Nos vamos a Bután. Llegada a Thimphu BUTAN


Tan escondido informativamente como geográficamente, Bután ha preservado casi intactas su naturaleza y su cultura. Precisamente eso era lo que atraía mi atención cuando deslizaba mis dedos por el atlas, fijándome en ese escondrijo dibujado en el mapa de Asia. Un territorio que nunca ha sido conquistado. Una población que apenas se ha mezclado con otras, y donde la industrialización ha pasado de largo. Nuestro viaje a Bután comenzaba visitando su capital, Thimphu.

Conocer lo que ocurre en el resto del mundo no suscita demasiado interés en este pequeño y peculiar país, que mide su evolución mediante el índice de felicidad, y donde el primer televisor no se enchufó hasta 1999.

Dzong de Trongsa

Un lugar crucial para empezar a entender la historia y las tradiciones de Bután es el edificio de la foto, que corresponde al Dzong de Trongsa. Desde ahí se instituyó la monarquía, en 1907, logrando unificar el país.

Anteriormente, se trataba de un conjunto de distritos, gobernados cada uno de ellos por un Dzong, o fortaleza, sedes de poder, y a los que la población campesina rendía tributos. Algo así como el régimen feudal durante el medievo en Europa.

Alcanzar Trongsa nos había requerido 4 vuelos y unas cuantas horas en coche, por la única y penosa carretera que cruza el país de oeste a este.

Era temprano cuando nos recogía el taxi para llevarnos al aeropuerto de Kathmandu y recorríamos por última vez las calles de Bhaktapur, que nos habían emborrachado de experiencias vitales. Nos estaba dando pena marcharnos.

Recién aterrizados en Paro, y todavía me temblaban las piernas de la emoción. Casi se me caían las lágrimas al volar en paralelo a la Cordillera del Himalaya. El Everest y el resto de cumbres emergían como gigantes superando las nubes……..¡Impresionante! Lástima que el vuelo sea tan corto. Imágenes imborrables. Yo ya me sentía feliz sólo con esto, las horas de avión ya habían merecido la pena, pero ………… esto no había hecho más que empezar. Estábamos a punto de llegar al país de la felicidad.

Vistas del Himalaya durante el vuelo de Kathmandu a Paro

 

Aterrizamos en el aeropuerto de Paro

La aproximación al aeropuerto de Paro impresiona. El avión entra en un estrecho valle muy pegado a las paredes de las montañas.

Se palpaba la expectación al poner los pies en suelo butanés. Todos los que salíamos de aquel avión mirábamos hacia todas partes. Al lado de la pista de aterrizaje aparecía un edificio cuya decoración se parecía mucho a la de los monasterios que habíamos visto en fotos, y que no resultó ser otro que la terminal del aeropuerto. Al instante notábamos que estábamos en un país diferente y muy tradicional, alejado de los últimos diseños tecnológicos.

Aeropuerto de Paro

Los trámites de ingreso en Bután son rápidos y muy sencillos. Aquí no hay colas. Comprueban nuestros datos y nos ponen el sello del visado en el pasaporte. No está permitido entrar con alimentos ni productos de origen vegetal o animal. Y ya está todo………..vamos a la caza de nuestro guía y nuestro chófer, con quienes prácticamente vamos a convivir durante los próximos días.

Nuestro guía, Sonam, y nuestro conductor, Pema, eran nuestros primeros contactos con Bután. Un flamante 4×4 a nuestra disposición sería el vehículo en el que pasaríamos bastantes horas durante nueve días. Suena bonito, y sin embargo, ésta era nuestra mayor desazón, ya que nuestro espíritu libre se tendría que adaptar a los rigores de un viaje guiado.

El gobierno ha apostado por un modo de turismo, que ellos llaman sostenible, autorizando las visitas turísticas de extranjeros sólo contratando el viaje con una agencia local validada por el estado, y acompañados por un guía local, lo cual limita mucho las experiencias a vivir. De momento, no queda otra que aceptarlo si se quiere conocer un país único en historia, cultura y naturaleza.

Al menos, el viaje puede personalizarse en cierto modo, ya que cada cliente dispone de un coche con conductor y de su propio guía, es decir, no se viaja en grupo con unas actividades cerradas.

Del aeropuerto de Paro a Thimphu

Durante la hora que dura el traslado desde el aeropuerto de Paro a Thimphu, la capital del país, la belleza escénica es continua. Las montañas rodean los estrechos valles surcados por ríos. Y es que el agua es muy importante en el país, su principal fuente de energía. Las centrales hidroeléctricas suponen una suculenta fuente de ingresos, exportando a la India el 80% de su producción, que abastece a los gigantes industriales. Bután carece por completo de factorías, y compra a sus amados vecinos indios todos los productos manufacturados, combustibles, tecnologías, etc.

Tras varios días de viaje nos hemos quedado con la impresión de que el país vive a la sombra de India, a quienes parecen profesar un amor incondicional, mientras que con sus vecinos del norte, los chinos, las antipatías se antojan irreconciliables.

Sonam nos iba narrando costumbres, tradiciones, formas de vida, y así empezábamos a descubrir las peculiaridades de este país. Un reino escondido del mundo, en el que la reciente democracia se desliza sobre arenas movedizas.

La temperatura era agradable, el paisaje apacible, la conducción relajada por las curvas adaptadas al abrupto relieve. Granjas dispersas de arquitectura tradicional, campos amarillos de arroz recogido, campos rojos de chiles………esos que me van a dar tanto la lata en las comidas……………iba pensando yo.

“No name”, era la respuesta que recibía cuando preguntaba los nombres de las montañas que íbamos viendo. Resulta que sólo los picos de más de 6000 m de altura tienen nombre propio. Las que teníamos a nuestro alcance no eran más que “montañas comunes” de “sólo 4000 m”, sin derecho a identidad propia.

Monasterio en la carretera de Paro a Thimphu

Campos de chiles en la carretera de Paro a Thimphu

Haciendo una parada intermedia, bajando por un sendero, llegábamos a orillas de un río, donde un puente colgante empezaba a poner a prueba nuestro equilibrio…………..”nos tenemos que ir acostumbrando a estos puentes himalayas” decía mi vocecita. Subiendo desde la otra orilla nos acercamos a un pequeño monasterio privado, donde teníamos la ocasión de conocer al propietario, y entrar en contacto con las costumbres budistas: el por qué de los 3 budas, las ofrendas, el respeto a la naturaleza y a los demás……más que una religión, una filosofía de vida………….sólo se trata de ser buena persona.

Valle en la carretera de Paro a Thimphu

 

Thimphu, la capital de Bután

Tras muchas curvas llegábamos a la capital del país, Thimphu, una ciudad de 100.000 habitantes, ordenada y cuidada, que no se diferencia demasiado de cualquier pequeña ciudad de cualquier país del mundo, a no ser por su homogénea arquitectura tradicional y por las vestimentas de sus habitantes.

Mercado agrícola de Thimphu

Después de almorzar y de comprar una tarjeta telefónica para el móvil (tan aislado está el país que ni siquiera disponíamos de cobertura), nos acercamos a conocer el mercado agrícola de Thimphu, aprovechando que estaba abierto al ser fin de semana. No es muy distinto de cualquiera de nuestros mercados locales, aunque pudimos conocer algunas frutas y verduras nuevas para nosotros. Los granjeros acuden a vender frutas, verduras, quesos, arroz blanco y arroz rojo, y sobre todo chiles, muchos chiles, frescos y secos, de todos los tamaños, formas y colores, que son la base de su gastronomía.

Quesos butaneses en el mercado agrícola de Thimphu

Panes butaneses en el mercado agrícola de Thimphu

Chiles butaneses en el mercado agrícola de Thimphu

Arroces butaneses (blanco y rosa) en el mercado agrícola de Thimphu

Dzong de Thimphu

Nuestro siguiente destino era el Dzong de Thimphu, el Taschichodzong, antigua fortaleza del siglo XVII, construida para protegerse de las insistentes invasiones tibetanas. Como ahora reina la paz y la felicidad, el recinto se dedica a otros fines más pacíficos. Consta de varios edificios impresionantes, en los que siguen ejerciendo el poder dual, gubernamental y religioso, herencia de su historia secular. La mitad se usa como edificios del gobierno y del rey, y la otra mitad como monasterio budista. Esto era y sigue siendo una constante en todos los dzongs.

Muy cerca vislumbrábamos la casa del rey y el edificio del Parlamento, rodeados por bosques.

Aunque no me dediqué a contarlos, creo que cada uno de los 300 monjes budistas que habitan el monasterio salían de un culto religioso cuando llegábamos nosotros. Algunos extranjeros empezábamos a flipar con la experiencia de verlos desfilar por el patio, ataviados con sus túnicas rojas y anaranjadas. Se calzaban y se marchaban, hasta que el monasterio quedo vacío y llegó nuestro turno. De fastuosa y colorida decoración, íbamos observando las estaturas y las pinturas, que ocupaban cada centímetro de paredes, pilares y techos, representando budas y diferentes figuras simbólicas.

Taschichodzong, el Dzong de Thimpu

La ceremonia de cambio de guardia y de cambio de bandera también coincidía en aquel momento. Todos atendían con expectación, aunque a mí estas cosas no me dicen nada especial.

Ceremonia del cambio de bandera en el Dzong de Thimphu

Estaban dando los últimos retoques a la ciudad y alrededores, engalanando con banderas de colores y fotos del rey para recibir la próxima visita del presidente indio. De inmediato percibimos su gran afinidad con India.

Calles de Thimphu

Todavía era de día cuando nos despedimos del guía, y tras acomodarnos en el hotel, era el momento para lanzarnos a descubrir Thimphu por nuestra cuenta.

Menos mal que había wifi y podíamos enviarnos whatsapps para localizarnos cuando uno viajaba al otro lado de la habitación. Menudo derroche de metros cuadrados. Pedazo habitación, más bien un salón de baile!

Y así es Thimphu, la capital butanesa

Los niños jugaban al fútbol en la plaza, algunos adolescentes se entretenían con el móvil, los mayores se dedicaban a pasear, a hacer compras o a ir de bares…..Era domingo por la tarde, y sólo algunos vestían sus trajes típicos. No encontrábamos gran diferencia entre su forma de vida y la de cualquier pequeña ciudad de otro lugar del mundo. En la capital está naciendo una pequeña sociedad burguesa, y notábamos su incipiente occidentalización. No mantienen sus costumbres intactas como quieren hacer creer al mundo. Quizás la mayor diferencia estaba en la ausencia de establecimientos de marcas internacionales.

El griterío nos guió hasta el campo de tiro con arco, el deporte nacional. Se celebraba el campeonato nacional, que despertaba gran expectación.

Muy cerca, en el campo de fútbol entrenaban varios jugadores ……..un campo de fútbol de arquitectura butanesa.

Campo de fútbol de Thimphu

Caminando al lado del río, una gran estatua de Buda destacaba por su altura y su llamativo color anaranjado.

Así, sin rumbo, llegábamos al mercado agrícola, donde, al anochecer, palpábamos un ambiente mucho más activo. Un alegre bullicio invadía varias calles secundarias, donde ofrecían diversos productos en los puestecitos callejeros.

Molinos de oración en Thimphu

Estatua de Buda en Thimphu

Hacía tropecientos años que yo no soplaba velitas. En esta ocasión no podía rechazar la tarta de cumpleaños que aparecía en una cena sorpresa. Tampoco faltó el happy birthday en el restaurante. Ha sido un día de grandes sensaciones.

 

ESTA ETAPA PERTENECE AL VIAJE: Bután: reino del Himalaya

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