Tucumán y el Valle del Tafí ARGENTINA - NOA


Tucumán es la provincia más pequeña de Argentina, y una olvidada para el turismo extranjero. Será porque palidece ante otras provincias argentinas, pero eso se debe únicamente a que su mayor defecto es compartir país con ellas. Estamos en el NOA, y esta provincia no deja de poseer atractivos, pero es que Argentina es mucha Argentina.

Desde el punto de vista histórico, Tucumán vio nacer la independencia de un país que llevaba 3 siglos colonizado por los españoles. Muestras de ello permanecen en varios edificios coloniales y en el modelo urbanístico de su capital, San Miguel.

Desde el punto de vista paisajístico, su variada orografía es la culpable de la diversidad de paisajes de esta provincia, que abarca bosques de montaña (conocidos como yungas), valles, selvas, montañas de 5500 m, o altitudes casi desérticas habitadas por cardones.

Al aeropuerto de Tucumán llegamos en avión desde Buenos Aires. Nos pasamos un par de días en la provincia, que sirvieron para hacernos una idea de sus peculiaridades.

San Miguel de Tucumán

Era primavera, y las flores adornaban las plazas y los parques de San Miguel de Tucumán, confirmando su apelativo como “el jardín de la república”. Tengo que reconocer que no me causó muy buena impresión. Será cosa de las primeras impresiones, por las que muchas veces nos dejamos dominar.

La Plaza de la Independencia rememora aquel acontecimiento independentista que ocurrió el 9 de julio de 1816. En este lugar es fácil notar su corte colonial, en un espacio rodeado de edificios históricos, como la neoclásica Catedral, la Casa de Gobierno, o la Casa Padilla de fachada rojiblanca.

Un argentino me comentaba que su Estatua de la Libertad, situada en el centro de la plaza, representa un orgullo para ellos. Nos fijábamos en cómo los tucumanos la han convertido en un lugar de reunión, paseo o esparcimiento.

Por las calles aledañas también percibíamos la historia propia de esta ciudad, cuyo motor económico ha sido la caña de azúcar. La Casa de la Independencia es tal vez el monumento más visitado, sobre todo el significado que tiene para los argentinos.

Alejándonos un poco del centro, no me gustaba nada el desordenado ambiente que reinaba. No parecía muy seguro merodear por aquellos lares.

Decidimos alojarnos en Yerbabuena, un pueblo de las afueras, medio residencial y medio de ocio, con centros comerciales, restaurantes y chalets con jardín. En aquellos momentos nos llamaban la atención las calles de tierra que partían de la asfaltada avenida principal, aunque más adelante ya nos iríamos dando cuenta de que esto es tónica general en Sudamérica. En Yerbabuena estuvimos a gusto, en una estupenda casa de huéspedes que servía un desayuno para chuparse los dedos.

 

Circuito por las Yungas de Tucumán

Por las yungas de Tucumán realizamos un circuito en coche y una ruta de senderismo, en especial por el Parque Sierra San Javier. Dicho parque dista apenas unos pocos kilómetros de San Miguel de Tucumán, ocupando un espacio protegido compuesto por diversa vegetación y laderas arboladas. Para nosotros era la presentación oficial de las yungas, la selva subtropical de montaña que se extiende por miles de kilómetros en las montañas subandinas de Sudamérica. Las yungas empiezan en Colombia, y sigen por Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y el norte Argentino. Es precisamente en la provincia de Tucumán donde se encuentran los yungas más septentrionales, donde se acaban.

El parque alberga fauna protegida, destacando pumas, colibríes o carpinteros, entre otras especies. Entre sus árboles podemos encontrar cedros tucumanos, tipas, arrayanes, etc. La espesura que confieren arbustos, enredaderas, helechos, etc. aportan su carácter selvático.

En coche recorrimos una carretera de curvas entre parajes salpicados por lujosas villas, construidas por poderosos empresarios azucareros, que se alternan entre la vegetación que recubre las laderas. Es el caso de San Pablo y Villa Nougués.

En lo alto del cerro San Javier destacaba la figura de un cristo enorme, desde donde divisamos un cielo surcado de parapentes.  El lugar goza de renombre en toda Sudamérica para la práctica del parapente.

Una corta ruta de senderismo que culminaba en la cascada del río Noque fue un debut perfecto para nosotros, ya que nos encontramos tres guardaparques que nos acompañaron durante un buen trecho, y así nos explicaron montones de peculiaridades de estos bosques. Nos llamaba la atención que sea la Universidad la encargada de administrar el parque.

En el dique El Cadillal teníamos ocasión de refrescarnos en la terraza del único bar que estaba abierto. No era un lugar despampanante, pero resultaba agradable sentarse un rato frente a la superficie de agua. La cantidad de locales de ocio que lo rodeaban dejaba claro que se trata de un lugar de esparcimiento durante los veranos tucumanos.

 

Circuito del Valle del Tafí

En nuestro segundo día en la provincia emprendimos rumbo al Valle del Tafí. De San Miguel de Tucumán a Cafayate se delinea una carretera que cubre una gama tan amplia de paisajes que no dejaba de sorprendernos.

Dibujábamos curvas para ascender poco a poco pegados al río Los Sosa, penetrando en las yungas después de dejar abajo la llanura y las tierras de cultivo.

El Indio era nuestra primera parada. Los puestos de artesanías textiles no carecían de ninguno de los colores imaginables.

Más adelante, tras ganar considerable altura, la aridez se iba apoderando del terreno. Un cambio tan radical que nos dejaba alucinados. De todo verde a nada verde. Los cardones crecen en este ambiente y nos sentíamos transportados a una película de indios y vaqueros ambientada en Arizona.

Tras alcanzar el punto más alto y más árido del recorrido, comenzamos la bajada hasta el valle del Tafí.

El Mollar es un pequeño poblado a orillas del dique La Angostura, zona de recreo veraniego. Allí compramos nuestras primeras empanadas argentinas del noroeste, en un local de lo más humilde, pero ya nunca más volví a probar unas empanadas tan ricas.

En El Mollar han reunido una extensa colección de menhires, más de 50 piezas, constituyendo la Reserva Arqueológica Los Menhires. Visitamos el recinto acompañados de una guía que nos dio a conocer el origen y el significado de estas piedras con surcos grabados, así como el método de investigación y recolección.

Estas toscas esculturas líticas están datadas entre el siglo VIII a.C. y el siglo VIII d.C. Fue un arqueólogo italiano, Ambrosetti, quién se empeñó en ponerlos en valor, reuniéndolos e interpretándolos, ya que se encontraban dispersos por el valle. Al parecer, la tribu alfarera de los Tafí los construía para simbolizar los cultos a la fertilidad, y posteriormente se perpetuó la tradición durante siglos.

En Tafí del Valle paramos a comer y a pasear por sus calles. También notamos su ambiente de pueblo de recreo, de arquitectura típica bastante cuidada, repleto de restaurantes y tiendas turísticas. Unas cuantas agencias ofrecen actividades de diversión, especialmente cabalgatas por el valle o por los cerros del Aconquija, prometiendo vivir experiencias gauchas.

Nuestro itinerario prosigue enfrentándonos al ripio que nos conduce a los más de 3000 m de altitud del Abra del Infiernillo, que nos permite la entrada en los Valles Calchaquíes. En este entorno hostil dominado por los cardones, apenas viven algunos pastores.

Valles Calchaquíes: Amaicha del Valle y Ruinas de Quilmes

También en Amaicha del Valle hicimos otra parada tras kilómetros de ripio. Este pequeño pueblo del valle Calchaquí presume de ser el lugar con mejor clima del mundo. Aseguran que sus 365 días de sol al año así lo certifican. La población indígena se deja notar y sus costumbres permanecen muy arraigadas.

En Amaicha, además de su sol y de sus artesanías,  destaca el museo dedicado a la Pachamama. Habíamos leído algo acerca de la pachamama, y de lo arraigado que está el culto a la madre tierra  en las comunidades andinas, pero todavía no lo habíamos vivido en primera persona ni habíamos oído su significado de boca de las comunidades nativas. En el museo, uno puede hacerse una buena idea de la cultura, las creencias, ritos y tradiciones de este lugar del mundo.

En las Ruinas de Quilmes nos sentimos acusados. Aunque la ciudadela se visita por libre, previamente recibimos una explicación de parte de la comunidad local que ahora gestiona el recinto arqueológico, tras haberlo recuperado forzosamente. Cuando confesamos que éramos españoles, el guía clavaba su miraba en nosotros cada vez que relataba el exterminio al que fue sometido el pueblo Quilmes a manos de los conquistadores españoles.

La comunidad indígena Quilmes también se conoce como Nación Diaguita. Ellos habitaron este lugar desde el siglo IX hasta el año XVII, cuando fueron derrotados por los conquistadores, quienes previamente envenenaron las aguas que abastecían a la ciudad. Después fueron expulsados y diseminados por diferentes lugares de Argentina con el fin de romper sus tradiciones. Ahora reivindican un territorio que siguen considerando suyo.

La ciudad de Quilmes era sagrada para ellos, gobernada por un cacique que vivía en la parte superior de la fortaleza. Por las laderas se extendían las viviendas de unos habitantes que habían adaptado su agricultura y pastoreo a la aridez del terreno. Sus centros ceremoniales se encuentran entre esas ruinas, donde también consideran que ha quedado sepultada su civilización y todo el conocimiento que la constituía: medicina, arte, agricultura, arquitectura, cosmovisión………

Un  campo de cardones precede el recinto. Para ellos, actuaba como una especie de escudo protector. Creían que nadie se atrevería a invadirles si se encontraban antes con aquellas figuras de largas espinas. Está claro que no les funcionó como pensaban.

 Nuestro día terminaba en Cafayate, pero eso ya forma parte de la siguiente etapa.

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Norte de Argentina y Chile

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