguna persona en la foto para hacerse idea de sus dimensiones.

A partir de entonces, la mojadura fue monumental. Seguimos hacia la aldea de Pardieiros, y después a Benfeita por la Foz d´Abelheira. Lugares también muy bonitos, que no podíamos apreciar plenamente por la lluvia. Bosque de ribera, cultivos en terrazas, casas de xisto abandonadas, red de levadas de agua. Y también casas restauradas, que vuelven a revitalizar estos escondidos lugares. Como las casas en las que un inglés salió a saludarnos. Se ha comprado una casa abandonada para restaurarla, buscando huir de las prisas.

Seguimos la ruta en coche por la Serra do Açor

En Benfeita recogemos el coche y tras cambiarnos de ropa y comer seguimos el itinerario motorizado hacia la Mata da Margaraça. A este bosque primitivo se accede por una carretera de adoquines tras pasar Pardieiros.

Ya desde el coche nos hacemos una idea de la belleza y la diversidad de este bosque. Pero es recorriendo a pie su sendero de kilómetro y medio cuando realmente nos sentimos inmersos en él. Es verdaderamente precioso, ¡qué maravilla! ¡qué bonito pedazo de mundo antiguo!. Y es que este bosque es un pequeñísimo reducto del pasado, del terciario, con vegetación antiquísima, conteniendo lauráceas entre otra diversidad de especies botánicas. Una muestra de la vegetación que cubría la Península Ibérica en el terciario.

Una joya vegetal que puebla las orillas del río de Margaraça, y que en tiempos fue propiedad de los obispos de Coimbra.
Destaca la concentración de azereiros, conocido como laurel portugués, un árbol antiquísimo, reducido a escasísimas áreas en el mundo, y que aquí alcanza su mayor población, con más de la mitad de ejemplares de los existentes a nivel mundial.
El testimonio de la pasada ocupación humana queda patente en molinos, canales y varias casas. La principal, la Casa Grande, acoge ahora el Centro de Interpretación, que estaba cerrado, al igual que el museo etnográfico ubicado en la Casa da Eira.

Nuestra excursión continúa en coche, dirigiéndonos a Monte Frío, otra aldea muy pintoresca, reposando sobre terrazas de cultivo. Es un fantástico mirador hacia la Mata da Margaraça, que distinguimos en el fondo del valle. Lástima tanta lluvia.

A nuestro itinerario en coche todavía le quedan muchos kilómetros por una carretera tan panorámica como estrecha y sinuosa. Durante más de una hora no nos cruzamos con ningún coche en nuestro recorrido por la Serra do Açor y el valle del Alto Ceira. Subiendo a las cumbres y bajando a los valles, recorriendo pequeñas aldeas perdidas, que mantienen la tónica de situarse en laderas convertidas en socalcos por el hombre. Algunas de estas aldeas son Porto da Balsa, Covanca, Fórnea, hasta llegar a Aldeia das Dez. Paisajes que nos encandilan y donde querríamos ir parando a cada instante.

Birria de fotos. Lloviendo y anocheciendo.

Cena: repetimos en Verandas Verdes (en el pueblo de Ponte de Tres Entradas), donde nos metimos un cocido portugués de campeonato.

Seguimos alojados en Casa do Secolinho. Por las noches compartíamos charlas con los propietarios. Son un compendio de conocimiento histórico, cultural y geográfico de la zona. Lástima que esté tan lejos, porque es un sitio al que apetece volver. Un placer conocer a Manuel André y Ana María, tan detallistas y pendientes de todo. Despertar cada mañana con las bonitas vistas a la sierra, y especialmente disfrutar de unos desayunos deliciosos, muy currados, caseros y preparados con cariño.

Track de la ruta

Descargable para GPS: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=12786856

 

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