De El Peñón de Catamarca a Belén ARGENTINA - NOA


El Peñón de Catamarca es un pequeño pueblecito, de 200 habitantes, que pertenece a la municipalidad de Antofagasta de la Sierra. Rodeado de volcanes, sus riachuelos lo convierten en un oasis verde en el que crecen árboles, los cuales sirven de protección contra el fuerte viento de la puna.

El Peñón de Catamarca

Pasamos una noche en la Hostería El Peñón (de Fabrizzio, el italiano enamorado de la puna), un sitio de contradicciones. Un precioso alojamiento de diseño no parecía entonar en un lugar tan aislado y tradicional, donde sólo hay electricidad de 7 pm a 11 pm.

Nuestra tarde transcurría de paseo por el pueblo, tratando de captar su personalidad.

Subiendo a un pequeño cerro, logramos contemplar una panorámica completa de El Peñón, su vega, los volcanes. La vista abarcaba incluso una parte del Campo de piedra pómez.

A la pequeña iglesia del pueblo acudían los niños para completar su jornada escolar. Una monjita les ayudaba a hacer los deberes. Estaban tan atentos que apenas levantaban las pestañas de los libros.

De El Peñón a Belén

Nuestro día siguiente amanecía con un buen desayuno, esperando el auto que habíamos alquilado. Los de la agencia se comprometieron en llevárnoslo hasta El Peñón de Catamarca, sin ni siquiera saber dónde se escondía este lugar.

César llegó hecho un basilisco cuando nos entregó el coche. Se había metido los 800 Km que separan San Juan de El Peñón de golpe, conduciendo de noche y sin conocer la ruta. Se quejaba por haber tenido que conducir por ripio y vadear ríos. Sus lamentos nos sonaban ridículos. Para nosotros, aquello ya era “normal” en Argentina, y nosotros éramos los extranjeros. No entendíamos cómo podía extrañarle tanto. La pasta fue considerable, y ellos lo habían asumido.

César tampoco sabía que no tendría transporte público para regresar a casa. Ignoraba que sólo 2 veces por semana pasa un autobús por aquí. Nosotros ya contábamos con que nos tocaría trasladarlo hasta Belén. Poco a poco se iba calmando, y finalmente consiguió disfrutar de aquellos paisajes que ni siquiera imaginaba que existieran. Nos confesó que se arrepentía de no haber llevado una cámara de fotos. Inicialmente, presumía de conocer toda Argentina, pero después alucinaba con lo que estaba viendo. No se podía creer que aquello existiese en su país. “¡Qué grande es Argentina, y qué belleza tiene!”, repetía.

Rumbo a Belén, la salvaje belleza paisajística de Catamarca no daba tregua.

En el entorno volcánico, divisábamos el blanco Campo de Piedra pómez a lo lejos, y los múltiples conos volcánicos salteados entre campos de lava.

Después el paisaje se transforma en grandes dunas y montañas de arena de colores.

Por el camino, nos quedó pendiente visitar la Laguna Blanca. Viendo lo agotado que estaba César, no nos pareció honesto acercarnos. Otra vez será.

Y en la Cuesta de Randolfo descendemos y abandonamos la puna, vadeando pequeños cauces de riachuelos con el coche.

Después entramos en la Quebrada de Indalecio. Sus formaciones rocosas nos recordaban vagamente a Petra, aunque en este caso, la mano de cincelador la ha puesto la naturaleza. De vez en cuando aparecen  pueblitos al lado del río.

Finalmente, la carretera entra en una garganta al lado del río, hasta llegar a Belén. Seguimos en la provincia de Catamarca.

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Bolivia y Noroeste argentino

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