Costa de Valdivia (Curiñanco) y fin de viaje a Chile CHILE: REGIÓN DE LOS RÍOS


Me han gustado las calas de playa Curiñanco resguardadas por los verdes acantilados de Punta Curiñanco. Hasta allí llegamos desde Valdivia, después de acercarnos a Punucapa, en el santuario de la Naturaleza Carlos Anwandter.

Punucalpa. Santuario de la Naturaleza Carlos Anwandter

El Santuario de la Naturaleza Carlos Anwandter es uno de los lugares más visitados en los alrededores de Valdivia, especialmente mediante las embarcaciones turísticas que parten de la Costanera Arturo Prat y navegan por el río Cruces. Habíamos consultado el día anterior en los puestos de venta de tickets para la navegación, pero no me convencía ninguna de las opciones. Así que decidí que nos acercaríamos en coche hasta Punucapa a echar un vistazo.

La historia de este Santuario de la Naturaleza no es muy extensa, aunque sí curiosa. El causante del humedal fue el terremoto más fuerte de la historia en 1960. El desplome del terreno en los alrededores del río Cruces originó su inundación y a partir de entonces se fue poblando de aves. Son los cisnes de cuello negro su mayor reclamo, aunque nosotros ya habíamos visto muchos ejemplares en Chiloé y por tanto no era mi prioridad.

La verdad es que llegar a Punucapa resultó poco exitoso. El paisaje de esta diminuta aldea a orillas del río Cruces no me deslumbraba, y las aves se distanciaban de las orillas. Habría estado bien si zarpase algún barquito desde el embarcadero, pero a esas horas de la mañana, Punucaba se presentaba en completa soledad.

Punucapa en el Santuario de la Naturaleza Carlos Anwandter

Curiñanco

Una carretera de ripio se dirige hacia la costa. Es la que tomamos para llegar a Curiñanco. Resulta ser una grata sorpresa. La costa verde confluye en unas playas agitadas por el oleaje. La amplia playa de Curiñanco es sólo accesible para el público desde determinados puntos, debido a que las propiedades privadas copan la primera línea de costa. 

Playa de Curiñanco

Me gusta la pequeña cala semicircular situada en un extremo de la playa. Nos regala una bonita imagen cuando nos asomamos a los acantilados de Punta Curiñanco. También resultan agradables los momentos que pasamos sobre la arena después de descender por el sendero. Nos distraemos haciendo fotos en este lugar bastante resultón, compuesto por rocas de variadas formas modeladas por el oleaje del Océano Pacífico.

Punta Curiñanco tenía buena pinta. He visto fotos y son preciosas. No teníamos tiempo para recorrer el sendero que cruza los acantilados de la Reserva Protegida Curiñanco y llega hasta la punta. Qué rabia. Es una propiedad vallada y hay que pagar acceso.

Playa de Punta Curiñanco

 

Era nuestro último día en el sur de Chile y desde Valdivia nos quedaban 2 horas de conducción hasta el aeropuerto de Temuco, con alguna parada para comprar empanadas. El vuelo a Santiago aterriza puntualmente en el aeropuerto Arturo Merino Benítez, que ya nos resulta familiar.

Noche en Santiago de Chile

Existen varias formas de llegar desde el aeropuerto de Santiago a la ciudad. En varias ocasiones de escala sin equipaje hemos usado el autobús Centropuerto que llega hasta la plaza de los Héroes (se paga en el autobús). En esta ocasión, nos dirigimos a los mostradores de las compañías de transporte compartido, que te dejan en la puerta del hotel. Son furgonetas de unos 6-8 pasajeros que parten cuando se llenan. Ya habíamos probado la empresa Delfos, y en esta ocasión optamos por Transvip.

Había reservado en el hotel D’Door un par de días antes, situado en la zona de Bellas Artes. Es una estupenda zona de animación nocturna, muy cerca del Barrio Lastarria. Hay montones de restaurantes y bares en las inmediaciones, así como alguna calle peatonal.

Hotel D’Door en Santiago de Chile

Este viaje sin planes ha estado lleno de imprevistos y emociones. El último día nos aguardaba todavía la mayor sorpresa en forma de whatsaap de unos amigos. Nos conocemos desde hace 30 años y se han ido a vivir a Lima hace año y medio. Qué casualidad, me avisan que están pasando el fin de semana en Santiago, y ¡justo coincidimos!, sin esperarlo. Buscamos una terraza para cenar, exprimiendo los últimos momentos de la primavera austral, antes de retornar al inminente invierno español. Quién sabe en qué lugar del mundo nos volveremos a ver la próxima vez.

Chile, sabes que te quiero.

 

​Vuelo  de Santiago de Chile a España. Cruce de los Andes

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE:  CHILE. UN VIAJE ENTRE VOLCANES: NORTE, ARAUCANÍA Y CHILOÉ

 

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.