Bumthang: Festival Jambey en el valle espiritual de Bután BUTAN


¡Qué diferencia de temperatura respecto al resto de sitios que hemos visitado! Los casi 3000 m de altura de Jakar, el principal pueblo del valle de Bumthang, se notaban durante la gélida noche. Por la mañana, el sol terminaba por ganar la batalla a la niebla que tapaba todo al amanecer. Gozamos de las buenas vistas desde nuestro hotel antes de disponernos a vivir una jornada del Festival Jambey de Jakar.

Algo nuevo para desayunar, queso al estilo suizo. Y es que en Jakar vive un suizo que se casó con una butanesa hace muchos años, uno de los pocos europeos que viven en el país. En su granja produce mermeladas, miel, cerveza artesanal, quesos suaves de leche de vaca…………..Los butaneses también elaboran quesos, aunque bastante diferentes en forma y sabor. Ellos los fabrican con leche de yak en forma de paralelepípedos que curan y ensartan como si fuesen collares.

Vistas desde Mephan Guest House en Jakar

Aprovechábamos una hora que teníamos libre desde el desayuno hasta nuestra quedada con el guía para dar un paseo por nuestra cuenta entre granjas tradicionales, donde la actividad ni faltaba ni estresaba. Estos eran los momentos que más disfrutaba, me sentía libre, entre faenas agrícolas, chiles puestos a secar en los tejados, y apacibles paisajes.

Granjas en Jakar, valle de Bumthang

Monasterios en el Valle de Bumthang

Bumthang es el distrito de Bután con mayor número de monasterios, reconocido como el corazón espiritual del país. Así que, hoy no nos libramos!. Haremos un recorrido por algunos de los más representativos, sin elevarnos demasiado a los cielos, y manteniendo el contacto con la vida rural de la zona, que está intrínsecamente ligada a la espiritualidad.

Monasterio de Tamshing Lhakhang

El monasterio de Tamshing Lhakhang data del siglo XV. En su pequeño recinto podíamos apreciar antiguas pinturas en las paredes ya casi descoloridas. Las paredes de los monasterios budistas encierran gran parte de la cultura y tradición del país. En ellas se narran historias que se transmiten oralmente de generación en generación. Muchos peregrinos acuden a este monasterio para purificarse cumpliendo el rito de caminar alrededor de un patio, cargando a sus espaldas un pesado manto metálico.

 

Ruta de los monasterios de Bumthang

Paseando a orillas del río, observábamos las pequeñas granjas y casetas de agricultores extendidas por el valle.

Algunas artesanas montaban pequeños puestecillos al borde del camino que siguen los peregrinos entre monasterios. Resultaba muy apreciado un pequeño hongo alargado que recogían en las montañas, prometiendo cualidades revitalizantes.

Campos agrícolas en Bumthang

Por un puente colgante de madera cruzábamos el río de intenso color turquesa. En sus orillas, algunas lugareñas hacían la colada, y las vacas bajaban a beber. Nosotros también nos acercamos a mojarnos las piernas en sus aguas heladas.

Puente colgante en Bumthang

Río de Bumthang

Cabañas agrícolas en Bumthang

Vendedoras en Jakar

 

Monasterio de Kurjey

En un agradable paseo y bajo un sol que calentaba de lo lindo llegábamos al monasterio de Kurjey, del siglo XVIII, construido alrededor de una cueva que Guru Rimpoche eligió para un periodo de meditación……….. cuentan que estuvo ahí metido durante 3 meses sin moverse.

Como siempre, Sonam nos explicaba la historia del lugar y el significado de pinturas y estatuas.
En el patio central, unos artesanos decoraban piedrecillas a mano. Varios fieles acudían a hacer sus ofrendas en tan sagrado lugar.

Monasterio de Kurjey

En las inmediaciones se encuentra otro bonito monasterio de tejados dorados, aunque en este caso es privado y no se puede visitar. Pertenece a la abuela del rey.

Monasterios del Valle de Bumthang

Seguíamos nuestro paseo por caminos tradicionales, entre fincas de cultivo, cuyos colores formaban un mosaico de verdes, amarillos y ocres. Allí se nos unía un grupo de dicharacheros jóvenes y niños que nos sonreían, y pronto entablamos conversación. Su inglés era mejor que el mío y sus ropas mucho más bonitas y elegantes que las mías.

Todos se habían esmerado con sus mejores galas para acudir al festival Jambey que se celebra estos días en Jakar. El más pequeño me cogió de la mano. Las mayores se me agarraban a brazos y hombros, rivalizando en atraer la atención. Entre los cinco empezaron a recitar sus nombres y a disparar preguntas y preguntas. Yo no era capaz de seguirlos a todos. Qué ganas de hablar tienen los jóvenes butaneses en cuanto los miras. No paran de sonreir………………. “Muuuuuy bonito, nos gusta mucho el Festival Jambey, bailes, canciones, nos lo pasamos muy bien”……Eran sus palabras acerca del festival que íbamos a presenciar.

Cuando les explicaba que vivo al lado del mar y les contaba lo azul e inmenso que es, no conseguían entenderlo. Los más pequeños alucinaban cuando les enseñé unas fotos del mar. Nunca lo habían visto ni en foto, y creo que ni siquiera así consiguieron imaginarlo……………”¿De verdad que todo eso es agua?”

De camino al Festival Jambey

 

El Festival Jambey

Entre esas conversaciones llegábamos al monasterio de Jambey, donde durante 3 días se está celebrando el festival Jambey. Jambey Lhakhang es muy antiguo, fundado en el siglo VIII. Me hacía gracia observar cómo los más pequeños trataban de imitar los movimientos de aquellos personajes carnavalescos de pies descalzos, ataviados con coloridos atuendos y cuyos rostros cubrían con máscaras, que no paraban de girar voltereta tras voltereta tocando extraños tambores.

Las chicas de las danzas folclóricas ponían todo su empeño, aunque sus actuaciones resultaban bastante aburridas. Insulsos cánticos y bailes.

Festival Jambey de Jakar

Los bailes de monjes con máscaras generaban gran expectación, así como el de las faldas amarillas con coronas doradas, al sonido de unos platillos y de unas cajas de madera atadas con cintas de colores que portaban los bailarines. Sonaban acompasadamente cuando las movían, músicas que acompañaban con los tañidos que salían de una campanilla que llevaban en la otra mano.

La verdad es que uno se puede entretener horas y horas, no sólo mirando las actuaciones del festival Jambey, sino también simplemente mirando a la gente, sus vestimentas, sus peinados, sus rasgos, tan diferentes a los nuestros.

Día de campo con bailes, música, puestos de venta, comida campestre. Nosotros, imitando las costumbres locales, también nos montamos un picnic sobre la hierba.

Por la tarde, sospecho que los niños ya estaban cansados de imitar los bailes. Se acomodaban tranquilos en los regazos de sus mayores, siguiendo atentamente cada gesto de aquellos singulares personales del festival Jambey.

A mi lado estaba una argentina de Bariloche, residente en París, que venía de recorrer el este de Bután, a donde no llega casi nadie, y de donde venía maravillada. Me daba mucha envidia cuando me contaba que durante horas y horas no se cruzaba con ningún coche, que los paisajes eran de otro mundo, a pesar de que ello le había costado 3 noches sin luz ni agua caliente. Se emocionaba cuando empezamos a hablar de Pampa Linda, de Llao-llao y de Puerto Traful…………….yo también!

Festival Jambey de Jakar

Sin llegar al nivel de los maoríes, la sexualidad está totalmente desmitificada en Bután. En un día festivo para todos los públicos, nadie se escandalizaba de ninguno de los espectáculos. Si a alguien habían pillado desprevenido, era a algún extranjero.

La danza más impactante del festival Jambey tenía lugar pasada la medianoche. No pudimos asistir, ya que nuestro hotel quedaba alejado y no teníamos forma de regresar después. Los monjes bailan desnudos, llevando sólo máscaras, entre hogueras de fuego que crean un ambiente misterioso, y la multitud se amontona para acercarse.

Un nativo nos lo relataba al día siguiente, contándonos que resultaba todavía más sobrecogedor hace unos pocos años, cuando no había luz eléctrica, y la única iluminación procedía de las antorchas que iluminaban a los monjes en la profunda oscuridad de la noche, creando un ambiente en el que era difícil distinguir si era una fantasía o si estaba ocurriendo en realidad.

Jakar Dzong

Si todos los distritos del país tienen su Dzong, Bumthang no iba a ser menos. Situado sobre una colina, dominando vistas de todo el valle, acudimos a hacerle una visita. El Jakar dzong, del siglo XVI, al igual que los demás del país, comparte dependencias gubernamentales y religiosas.

Dzong de Jakar

Hay buenas vistas desde el Dzong de Jakar.

 

Una granja rural de Bután

Después de otro rato en el festival, íbamos a vivir una intensa experiencia butanesa y a compartir unas horas con una familia autóctona y rural en su granja.

La verdad es que paisajísticamente me esperaba más del valle de Bumthang. Después de sitios tan bonitos como Punakha, Trongsa, o muchos otros que habíamos pasado de camino, Bumthang se me quedaba un poco descafeinado.

Tras un té caliente con pastas butanesas, poníamos a prueba nuestra pésima puntería, practicando tiro con arco en la huerta de la granja, el deporte nacional del país. Aunque no confiaba demasiado en ello, conseguía ir mejorando notablemente disparo a disparo, aunque todos se burlaban de mi particular estilo de tiro recién inventado.

Tiro con arco en Bután

Otra experiencia venía a continuación…………..el baño butanés. En unas tinas de agua dentro de unas cabañas de madera, colocaban piedras incandescentes calentadas en la hoguera, y así hacían hervir el agua para el baño. Momentos relajantes. Me tomé mi tiempo hasta que mi piel se arrugó como una pasa. Aunque eso sí, a precio de spa de lujo.

Pero lo mejor llegaba después, cuando dentro de la granja, un niño de 2 años se encaprichó conmigo y se hizo mi amigo inseparable durante toda aquella velada………¡Hacía tiempo que no me reía tanto!………….¡Qué vitalidad y qué creatividad! Nadie puede imaginarse la cantidad de juegos que puede ocurrírsele a uno con una simple caja de cartón. Carcajada tras carcajada, repetíamos juegos, después nos inventábamos otros, mientras las mujeres de la casa preparaban la cena, y los hombres probaban varios tipos de licores.

En la cocina pasamos las horas. Ni una silla, ni una mesa. El suelo era el lugar de reunión, y también donde probamos hasta 10 platos diferentes, reunidos en esta pequeña, simple y cálida estancia. El niño cayó rendido y dormido en brazos del abuelo. La anfitriona no dejaba que la sonrisa se marchase de su cara. Algunos terminaron con una buena dosis de alcohol, y otros nos retirábamos al hotel, satisfechos del día vivido.

 

Hotel en Jakar:

Mephan Guest House. Habitaciones mucho más básicas que las anteriores, y con un frío terrible que el pequeño radiador no lograba combatir, aunque el personal era mucho más amable que en otros sitios.

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Bután: reino del Himalaya

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