En Asuán pasamos dos días, de los cuales dedicamos uno a visitar la ciudad (Templo de Philae, Museo Nubio, Isla Elefantina, mercado) y otro de excursión a Abu Simbel, uno de los lugares más emblemáticos del Nilo.
Templo de Philae
El Templo de Philae se emplaza en una isla a unos pocos kilómetros al sur de Asuán. Para llegar a dicha isla, hay que ir a un embarcadero situado a las afueras de Asuán para coger un barco a la isla. Llegamos al embarcadero en un taxi que pedimos por la aplicación InDrive. El precio es de poco más de 1 €, aunque muchos taxistas intentan engañar a los turistas pidiéndoles más dinero del indicado en la aplicación. Hay que manejarlo con audacia. Tardamos unos 15 minutos en recorrer los 8 Km de distancia desde nuestro hotel en Asuán hasta el embarcadero.
Aunque los barcos tienen un precio fijo que está indicado en los carteles del embarcadero, los barqueros se lo pasan por el forro y suelen pretender cobrar más, por lo que toca negociar precio y tiempo de espera. A veces surge la oportunidad de compartir el barco con otros turistas, hecho que a los barqueros no les suele gustar, ya que así hacen menos viajes al día. Nosotros negociamos con el barquero un precio ligeramente superior al oficial por hora y media de estancia en el templo. Habitualmente no quieren esperar más de una hora, por lo que nos dimos por satisfechos.
El templo principal de Philae estaba dedicado a Isis. Fue construido por la dinastía de los Ptolomeos entre los siglos III-I a.C.
Como es habitual en los templos egipcios, muestra un aspecto de fortaleza. Se accede entre los dos altos pilonos, los cuales dan paso al patio-peristilo, rodeado de pórtico columnado. Un segundo pilono conduce a la sala hipóstila, del siglo II a.C., y a continuación se accede al santuario, donde residía la imagen del dios. Es la configuración habitual en los templos egipcios.
Este templo tiene otros añadidos, como el templo de Augusto, que está en ruinas, y sobre todo, el imponente kiosko de Trajano, construido con posterioridad (siglo II d.C.), y que está compuesto por 14 columnas alrededor del patio.
La visita es muy agradable porque el templo se emplaza en una isla en medio del Nilo, por lo que, además de culturizarnos con la arqueología, también disfrutamos del entorno y paisaje, y de la suave brisa que sopla. Éste no era el emplazamiento original del templo, el cual estaba condenado a quedar sumergido al construirse la presa de Asuán, pero fue rescatado y trasladado a esta ubicación.
Lo peor en estas visitas siempre son los grupos guiados aunque sean pequeños, sobre todo en interiores, pues se mezclan voces de los guías, algunos hablan bastante alto y hacen incómoda la visita.
Finalizada la visita, el barquero nos estaba esperando en medio de muchos otros. A la vuelta, los barcos navegan por la otra cara de la isla y nos permite ver el templo desde otra posición.
Al llegar al puerto pedimos de nuevo un coche por InDrive y otra vez nos reclamaba más dinero del que constaba en la aplicación. Nos pusimos firmes y finalmente accedió a cobrarnos lo indicado por llevarnos al Museo de Nubia, a lo que añadimos una propina.
Templo de Philae en Asuán
Museo de Nubia
El moderno edificio del Museo de Nubia está construido de arenisca y granito y está rodeado de jardines. Los objetos están muy bien expuestos y explicados en orden cronológico, desde la Prehistoria hasta el presente, a través de la historia del pueblo nubio. Se exponen piezas de cada periodo, cada una con su correspondiente etiqueta descriptiva. Es una mezcla de museo arqueológico y etnográfico, con una parte dedicada a las tradiciones nubias. El precio de la entrada me pareció excesivo.
En una sala pudimos ver una exposición temporal de los trabajos arqueológicos que había realizado un equipo de la universidad de Jaén en las excavaciones de unas tumbas en Qubbet el-Hawa. Hallaron varias momias y sus correspondientes ajuares funerarios.
No había gente y así da gusto. Aquí no hay tenderetes y nadie te acosa. En el interior hacía demasiado frío.
Finalizada la visita interior, recorrimos el museo al aire libre, donde también se exponen piezas arqueológicas. Todo esto fue recuperado de sitios arqueológicos que iban a quedar inundados al construir la gran presa de Asuán. En el exterior hay tumbas, réplica de una casa nubia, etc.
Isla Elefantina
Saliendo del museo dimos un corto paseo al embarcadero para coger el barco público que cruza el Nilo hasta la Isla Elefantina por un precio muy económico.
Pasamos parte de la tarde tranquilamente en la isla, recorriendo las calles de tierra, tomando unos ricos zumos de mango en la estupenda terraza del King Jamaica con vistas al Nilo y Asuán. Es un lugar rural y subdesarrollado, aunque han montado varias guesthouses y bares, y hay gente que elige alojarse en la isla, apartados del bullicio de la ciudad de Asuán, pero a mí me parece más práctico alojarse en Asuán.
La Isla Elefantina me pareció bastante deprimente, son poblados de miseria y basura. Eso sí, hay terrazas muy chulas sobre el Nilo.
Cerca del King Jamaica cogimos barco público de vuelta.
Isla Elefantina
Vista de Asuán desde la Isla Elefantina
Paseando por Asuán
El paseo Corniche de Asuán a orillas del río no es tan agradable como el de Luxor, es muy ruidoso porque está al lado del tráfico. Los barqueros de falucas son muy pesados, no permiten pasear con tranquilidad por más que les digas que no te interesa.
El zoco es muy animado y entretenido, no es para turistas, sino más bien para egipcios, que a primera hora de la noche van a comprar. Hay de todo, lo que más nos llamó la atención fueron los puestos de venta de instrumentos musicales.
Falucas en el Nilo
Abu Simbel
Madrugamos porque los de Asuan Individual habían quedado en pasar a recogernos a las 6:00 para ir a Abu Simbel. Nos estaban esperando en la puerta del hotel con un coche amplio, limpísimo y cómodo.
A Abu Simbel se tarda 3 horas en llegar desde Asuán por una solitaria carretera en medio de un desierto totalmente desolado y plano. No hay nada que anime el paisaje, por lo que aprovechamos para desayunar en el coche lo que nos habían preparado en el hotel y después intentamos dormir. Tras casi 2 horas y alguna cabezadita, paramos en un chiringuito de carretera en medio de la nada, donde cobran las bebidas a precio de terraza europea. Para ir al baño, cualquier propina les sirve, no dejes que pongan ellos el precio, mejor ponlo tú.
Desde aquí falta una hora a Abu Simbel. La carretera es toda recta y el conductor conduce seguro, se avanza rápido. En esta última hora es más entretenido el paisaje, aparecen montículos en el desierto y se diversifica la gama de colores (amarillos, ocres, rojizos, grises). Incluso aparece algún oasis y una ciudad de edificios nuevos. Cruzamos el canal Naser y vemos plantaciones de maíz en medio del desierto. Ya cerca de Abu Simbel hay varios poblados.
Alrededor de las 9 am estábamos en Abu Simbel, tras recorrer unos 300 Km. Al entrar al sitio arqueológico hay un Centro de visitantes que, además de proyectar un vídeo del traslado de los templos, también expone fotos y paneles explicativos de su historia. Junto al Centro de visitantes hay cafetería y muchas tiendas. Los vendedores no resultaron insistentes aquí.
Desde el Centro de visitantes hay que caminar unos minutos para llegar a los templos. Hay transporte de carritos de golf para quienes no puedan caminar esta distancia. Nosotros hicimos un recorrido circular, fuimos por el lado del sendero y volvimos por el lado pavimentado.
Había muchos autobuses y mucha gente cuando llegamos. Los grupos madrugan mucho y llegan muy temprano. Es mejor llegar más tarde si no se viene en época de mucho calor. La mayoría estaban finalizando la visita y al poco tiempo se fue marchando la muchedumbre. Todo quedó más tranquilo.
En Abu Simbel hay 2 templos: el Gran Templo de Ramsés II y el Templo de Nefertari (esposa de Ramsés II). Ambos fueron excavados y tallados en la roca en el siglo XIII a.C.
Son una obra faraónica, pero además tienen una historia de supervivencia. Anteriormente, estos templos se emplazaban en un nivel más bajo, y con la construcción de la gran presa de Asuán iban a quedar sumergidos. Actuó la UNESCO, y varios países colaboraron para salvar estos templos y otros del anegamiento. Uno de los países colaboradores fue España, y en recompensa, el gobierno de Egipto le regaló el Templo de Debod, que ahora reside en Madrid. Los dos templos de Abu Simbel se rescataron cortando las piedras en 1042 grandes bloques y se reubicaron en una situación más elevada. Incluso se construyeron promontorios rocosos para enclavarlos, a semejanza de sus ubicaciones originales. Fueron reabiertos en 1968, y en 1979 se declararon Patrimonio de la humanidad UNESCO.
Desde cerca del enorme lago se contempla una completa panorámica de las impresionantes fachadas de los dos templos. Aquí no existen los altos pilonos que habíamos visto en los otros templos. En el exterior hay mucho espacio para tener una visión amplia y la escena es espectacular iluminada por el sol de la mañana.
El Gran Templo de Ramsés II fue construido por este faraón entre 1279-1213 a.C. Cuatro estatuas colosales de 20 metros de altura de Ramsés II vigilan la fachada, mientras sus familiares le acompañan tallados en estatuas más pequeñas. También la primera sala posee cuatro estatuas colosales a cada lado del pasillo, en las que Ramsés II adquiere la apariencia deidificada de Osiris. En paredes y pilares se muestran escenas de batallas. Alrededor se accede a varias salas más pequeñas, cuyas paredes están revestidas de relieves que muestran escenas de ofrendas a los dioses. A continuación está el santuario, el lugar más sagrado, donde se exponen figuras de los dioses.
En el Templo de Nefertari me llamaron la atención las caras en los pilares, que miran de frente con los dos ojos, no de perfil como es habitual en Egipto.
Dedicamos dos horas y media a visitar ambos templos. Esperamos con paciencia que se marchasen los grandes grupos para visitarlos más tranquilamente.
El conductor nos estaba esperando en la cafetería para llevarnos al aeropuerto de Asuán. Se tarda algo menos de 3 horas, incluyendo una parada corta en el chiringuito de la carretera.
Templo de Ramsés II en Abu Simbel
Templo de Nefertari en Abu Simbel
Alojamiento en Asuán
En Asuán nos alojamos en Hotel Nile Obelisk. El emplazamiento del hotel es fantástico, encima del río y frente a la entrada del zoco. Está muy bien, con piscina y agradable disposición, todas las habitaciones en planta baja con entrada independiente y una pequeña terraza con sillas exteriores. Las habitaciones son algo pequeñas y anticuadas para la categoría que se supone al hotel. Tiene 2 restaurantes, uno egipcio y otro italiano. Probamos el egipcio, con terraza al lado del Nilo, la comida estaba rica y el emplazamiento es una gozada.
Los desayunos del Hotel Obelisk son de campeones. En el buffet hay de todo: varios platos calientes, huevos al momento, surtido de panes, frutas, dulces, yogur, máquina de café. Se está de lujo en la terraza encima del Nilo viendo la Isla Elefantina de frente.
























