De la dulzura de Punakha a las montañas y Dzong de Trongsa BUTAN


Nuestro itinerario de este día transcurrirá entre el dulce valle de Punakha y las abruptas montañas de Trongsa, donde recorreremos un tramo del antiguo camino tradicional de comunicación del país y el Dzong de Trongsa.

Ohhhhhhhh! Abro las cortinas de la habitación de hotel de Punakha, y resulta que…………. ¡ESTAMOS DENTRO DE UNA POESÍA!…….

Amanecer en Punakha

Montañas verdes, granjas tradicionales entre arrozales del dorado más intenso, ………………..los niños bajando por senderitos, equipados para ir a la escuela, montones de pajarillos revoloteando…………¡esto sí que es el mundo de la felicidad!

Me parecía haberme sumergido en el escenario perfecto para esa canción de “El último de la fila” que tanto me gusta:
“Un día color de melocotón,
cuando todos seamos libres,
cuando las piedras se puedan comer,
y ya nadie sea más que nadie”

No me quería marchar, y remoloneamos un montón. Además, los jardines del hotel eran una gozada. Estamos en el hotel Meri Puensum Resort en Punakha.

Vistas al amanecer desde el hotel Meri Puensum Resort de Punakha

Habitación en el hotel Meri Puensum Resort de Punakha

 

De Punakha a Trongsa

Pero, hay que marchar.

¡Qué bonito paisaje por la carretera que nos conducía a Wadgue! Discurre al lado del río, sobre cuyas laderas se encaraman arrozales, plataneras y granjas! Los monasterios siempre situados en lugares para el retiro. Por ahí se ve alguno en alguna cima.

Paisajes en la carretera de Punakha a Wadgue

 

Wangdue es apenas un bebé. Parece que esta ciudad siempre ha estado ahí, y sin embargo, es tan reciente que sólo tiene 2 años. Primorosos edificios construidos en estilo tradicional con sus ventanas de madera formando arcos.

El paisaje cambiaba al encajonarse el río, y aunque alguna zona era tan seca que incluso predominaban los cactus, pronto comenzaban a espesar los bosques………..preciosos……..Y el río dejaba su carácter tranquilo para volverse más salvaje, veloz y saltarín.

Arduo trabajo el de las mujeres que limpiaban la orilla de la carretera con palas y escobas de paja.

Aunque mucha gente disfruta haciendo horas de carretera para llevarse una idea general de los lugares, no es ésa mi forma de viajar. Yo me iba mordiendo las uñas por no poder parar a cada instante, y no disponer de mi tiempo para conocer más a fondo cada uno de esos sitios que pasaba ante mis ojos, sin dar tiempo a que mi cerebro consiguiese procesar tantas imágenes.

Coches por la carretera…..muy pocos…….pero vacas jorobadas…….muchas. Esas vacas ni se inmutaban al paso de cualquier vehículo. ¡Eran las reinas de la carretera!

Ganábamos altura en la subida al paso de montaña Pele La. Impresionante carretera de cornisa circula cortada en las laderas de las verticales montañas, al borde de altos precipicios. La espesura del bosque nos envolvía. Las cascadas caían hacia la calzada entre la frondosidad de la vegetación. Me recordaba muchísimo a la boliviana carretera de la muerte.

Hipnotizados nos estaban dejando los paisajes de Bután, el último paraíso en la tierra según algunos. Aunque nosotros ya hemos descubierto algunos más.

Yak en el puerto de montaña Pele-La

Miles de plantas diferentes y de enredaderas cubrían el suelo. Y miles de diferentes tipos de árboles cobijaban un sotobosque habitado por una enorme diversidad de fauna.
Las hojas amarillas de los arces brillaban bajo el sol cuál destellos dorados entre los verdes cipreses.

El valle iba quedando muy abajo, y el porte de las montañas más altas asomaba sus cumbres nevadas. Por las Montañas Negras veíamos nuestros primeros yaks.

Parábamos en el puerto de montaña Pele La, a 3400 m de altura, después de 2 horas y media de coche. ¡Qué chasco!. Nosotros pensábamos que habría buenas vistas, y resulta que varias colinas encierran el paisaje. Nada destacable, sólo una pequeña estupa y unos cuantos puestecillos de artesanía de lana de yak.

Puerto de montaña Pele La

Muy diferente era el paisaje cuando descendíamos hacia Trongsa. Escaseaban los bosques, y los rebaños de yaks se daban buenos festines en los valles donde la vegetación era más baja.

En las granjas que se salpicaban por el campo, o en las pequeñas aldeas, los lugareños faenaban en el campo, o acarreaban capazos llenos de verduras. Sólo veíamos gente muy joven. Encantador e idílico país de la felicidad. Yo me habría quedado más tiempo por esta zona.

Carretera de Pele-La a Trongsa

Riquísima comida en un restaurante típico butanés. Coliflor rebozada en arroz, pollo con fideos, patatas con setas………..en un entorno delicioso. Me está encantando la comida que los butaneses preparan para los turistas. Eso sí, evitando los chiles.

Preciosos seguían siendo los paisajes cuando entrábamos en el distrito de Trongsa, donde una antigua estupa nos daba la bienvenida.

Carretera de Pele-La a Trongsa

Otra vez parecía la carretera de la muerte, al borde de los precipicios que formaban las verticales montañas.

Bosques y más bosques protegidos por la constitución ocupan la mayor parte del país. El 80 % del territorio corresponde a superficies boscosas. Son el hábitat de abundante y variada fauna: leopardos, osos, tigres, que van aumentando su población, ya que los butaneses no matan animales salvajes. El 20% del territorio restante es para los humanos, en los valles.

Me daba mucha rabia no poder explorar más a fondo aquellos paisajes maravillosos. Montañas, valles, bosques infranqueables de espesura indómita.

En el View point hacia el dzong de Trongsa paran todos los tours para hacer unas fotos, pues la panorámica es espléndida.

Mirador de Trongsa

 

Sendero tradicional del Dzong de Trongsa

Pero lo que no hacen los demás es recorrer el sendero tradicional que desde el View Point conduce al Dzong de Trongsa.

Nosotros sí, claro. ¡Uf!, qué maravilla de bosque en este tramo del antiguo camino de comunicación entre el este y el oeste del país, antes de la construcción de la carretera asfaltada en los años 60. Una diversidad increíble. Enormes rododendros, y miles de especies de flora en este gigante jardín botánico.

Si Neruda decía: ”Quién no conoce el bosque chileno, no conoce este planeta”, creo que también habría que decir: “Quién no conoce el bosque butanés, no conoce este planeta”.

Un ciervito que nos miraba se perdió entre los árboles. Indescriptible diversidad, que ni ellos mismos conocen en profundidad. Mucho les queda por descubrir de su propia naturaleza.

Descendíamos hasta el río escuchando los cantos de las aves. Infinitos verdes forraban las montañas, con algunos rojizos, anaranjados y amarillos otoñales, sin faltar árboles floridos vestidos de flores rosas en pleno otoño.
Por un antiguo puente de madera repleto de banderines de oración cruzamos el río. Encantador rincón y hermoso río de aguas azuladas.

Y comenzamos el ascenso por la ladera opuesta, menos sombría. Cipreses centenarios, pequeños bambúes y ni se sabe cuántas variedades vegetales. Las vistas hacia las montañas y hacia el profundo valle completan las sensaciones.

 

Dzong de Trongsa

Y así llegábamos al Dzong de Trongsa, a 2100 m de altura, colgado sobre el precipicio que acabamos de subir.

Fabulosas vistas sobre el río que discurre por un valle estrecho y muy profundo, y hacia las montañas del entorno.

Vistas desde el Dzong de Trongsa

Ventana en el Dzong de Trongsa

Estamos en el centro del país, y por eso esta fortaleza era la más poderosa de Bután. El Dzong de Trongsa controlaba las rutas comerciales entre el este y el oeste del país. Incluso era posible dejar incomunicadas ambas zonas desde el dzong, por el que pasaba la antigua vía de comunicación por la que nosotros hemos llegado caminando.

Desde este lugar fue impulsada la unificación del país en el año 1907, naciendo el reino de Bután. Esto significaba aglutinar todos los distritos que vivían organizados en dzongs (sede de poder dual, algo así como mezcla de castillo y monasterio), para construir un país en el que habría un poder superior, el rey, que promulgaría unas leyes comunes. Pensar que esto ocurrió en el siglo XX y que hasta entonces vivían organizados en una especie de régimen feudal, en el que cada familia debía pagar un tributo al dzong, unido a su compleja orografía y a su aislamiento del mundo exterior, nos da idea de la virginidad de creencias y estilo de vida que predominan en el país.

Y es que basta con mirar a las caras de cualquier butanés, fijarse en la transparencia de su mirada o en la franqueza de su sonrisa, para darse cuenta de su inocencia, pureza e integridad.

Estamos visitando el Dzong de Trongsa, este este bello edificio en el que vivieron los 2 primeros reyes de Bután, cuando el gong de un monje empezaba a llamar a la oración. Algunos ensayaban coreografías en el patio, girando cual peonzas, otros salían de sus aposentos y obedientemente acudían a la llamada del gong. Habíamos tenido la ocasión de ver cómo vivían los monjes, extendiendo mantas en el suelo para dormir, costumbre frecuente entre los butaneses. No todos tienen una cama.

Monjes en el Dzong de Trongsa

 

Sonam y Pema nos terminaban de mimar sirviéndonos un té con galletas, sentándonos en la hierba frente al dzong.

Trongsa es una agradable villa en una ubicación excepcional, a 2300 m de altitud. No ha buscado la calidez de un valle, sino que se ha asomado desde lo alto de una colina hacia el río encajonado.

Nuestro hotel se situaba sobre otra colina justo enfrente, y ya de noche intuíamos las vistas que íbamos a tener al despertarnos.

Alojamiento en Trongsa

Hotel en Trongsa: View point resort. Enorme habitación, enorme baño y 2 saloncitos. El saloncito butanés de enormes ventanales asomados a las montañas hacía mis delicias, dedicándome a poner en orden tantas sensaciones vividas. Vistas espléndidas hacia el dzong de Trongsa, el pueblo, las montañas cubiertas de árboles o arrozales y el profundo valle. Escasez de personal, despreocupación total.

Hotel View Point Resort en Trongsa

 

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Bután: reino del Himalaya

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