De Hornopirén a Chaitén. Parque Pumalín CHILE - PATAGONIA


Un relieve extremadamente abrupto impide la continuación por tierra desde Hornopirén hacia el sur. La Ruta Austral se interrumpe para dar paso a un tramo de navegación por el fiordo Leptetú. Antes de Chaitén cruzaremos el Parque Pumalín, donde los Andes se han empeñado en rozar el mar.

De Hornopirén a Caleta Leptetú en ferry

En el embarcadero de Hornopirén hacíamos cola desde las 9:30 am, en un día completamente nublado y de lluvia intensa. Yo aprovechaba el tiempo de espera para comprar pan amasado recién hecho y empanadas de marisco.

Las dos últimas semanas soleadas estaban preocupando a los habitantes del pueblo, que reciben la lluvia como una necesidad para sus árboles.

Aunque la fila de coches para acceder a la barcaza era larga, nos la saltamos y embarcamos al principio, gracias a que ayer reservamos y pagamos por adelantado.

En el exterior diluvia, y la niebla oculta las montañas, que caen verticalmente al mar.

Mientras navegábamos por el fiordo, la sensación era de estar en un mundo irreal. La cortina de lluvia sobre el fiordo, la niebla descolgándose por las montañas, fluyendo y jugueteando con ellas, las selvas impenetrables… Lugares nunca pisados por el hombre.

Entre islas y fiordos. Pasadas las islas de Los Ciervos y Llancahue, nos adentramos en el fiordo Leptetú, con pequeños criaderos salmoneros, sólo accesibles por barco.

Una naturaleza no colonizada, que, desde la cubierta del ferry, sentía en plenitud, mientras la mayoría de pasajeros se entretenían con la estridente película que proyectaban en cabina.

“Si la Patagonia te recibe con sol, disfrútalo. Si te recibe con lluvia, estarás conociendo la auténtica Patagonia.”………esta frase me la han repetido varias veces.

Una fiesta de nubes, montañas y agua, donde sólo somos unos invitados pasajeros.

Navegando por el fiordo Leptetú

La lluvia ha ido formando cascadas, que caen de cientos de metros de altura, por las paredes verticales, brillando entre la niebla. Paisaje de ensueño en un día de perros.


Un chileno me comentaba que, por muchas veces que repite este trayecto, nunca deja de asombrase con este paisaje. Que con lluvia impresiona y con sol es increíble.

De Caleta Leptetú a Fiordo Largo, por carretera

Arribábamos en la rampa de Leptetú transcurridas 3 horas y media de navegación. Un lugar espectacular, bajo una lluvia intensa. Las cascadas caen cada vez con más fuerza.


Desembarcamos para recorrer en coche los 10 km de carretera aislada que conduce al embarcadero de Fiordo Largo, cruzando la península Huequi.

Y con 14 ºC, ¡vaya veranito en el sur del mundo!

Estamos entre el paralelo 42 y 43 º, igual que Galicia, pero en el cono sur. Aquí llueve muchísimo más, 6 m al año, frente a poco más de 1 m en Galicia.

De Fiordo Largo a Caleta Gonzalo en ferry

Un tiempo de espera durante el cual no queda más remedio que aplicar el dicho: “En la Patagonia, quién se apura, pierde el tiempo”. Porque la espera en el embarcadero de Fiordo Largo resultó ser de más de 2 horas, durante la cual pasaban por el MP3 del coche canciones y más canciones. Y yo, aprovechando para escribir el relato. Había que esperar la pleamar para poder cruzar. El diluvio continuaba.

Con 2 horas de retraso llegamos a Caleta Gonzalo, puerta de entrada al Parque Pumalín, declarado Santuario de la Naturaleza en 2005. En Caleta Gonzalo, la oficina de información del parque, unas pocas cabañas y una cafetería son los únicos indicios de vida humana, en un lugar alucinante, envuelto en la selva, y con altas paredes verticales que caen hasta el mar, rebosantes de cascadas.

 

Parque Pumalín. De Caleta Gonzalo a Chaitén

Entre Caleta Gonzalo y Chaitén, en 60 km, la carretera atraviesa el Parque Pumalín, considerado uno de los bordes costeros más espectaculares del mundo. De propiedad privada, Douglas Tompkins (el fundador de North Face y Esprit), montañero amante de la Patagonia, ha puesto todo su empeño en proteger este lugar, comprando estas tierras para formar un parque natural.

Enormes hojas de nalcas y de helechos a ambos lados de la carretera, un lugar donde la palabra exuberancia no conoce límites. Incontables cascadas se desploman por todas partes, ríos potentes, y las montañas de los Andes, que en esta zona han insistido en acercarse al mar.

No queríamos que el Parque Pumalín pasara por nuestras vidas como un fantasma, conociéndolo sólo desde el coche. El diluvio no cesaba, pero…..¿para qué se ha inventado el goretex?. Tampoco pretendíamos que nos salieran escamas, por lo que elegimos el sendero más corto de todos los que ofrece el parque, el de los Alerces. Aunque de sólo 1 km de longitud, fue suficiente para empaparnos. Más que trekking, parecía que estábamos practicando esquí acuático.

Por el sendero cruzamos un río por un puente colgante de madera. Conocimos varios alerces, algunos de hasta 3000 años, y tuvimos un contacto más directo con la brutal naturaleza de este privilegiado rincón del mundo.

Sendero de los Alerces, en el Parque Pumalín

La carretera avanza entre la vegetación. Los ríos bajan con una fuerza bestial. Las cascadas se suceden una tras otra al borde de la carretera. Boquiabiertos de sentirnos en un paisaje tan brutal. ¡Alucinante! Y nosotros, aquí.
Selvas costeras con miles de especies de plantas, que llegan hasta el océano, aunque hoy sólo divisamos las cumbres muy tenuemente.

Emocionados ante semejante espectáculo de agua y vegetación. UN MUNDO SALVAJE.

Innumerables cascadas en el Parque Pumalín

En los últimos kilómetros, nos acercamos al mar. Poco antes de Chaitén empezamos a apreciar los efectos de la erupción volcánica. Árboles devastados, suelos cubiertos de cenizas del volcán Chaitén, que arrasó el pueblo en 2008, y ahora resurge de sus cenizas.

Como todas las noches, ojeaba libros sobre Chile. Me apunté 2 frases que me llamaron especialmente la atención:

  • “Todo en este continente austral ha sido creado a gran escala”. Charles Darwin
  • “Quizás La Patagonia sea el borde del mundo. Es el refugio poético de la tierra” Chris Moss

Para dormir y comer en Chaitén:

  • Alojamiento: Hotel Mi Casa
  • Para comer: Restaurante Volcán. Aquí probé un pescado local que estaba muy rico, llamado Sierra.

La estufa encendida en pleno verano. Ya echaba de menos este olor a leña patagónica.

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Patagonia norte: Chile y Argentina

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